El maestro Herbert Blomstedt se desvaneció como un murmullo del bosque donde vivía en Suecia y salía a caminar hasta llegar a una banca rústica de madera frente a un hermoso lago. En el trayecto, repasaba una partitura de Bruckner que llevaba en la mano izquierda mientras con la derecha trazaba anacrusas y compases y silbaba fragmentos o los canturreaba.

Excerpt from La Jornada. Original publication ↗

Source: La Jornada

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