Hace quince años María Leal hizo el mismo personaje que hoy interpreta en 8 mujeres, la comedia de Robert Thomas que, con dirección de José María Muscari, se presenta en el Multiteatro, de miércoles a domingos. No tenía pensado subirse al escenario tantas veces por semana, sino elegir algo más tranquilo, pero se tentó y no solo por el texto, sino por las previas con sus colegas, en el teatro.

Hace sesenta años que eligió este oficio y nunca paró de trabajar, ni siquiera cuando fue mamá de Juan y Lucas. En una charla con LA NACION, la actriz cuenta la intimidad del grupo de actrices y el ritual que tienen. Revela qué ama de su oficio y qué detesta, y también habla de la relación con sus nietos y de las pérdidas que sufrió.

María Leal vuelve a 8 mujeres con el mismo personaje que encarnó en 2011Gabriel Machado

-Ya habías protagonizado 8 mujeres en 2011, ¿cómo se dio repetir la experiencia?

-Fue notable eso. Primero me llamó Ale (Alejandro Vannelli, su representante) y me dijo que querían hacer de nuevo 8 mujeres. Justo al día siguiente yo había quedado en comer con Muscari, porque somos amigos, y pensé en preguntarle. Pero no me aguanté, por supuesto, y lo llamé. Pudo más la tentación (risas). Me dijo que era cierto y me preguntó qué pensaba… “Y bueno, dale, hagámosla”, le respondí. Entonces, llamó al elenco original, salvo las dos chicas que están en el cielo, claro: Normita Pons e Hilda Bernard. También habían estado Chunchuna Villafañe e Irma Roy… Todas andan cuidándonos desde ahí arriba. Muscari convocó a las chicas, todas dijeron que sí y acá estamos… Cuando las cosas se dan, se dan. Estamos con Cecilia Dopazo, Emilia Mazer, Juanita Repetto, Silvia Pérez, Mónica Villa, y se sumaron Marita Ballesteros y Linda Peretz. Así que estoy feliz. Habíamos hecho cuatro temporadas hace quince años, gira por el país, estuvimos en Mar del Plata, en calle Corrientes. La hicimos mucho y la pasamos siempre muy bien. Y sigue siendo así. Creo que lo más notable es que somos un grupo que nos llevamos bien, nos queremos, nos respetamos y nos divertimos. Y cuando te divertís en el escenario, el público también se divierte y es una fiesta.

"Con el elenco de 8 mujeres somos un grupo que nos llevamos bien, nos queremos, nos respetamos y nos divertimos", dice PATRICIO PIDAL - AFV

-¿Cómo son esos encuentros previos a cada función?

-Llegamos al teatro dos horas antes, aunque en realidad no hace falta. Pero vamos a charlar, a tomar mate, a ponernos al día. Estamos en tres niveles: Silvia Pérez, Marita Ballesteros y yo estamos en un entrepiso; en la planta baja, que es a la altura del escenario, están Linda Pérez y Mónica Villa; y en el primer subsuelo están Juanita Repetto, Cecilia Dopazo y Emilia Mazer. Así que andamos subiendo y bajando escaleras todas con todas. Y, por supuesto, también tiene su camarín, que es el más grande y el más lindo, el señor Timoteo, de ocho meses: el bebé de Juana. Estamos todas locas con el bebé porque es divino, simpático. Y la madre le ha puesto el camarín hermoso, con cambiador, una alfombra especial, y todos los chiches. Le decimos Chimmy, en lugar de Timoteo. Y, a veces, nos cruzamos con Facundo Arana y con Jorge Suárez, que están haciendo Visitando al señor Green en el mismo teatro. Se arma algo lindo antes de las funciones. Yo siempre he sido de llegar mucho antes…. En Brujas también llegábamos dos horas antes. Estuve cinco años en esa obra, pero algunas de las chicas estuvieron treinta años; y nos hicimos amigas. Cuando llegaba el horario de la función, bromeábamos y decíamos: “piensan que vinimos a hacer función y nosotras venimos acá a encontrarnos, a charlar” (risas).

"No me gusta la exposición", dice Gabriel Machado

-Es una gran fantasía de la gente saber qué hacen en camarines antes y después de cada función. ¿Hay rituales?

