“Quiero darles las gracias a Beethoven, Wagner, Brahms… y todos los grandes compositores”, dijo Dimitri Tiomkin en su discurso al recibir el Oscar a la mejor banda sonora por su trabajo en The High and the Mighty (1954). El auditorio lo celebró como un toque de humor e ironía, a pesar de que para el músico (veintidós veces nominado y cuatro veces ganador del icónico premio), las sentidas palabras expresaban su gratitud más profunda y sincera. Por el “tema de Diane”, por ejemplo, en el film noir de Otto Preminger Angel Face (1952), donde utiliza como leitmotiv de su banda de sonido el nostálgico Poco Allegretto de la 3ª Sinfonía opus 90 de Johannes Brahms. En la película, considerada una de las mejores del género negro de todos los tiempos, Tiomkin no solo acompaña musicalmente la imagen de Diane, una joven heredera, tan bella como manipuladora, la antiheroína perfecta de rostro angelical e intenciones siniestras, sino que retrata también la obsesión de la protagonista con variaciones y fragmentos del melancólico tema que pone en sus propias manos, en interpretación de la actriz Jean Simmons, en momentos decisivos de la trama.

¿Por qué una melodía de tal belleza, mezcla de romanticismo y añoranza, representa a la femme fatale de aspecto cándido y audacia asesina?

En una entrevista reveladora (recogida en el volumen Música de cine en femenino: Las mujeres en la filmografía de Dimitri Tiomkin, de Lucía Pérez García), el músico explicó la psicología detrás de su fórmula para describir personajes perturbados, enigmáticos y sombríos con motivos de gran nobleza, tomados del repertorio clásico: “Mi trabajo consiste en suavizar su rostro —dijo—, en hacerlo parecer más delicado y refinado de lo que es, en acompañarlo en cada una de sus apariciones en pantalla con un tema ágil y sofisticado.”

Brahms, por su parte —una curiosidad— nunca escribió obras programáticas ni poemas sinfónicos que contaran historias, retrataran personajes o narraran hechos ajenos a la lógica musical. Por el contrario, fue un titán del arte absoluto, concentrado en la forma y la abstracción. Como en este opus 90, bautizado Sinfonía Heroica en alusión a otra 3ª célebre, la de Beethoven (alusión errónea porque no coincide en el sentido trágico ni victorioso), que en la trayectoria del compositor representó su consagración en el más absoluto de los géneros.

En el thriller de Preminger, la música, con un clima magistralmente opuesto a la asfixia de la trama, aporta una cuota de desconcierto, complejidad y engaño. En el primer encuentro de Diane con su pareja romántica, Frank, el mecánico conductor de ambulancias interpretado por Robert Mitchum, ella, al piano, hace de la música una fachada, un disfraz magnífico para vestirse de fragilidad e inocencia, como en todo el film y, en particular, en una escena posterior, de gran suspenso y crueldad, mientras su plan se ejecuta (el accidente automovilístico con el que provoca la muerte del padre y la madrastra).

Jean Simmons tocaba el piano en la vida real. Otto Preminger, famoso por su autoritarismo y métodos despóticos, aprovechó la habilidad de la actriz y le propuso hacer las tomas directas en un antiguo Steinway, sin dobles ni grabaciones. Simmons aceptó pensando que sería una secuencia más del rodaje. Ignoraba que el director tenía un as en la manga como recurso para la construcción del personaje. Una trampa, una estrategia inesperada: le hizo repetir los fragmentos una y otra vez hasta el cansancio, interrumpiéndola y criticándola por el toque, el tempo, la expresión, la musicalidad…. La quería tan exhausta y resentida como Diane: una mujer bellísima y talentosa en cuya bondad fingida se escondían pasiones aviesas.

A ese fin sirvió una música tan abstracta y a la vez tan llena de historia que, entre otras, agradecía Tiomkin con franqueza: la 3ª Sinfonía de Brahms que este domingo se escuchará por la Orquesta Estable bajo la batuta de Alejo Pérez en el Teatro Colón.

Por Cecilia Scalisi

Source: La Nación · Cecilia Scalisi

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