Objetivo: llegar a 61 escaños. Un día después de las elecciones legislativas en Israel, en las que el partido del primer ministro Benjamín Netanyahu ha sido el más votado, han comenzado los contactos y negociaciones dentro del bloque opositor con el fin de reunir la mayoría necesaria para gobernar y evitar así nuevas elecciones dentro de seis meses. El líder de una de estas formaciones, Los Demócratas, Yair Golán, ya ha informado que tiene previsto reunirse ya este jueves con los líderes de las otras tres con “una misión primordial: brindar esperanza al pueblo de Israel”.

El Likud, del primer ministro, ha obtenido 26 escaños, una vez escrutado el 85% de los votos, un resultado que los sondeos no previeron y que puede resultar difícil de entender después de una legislatura marcada por las críticas a la gestión de Netanyahu después de los ataques de Hamás en Israel en 2023, una herida que no ha cicatrizado en la sociedad israelí. El partido Yashar! (centroderecha), de su adversario, Gadi Eisenkot, sumaría 21.

“A Israel hay que internarlo urgentemente en un hospital psiquiátrico porque ha vuelto a votar a la persona responsable de la tragedia más grave de la historia de Israel”, ha lamentado el analista Meir Margalit, exresponsable del partido de izquierda Meretz.

Ni la coalición pro-Netanyahu compuesta desde 2022 por ultranacionalistas y religiosos, ni el bloque que se opone al primer ministro (una mezcla heterogénea de partidos judíos, principalmente de centroderecha y derecha) logran reunir los ansiados 61 escaños. El primer ministro y sus socios tienen 53 y Eisenkot y sus aliados, 48.

El resto de asientos del Parlamento va a parar a las dos listas electorales árabes, la Lista Conjunta y Ra’am, que sumarían 19 escaños, un resultado histórico que las convierte en interlocutores indispensables para la formación de un futuro Gobierno. “No debemos poner en peligro a Israel formando un gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas. Partidos que se oponen a nuestra misma existencia”, ha pedido Netanyahu en una intervención ante sus partidarios.

Horas después, su formación ha publicado un comunicado en el que afirma que las elecciones “fueron robadas por partidos árabes que apoyan al terrorismo y la destrucción del Estado judío”. Para sustentar esta acusación ha presentado pruebas a la policía y autoridades electorales: desde sobres con dinero en papeletas del partido Ra’am hasta personas votando con identidades falsas. Los documentos se están investigando, dijo la Comisión Electoral.

A esta hora, nada está descartado y por delante hay días, o más bien semanas, de intensas negociaciones. Entre los escenarios que se barajan está un poco probable Gobierno de unidad Netanyahu-Eisenkot, nuevas elecciones, un Ejecutivo en minoría de la oposición judía a Netanyahu con el apoyo puntual de las formaciones árabes o deserciones de diputados del bloque Eisenkot que se unirían a Netanyahu.

“Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano, especialmente tras lo ocurrido ayer, para evitar una nueva convocatoria electoral. Por tanto, espero que todos los que vengan aquí lo hagan con la mente abierta”, ha señalado este miércoles el presidente de Israel, Isaac Herzog, que comenzará a recibir a los distintos grupos políticos la semana que viene antes de encargar a uno de ellos la formación de un Gobierno.

Algunos medios apuntan también a que Herzog propondrá un Ejecutivo en el que Netanyahu gobierne los primeros dos años y se retire de la vida política después, a cambio de cerrar los expedientes de corrupción por los que se encuentra imputado. Eisenkot tomaría el timón los dos años siguientes.

Netanyahu contó en su campaña con el espaldarazo de su más fiel aliado, el presidente estadounidense Donald Trump, quien en un mensaje en su red Truth dio a entender que este respaldo había evitado una “derrota contundente” del primer ministro. Horas después, el mandatario, en declaraciones al portal de noticias Axios, dijo que no se lo había planteado, pero que estaba dispuesto a “estudiar” la posibilidad de participar en las negociaciones para que Netanyahu pueda formar un nuevo Gobierno de unidad.

