Fiel a su personaje, Javier Milei ha aprovechado su intervención ante el plenario de la Cumbre Iberoamericana reunida este jueves en Madrid para continuar su particular cruzada ideológica contra la izquierda y hacer campaña para su reelección, que debe afrontar en 2027. El presidente argentino ha hecho caso omiso a la petición del Rey, quien, al inicio del debate, había pedido a los mandatarios “ceñirse a la partitura” para que nadie desafinara de la voluntad común de consenso y la música de la cumbre sonara “armónica”, a pesar de la diversidad de instrumentos que conforman su orquesta.

Aunque no ha mencionado expresamente a Pedro Sánchez, quien le recibió con un frío apretón de manos a su llegada a la Galería de las Colecciones Reales donde se ha celebrado la cumbre, Milei ha homologado al socialismo ―cuya internacional preside desde 2022 el jefe del Gobierno español― con el fascismo, como ya intentó hacer la líder de Alternativa por Alemania (AfD), Alice Weidel, con la ayuda de Elon Musk antes de las últimas elecciones federales alemanas para sacudirse la herencia nazi.

Citando al escritor y diplomático español Salvador de Madariaga, Milei ha asegurado que “el socialismo es fascista en política y el fascismo es socialista en economía”. “Ambas doctrinas concentran en manos de una minoría el control de las decisiones individuales y hacen de la dependencia económica un instrumento de dominación política”, ha añadido. “La máxima fascista, todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado, describe a los Estados socialistas”, ha argumentado el presidente argentino, partidario de acabar con el papel del Estado como redistribuidor de la riqueza y reducirlo a las funciones disuasorias y represivas (Defensa, Interior y Justicia).

A continuación, ha asegurado que “esta equivalencia entre socialistas y fascistas no es casual: comparten el odio por el libre mercado, adoran la intervención del Estado, nacionalizan empresas, regulan la economía, controlan los medios de comunicación y se dedican a esparcir propaganda y adoctrinamiento”. En lo que por momentos ha parecido una dislexia espacial, ha concluido: “Que los fascistas estén a la derecha de la extrema izquierda no hace que dejen de ser socialistas y que alguien que está en la derecha no es extrema derecha, sino que está mostrando la posición de la extrema izquierda”.

Aunque no ha repetido los insultos que dirigió a Sánchez durante su última visita a Madrid, el pasado 21 de octubre, cuando le calificó de “impresentable dictador, corrupto y autoritario”, ha dejado claro que se estaba refiriendo a la socialdemocracia y no a los regímenes comunistas cuando ha añadido: “Como dije días atrás, aquí en Madrid, esa pretensión sigue viva en agendas que se denominan progresistas y que ganan terreno en Europa”.

El presidente español no se ha dado por aludido y, en la intervención que ha tenido al final del pleno, ha pasado por alto las palabras de Milei y se ha limitado a agradecer el trabajo de todos los participantes en la cumbre. Tampoco ninguno de los otros mandatarios ha recogido el guante. Al contrario, todos se han esforzado por buscar los puntos de encuentro, pese a la profunda fisura ideológica que separa a países como Brasil o Cuba de Chile o El Salvador. El propio Felipe VI lo ha destacado en su intervención final: “Somos el contrapunto a un tiempo geopolítico marcado por los frentes, los bloques, la rivalidad y la competencia. No podemos cambiar las inercias globales, pero sí demostrar al mundo que la democracia multilateral sigue teniendo sentido”.

A falta del retiro, en el que los mandatarios se reúnen a puerta cerrada y “hablan a calzón quitado”, según un antiguo asistente, fuentes de la organización daban por buena la intervención de Milei, que la llevaba escrita y evitó improvisar como en otras ocasiones. Se temía que su discurso pudiese derivar en una catarata de insultos, lo que habría obligado al Rey, que presidía y moderaba la reunión, a retirarle la palabra, pero no fue necesario. Los prolegómenos hacían temer lo peor, ya que, tras aterrizar en Madrid a media tarde del miércoles en su avión oficial, el presidente argentino dio plantón a Felipe VI en la ceremonia inaugural y faltó a la cena de gala celebrada en el Palacio Real para irse a ver a su amigo, el líder de Vox, Santiago Abascal. Las mismas fuentes admitían con alivio que, aunque no había renunciado a la confrontación ideológica, evitó al menos el ataque personal. Paradójicamente, Milei lo felicitó porque, gracias a la “perseverancia” del Rey, la cumbre iberoamericana se mantiene como un lugar donde los distintos gobiernos de la comunidad “puedan trabajar juntos” a pesar de sus diferencias.

Source: El País · Miguel González, Guillermo Abril

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