En esta época posterior a todo y anterior a nada, la politóloga Wendy Brown va a lo fundamental. Habla de la transcendencia de las próximas elecciones, de la espiral nihilista del neoliberalismo, del problemón de la lógica masculinista naturalizada, de las demandas que comparten los votantes de izquierda y derecha, y de los movimientos sociales que buscan salida a un mundo en combustión, víctima de un fuego alimentado por demagogos oportunistas.

Brown (California, 1955) es catedrática de la Fundación UPS en la Facultad de Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y catedrática emérita de Ciencias Políticas en la Universidad de California en Berkeley. Mucho antes fue una alumna brillante —así la recuerdan sus compañeros del instituto Thomas Downey en Facebook— que pudo seguir estudiando gracias al sistema público de becas. Pero no todo son clases y apuntes. También se formó en los movimientos contra la guerra de Vietnam, antiimperialistas, antirracistas, feministas y LGTBI de los años sesenta y setenta, que revolucionaron el paisaje estadounidense y, por extensión, el paisaje de todos nosotros.

La pensadora comparte su vida con la filósofa Judith Butler, formando una de las parejas intelectuales más influyentes del pensamiento contemporáneo. Ha publicado libros como Estados amurallados, soberanía en declive (Herder), Estados del agravio (Lengua de Trapo), En las ruinas del neoliberalismo (Traficantes de Sueños) y Tiempos nihilistas (Lengua de Trapo/Círculo de Bellas Artes). En tiempos de furia y distracción, la californiana no pierde el foco, anima a huir de la trampa del presente tenebroso y a construir una democracia reparadora. Brown, que ha participado en la Bienal del Pensament en Barcelona, atiende a EL PAÍS en un hotel del l’Eixample. En un momento del encuentro, se levanta para cerrar cuatro puertas: el ruido exterior y los gorgoritos de How deep is your love de The Bee Gees en el hilo musical impiden seguir el flujo de su pensamiento.

Pregunta. Usted afirma que el neoliberalismo no es solo un sistema económico. ¿A qué se refiere?

Respuesta. Michel Foucault nos ayudó a entender que, más allá de lo económico, el neoliberalismo condiciona también las formas sociales, las formas familiares o los valores. Es algo que sabemos intuitivamente, porque vemos lo que nos pasa: intentamos ser emprendedores, aumentar nuestro capital humano… El neoliberalismo también moldea a su gusto conceptos como libertad o igualdad, de manera que ofrece igualdad para competir o libertad para desarrollarte como individuo económico. Todo esto tiene un efecto muy pernicioso. Ensombrece la democracia, nos desdemocratiza, nos despolitiza, y nos orienta hacia cuestiones relacionadas solo con el valor económico.

P. Lo cierto es que tragedias como el ecocidio y el genocidio son alimentadas por gobiernos democráticos. ¿Se está vaciando de sentido la democracia?

R. Sí. La democracia liberal, tal y como funciona hoy, está agotada. No tiene capacidad de resolver la emergencia climática, el desmantelamiento del Estado de bienestar o el aumento de poblaciones que sobreviven con lo mínimo.

P. Este contexto de neoliberalismo exacerbado y auge de extrema derecha, ¿cuánto tiene de respuesta al proceso de destronamiento del hombre-blanco en la cima de la jerarquía política, social, cultural y doméstica que se lleva desarrollando décadas?

R. La extrema derecha es una forma de neoliberalismo. Los hombres blancos de clase trabajadora y de clase media perciben que pierden su espacio, y eso se debe a las políticas neoliberales, pero los chivos expiatorios son los migrantes, las mujeres o el resto del mundo. A su vez, la suya es una reacción a las transformaciones impulsadas por el feminismo o el antirracismo. Consideran que les quita sus derechos de propiedad en el mundo. La combinación del destronamiento neoliberal y los retos de los movimientos sociales está produciendo una reacción brutal, alimentada por oportunistas demagogos de la derecha.

P. El neoliberalismo amenaza nuestra vida, la de la comunidad y la del planeta. ¿Qué papel juega el nihilismo en ello?

R. El nihilismo es un vaciamiento, una pérdida de los valores compartidos, y el neoliberalismo lleva al nihilismo a niveles nunca vistos antes. Lo que hace es reducir el valor de cualquier aspecto de la vida: los encuentros sociales, el amor… a un simple precio, y eso es una forma muy severa de nihilismo. La combinación del nihilismo con el fatalismo —la idea de que no se puede frenar la situación del planeta, las sequías, incendios, dictaduras— nos lleva a una emergencia. Lo fundamental es introducir la cuestión de posibilidad de lo que se puede y se debe hacer.

P. Se habla de apatía, pero proliferan movimientos de protesta en Francia, Serbia, India, Ecuador, EE UU o España.

R. Sí, cada uno a su manera, son movimientos que cuestionan ese fatalismo y ese nihilismo. Ante el desastre creciente de la derecha capitalista, ante las tragedias humanitarias y el ecocidio, hay gente —un poco al estilo de las protestas contra la OMC de los años noventa— que reclama otra forma de vivir. Es lo que también expresan grupos que llevan años luchando por proteger la Amazonia, o el movimiento feminista latinoamericano Ni Una Menos. Hay un clamor de gritar “basta”, de vivir de otra manera.

“La democracia liberal, hoy, está agotada. No es capaz de frenar el desmantelamiento del Estado de bienestar”

P. ¿Cómo vehicular políticamente esas fuerzas?

R. Hay que transformar el sistema democrático, no centrarlo en los intereses individuales, si no en producir condiciones de regeneración de la vida. Hay que ir hacia un modelo que llamo democracia reparativa, del cuidado colectivo, un modelo más orientado a frenar, controlar y paliar los daños causados por el neoliberalismo. Llevamos un tipo de vida insostenible y lo sabemos.

P. ¿Cuál debe ser el papel de la izquierda?

R. Su asignatura pendiente es construir coaliciones más allá de sectarismos. Las derechas son buenas en eso. En mi país, tipos como Steve Bannon, que odia a los tech-bros, sabe que debe seguir aliándose con ellos, y con los diferentes grupos republicanos, con los poderes financieros… Se mantienen firmes, unidos, y así ganan. Las izquierdas deben aprender a tender puentes, y a no tener miedo de asumir el poder.

P. En España se percibe que en las próximas elecciones nos jugamos mucho. ¿Sucede lo mismo en Estados Unidos?

R. Sí, son elecciones muy importantes. El daño que el régimen de Trump hace a instituciones básicas, a gente con pocos recursos, a la clase trabajadora y, especialmente, al planeta debe frenarse. Lo cierto es que la mayoría se ha desplazado muy hacia las derechas o muy hacia las izquierdas. Pero, a la vez, son votantes que en algunos aspectos están más conectados de lo que creen. Hay un rechazo compartido ante un mundo gobernado por las élites, a la corrupción, a los centros de datos tecnológicos… Hay movimientos políticos, como el de Mamdani, que se están focalizando en lo fundamental, trabajando por ofrecer viviendas, alimentos o transporte a precios razonables, y eso interesa a mucha gente. Hay reclamaciones comunes, y eso puede transformar la política.

Source: El País · Mar Padilla

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