El escrutinio, en cualquier caso, no ha terminado. El Comité Electoral Central comienza ahora a contar los llamados “dobles sobres”. Es el sistema especial de sufragio que usan soldados, diplomáticos, personas hospitalizadas, personal médico, presos, personas con discapacidad y desplazados de sus hogares. En total, representan entre 430.000 y 480.000 papeletas en un censo de 7,3 millones. Es un número inédito, por el alto número de militares desplegados en lugares como Gaza o el sur de Líbano y de Siria y porque miles de desplazados por tres años de conflicto aún no han regresado a sus hogares.

Los analistas apuntan a que contribuirán a ajustar los escaños de algún partido, pero no darán la mayoría a bloque alguno. Por el perfil de quienes votan, probablemente rebaje la representación parlamentaria árabe y de los ultraortodoxos.

Lo que está claro por ahora es que el bloque de Netanyahu no pactará con los partidos árabes, que representan sobre todo a los palestinos con nacionalidad israelí (una quinta parte de la población), pero también reciben el apoyo de votantes judíos, que los consideran la verdadera oposición al actual Gobierno.

Si quiere el puesto de primer ministro, Eisenkot tendrá que aceptar un pacto con las dos listas, pese a que durante la campaña lo ha condicionado a que la Lista Conjunta y Ra’am acepten a Israel como Estado judío y democrático, un servicio social sustitutorio para su comunidad y califiquen a Hamás de grupo terrorista.

Este miércoles, numerosos analistas y partidarios de la izquierda señalaban el racismo y la discriminación que transmite el hecho de no considerar los votos dados a estos partidos como votos del bloque anti-Netanyahu, solo porque proceden de la comunidad palestina de Israel.

Eisenkot, que fue jefe del Estado Mayor con Netanyahu en el poder, entre 2015 y 2019, aseguró que quería formar “Gobierno sionista, estable y bueno para todos los ciudadanos de Israel”. Pero fuentes de los partidos árabes ya han admitido que están teniendo contactos con el bloque opositor. Yair Golán insistió en no distinguir entre partidos judíos o árabes si se oponen a Netanyahu: “Sé contar hasta 120. Y 65 es más que 55. Así funciona la democracia israelí. Punto”, señaló, refiriéndose al equilibrio de fuerzas pro y contra el primer ministro en ese momento del recuento de votos.

En el bloque opositor también está Israel Beitenu, la formación de derecha laica del exministro Avigdor Lieberman, que subiría de seis a siete escaños, y la coalición de centroderecha Beyahad, que conseguiría 12 diputados. Esta formación está liderada por Naftali Bennett y Yair Lapid, que se alternaron en la jefatura de Gobierno en 2021-2022, la única legislatura sin Netanyahu desde 2009. Justamente en ese breve Gobierno hubo un pacto con Ra’am, formación árabe liderada por Mansur Abbas, un acuerdo histórico, que no duró mucho tiempo porque el gobierno se disolvió. Este miércoles, el líder árabe volvió a tender la mano hacia la coalición opositora para avanzar hacia una mayoría en el Parlamento.

Otro de los mensajes claros de las votaciones en Israel es que Netanyahu, que ha ejercido durante 19 años, en tres etapas distintas, ha logrado dar la vuelta a meses de encuestas desfavorables o mal efectuadas, como se debate este miércoles en la prensa israelí. El Likud pierde aun así seis escaños respecto a los 32 que obtuvo en 2022.

Los socios de gobierno de Netanyahu tampoco han aumentado sus apoyos. El partido ultraortodoxo sefardí Shas pasa de 11 escaños a siete. Poder Judío, liderado por el ministro ultra Itamar Ben Gvir, no supera los siete diputados pese a que su objetivo era llegar a 15. Y Sionismo Religioso, del titular de Finanzas, Bezalel Smotrich, se conformaría con seis parlamentarios.

Ante un escenario todavía indefinido sobre quién asumirá el mando del Ejecutivo, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Turk, ha pedido que, sea quien sea, “no continúe con la actual tendencia belicista” del país. “Espero que el próximo Gobierno cambie de rumbo de forma radical”, ha afirmado Turk. Mientras tanto, Netanyahu continúa al frente de un Gobierno en funciones. Con eso, afrontará mayores restricciones, aunque conservará amplias competencias, incluida la posibilidad de tomar decisiones en cuestiones de seguridad —como las relacionadas con conflictos armados— cuando declare que existe un interés público.

Source: El País · Beatriz Lecumberri, Antonio Pita

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