-Hacemos una oración, todas tomadas de las manos, las ocho mujeres, y la meditación de la vela que guía Silvia Pérez, y terminamos con el mantra Om, Shanti, Shanti (de origen sánscrito, proviene de tradiciones de la India y se utiliza para pedir y proyectar paz). Y cuando terminamos con eso, viene una bandeja con los chupitos que tienen un poquito de coñac, y brindamos con la mano izquierda, mirándonos a los ojos, por 8 mujeres. Es una cábala.

"Este año cumplí 60 años de profesión. Gracias a Dios siempre tengo trabajo", cuenta PATRICIO PIDAL - AFV

-¿De quién fue la propuesta?

-Lo del coñac lo hago en todas las obras. Hacíamos lo mismo hace quince años. Y Muscari no se mete…. Cuando empezamos él se aleja y dice “a mí me dejan con esas cosas”. No quiere y se va (risas). Algunas cosas no cambian… En Brujas, el chupito se tomaba en la puerta de los camarines, porque éramos cinco, entonces estábamos todas en un mismo piso, y brindábamos antes de subir al escenario. En el Multiteatro estamos atrás del escenario con el brindis, que es muy lindo. Apenas nos mojamos los labios, porque hay que salir a trabajar (risas). Y de vez en cuando vamos a comer después de la función.

-¿Hacés el mismo personaje de la primera vez?

-Todas hacemos los mismos personajes. Y eso también es un desafío porque los años pasaron, pero ahí arriba del escenario somos las mismas. Es el juego de los actores. La historia es interesante porque, de entrada, hay un asesinato y todas somos sospechosas. Entonces el público va pensando: “es esta… no, es la otra…”. Y el desenlace no lo voy a contar. Tiene mucho misterio. Y en el medio hay coreografías en las que participamos las ocho y tienen que ser muy exactas y muy graciosas. El otro día Cecilia (Dopazo) decía que hay momentos en que se ríe mirando lo que sucede en el escenario, porque es desopilante. Estoy chocha.

-Desde que terminó Brujas que no te subías al escenario….

-Hace un año y medio que terminó Brujas, es cierto. Y no tenía pensado hacer teatro de miércoles a domingos, sino una o dos veces por semana, en El Tinglado, o en el Teatro Del Pueblo, o El camarín de las musas. Pero la propuesta me descolocó y no me pude resistir.

Graciela Dufau, Leal, Moria Casán, Nora Cárpena y Thelma Biral, el elenco de BrujasRodrigo Nespolo - LA NACION

-¿Tenés proyectos audiovisuales?

-Estuve haciendo dos miniseries: Tiempo al tiempo, que hice dos temporadas, y la segunda parte de Viudas negras, p*tas y chorras. Había visto la primera parte y me encantó. En realidad, me habían convocado, pero ya tenía otro compromiso y mi hijo mayor me dijo “vieja, tranquila”. Por suerte me sumé en la segunda parte. Y no sé si se viene una tercera.

-Debutaste muy jovencita, y nunca paraste. Alguna vez contaste que te habías anotado en la facultad para estudiar medicina y abogacía, pero tu hermana te inscribió en el Conservatorio y largaste todo.

-Es así. Siempre me gustó el teatro, pero me anoté en esas dos carreras, a falta de una (risas). Y estaba de vacaciones cuando mi hermana me llamó, me dijo que me había anotado en el Conservatorio y que tenía que presentarme al día siguiente. Largué todo y fui. Este año cumplí 60 años de profesión. Gracias a Dios siempre tengo trabajo. Lo que me gusta es actuar y no todo lo otro que rodea la profesión. No me gusta la exposición. Hace unas semanas, con el estreno llegaron las notas, los programas y todas esas cosas, y me agarró un ataque. Y le dije a mi hijo mayor: “yo no sé por qué soy actriz, porque no tengo nada que ver”. Y entonces me dijo: “cálmate, lo que te gusta es actuar, mamá, y por eso lo haces”. Y tiene razón.

Nancy Anka, Leal, Arturo Puig, Julieta Fazzari y Gabriela Allegue, el elenco de la exitosa Grande, paLA NACION

-Sin embargo, lo manejaste bien a pesar de que estuviste en éxitos como Grande Pá, por ejemplo.

-Es cierto. Lo supe manejar. Y la gente entiende que a mí todo eso no me gusta. Entonces, hay un respeto por la forma de cada uno. Yo me rompo la vida del escenario. Y de Grande pa tengo recuerdos hermosos y me quedaron mis chancles. Nos seguimos viendo, tenemos un grupo de WhatsApp y estamos al tanto de la vida de cada una. Una vez al mes, vienen a comer a casa, les cocino, charlamos. Somos familia, como decimos nosotras. Tenemos un vínculo muy lindo y muy fuerte. Nos apoyamos. Sabemos que cualquier tema que tenga cada una, las otras estamos. Creo que es algo muy lindo que me quedó del programa.

"La vida te da herramientas para poder seguir, a pesar del dolor y a través del dolor", planteaGabriel Machado

-Vos sos mamá de dos varones, ¿alguno se dedicó al mundo del arte?

-El mayor, Juan, es psicólogo clínico y estudió cine junto con esa carrera. Pero después se dedicó más al psicoanálisis. Y Lucas hizo economía brillantemente y hace poco terminó psicología. Y ahora mi nieto mayor tiene 23, y estudia cine y letras. Y mi nieta, de 19, artes visuales. Todos en alguna rama del arte. Son Mentasti y llevan el arte en la sangre (el padre de los chicos era Martín Rodríguez Mentasti, productor y director que falleció cuando ellos eran muy chiquitos). El gran amor de mi vida se fue pronto. Y no habrá ninguno igual.

-Quedaste viuda muy jovencita… ¿Cómo saliste adelante en ese momento?

-A los 30 quedé sola con dos muchachitos chiquitos. Y después la vida, qué sé yo. Tuve que remar mucho. Habíamos quedado con el papá de los chicos que teatro no iba a hacer hasta que crecieran, porque justo es en el horario en que uno baña a los chicos, come con ellos, los hace dormir. Pero me excedí y no hice teatro hasta que, prácticamente, terminaron la secundaria. O sea, no fue respetado ese acuerdo. Por eso hice mucha, mucha televisión. Después me costó entrar al teatro, porque en ese momento eras de la tele o eras del teatro… Había una discriminación. Prejuicios. E hice una obra con Virginia Lago que se llamaba Esa relación delicada, gané todos los premios, y ahí me empezaron a llamar para teatro.

-¿Qué te gusta hacer cuando no trabajás?

-Cocinar. Ese es mi mundo.

-¿No te llamaron nunca de Masterchef?

-No, no lo haría. Mucha exposición. Como diríamos en el pueblo, mucho puterío (risas). Me gusta cocinar para mi familia, mis hijos, mis nietos. Mi nieta más chiquita se llama Asia y tiene 6 años. Fue difícil decidir hacer teatro porque ella viene todos los sábados y se queda a dormir en casa; hacemos piyamada. Y ahora no podemos. Trato de arreglármelas para seguir viéndolos, y ya no digo a mis hijos, sino a mis nietos porque es la parte más importante de mi vida…

-¿Qué tiene de especial ser abuela, para vos?

-Mi relación con mis nietos es maravillosa. En un momento, el padre le reprochó algo a Elena, que le respondió que venir a mi casa es como estar en una reunión de amigos, porque comemos, charlamos. Mis nietos mayores, a veces, hablan conmigo de cosas que no hablan con sus padres; la cláusula que puse es que lo que se habla en casa de Abi, que así me dicen, queda en casa de Abi. Salvo que implique algún peligro para ellos, y si es así yo aviso y les digo que voy a hablarlo con sus padres. Pero tenemos un mundo propio. Y me voy amoldando a las edades de cada uno. Con la chiquita actuamos, nos disfrazamos. Eso lo hice con los grandes cuando eran chicos y ahora tengo otro tipo de relación, siempre charlando, compartiendo.

-En pandemia fallecieron tu mamá y tu hermana, ¿cómo transitaste tus duelos y cómo estás hoy?

-A mi mami la extraño todos los días de mi vida. Me despierto y tengo ganas de agarrar el teléfono y llamarla… Las dos se fueron en once días. Pero la vida te da herramientas para poder seguir, a pesar del dolor y a través del dolor. Con 30 años yo me quede viuda con dos nenes chicos y se fue el amor de mi vida. Y acá estamos con 79 años guapeando.

-79 años… Algún secreto debes de tener…

-Mis compañeras no creen que tengo casi 80…. En el escenario me siento de quince años menos, y cuando bajo ya empiezan los dolores (risas). Hay una escalera saliendo del escenario, que no tiene luz y además yo veo poco, y tengo que bajar y subir con cuidado…. Y disimuladamente una de las chicas se pone adelante, por las dudas (risas). No es que me hago la joven, pero en el escenario me siento más joven. Y agradezco estar ahí.

Por Liliana Podestá

Source: La Nación · Liliana Podestá

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