Francia ha vivido este sábado su “acto III” de protestas para denunciar el declive de los servicios públicos y el alto coste de la vida. Unos 320.000 manifestantes, según el Ministerio del Interior, medio millón según el cálculo de los sindicatos, han desfilado en todo el país por tercer fin de semana consecutivo. Los estudiantes iniciaron las protestas hace mes y medio para reclamar más medios en la educación y las reivindicaciones se han extendido por todo el país y a toda la población: jóvenes, chalecos amarillos, pensionistas o profesores.
Las manifestaciones de este sábado coincidían con las celebraciones de Halloween, que suele ser una noche conflictiva, y aunque las marchas se han desarrollado en calma, se han producido cargas y enfrentamientos con la policía al final de las mismas en varias ciudades, entre ellas París, Marsella, Lyon o Burdeos. En la capital la prefectura de Policía contabilizó 70.000 manifestantes, una cifra que los sindicatos de estudiantes elevan a 200.000 personas.
El Gobierno había previsto un ambicioso dispositivo policial, similar al del 24 de octubre, con 70.000 agentes desplegados, apoyados por los grupos de élite de la policía y la gendarmería, unidades caninas, helicópteros y drones. “El pretexto de que es noche de Halloween no será un motivo legítimo para disimular el rostro en el espacio público con el fin de cometer actos violentos”, advirtió Laurent Nuñez, ministro del Interior, que alertó de que este sábado había un riesgo elevado de alteraciones del orden público y la infiltración de medio millar de radicales de extrema izquierda.
En la manifestación de París había mucha gente disfrazada y con la cara tapada, como Iván, que se cubre con una careta de un personaje de V de Vendetta y sostiene una pancarta con el lema “Macron es las tinieblas”, donde se ve a la policía enfrentada a los estudiantes. “Estamos aquí por tercer fin de semana consecutivo, y seguiremos lo que haga falta, porque no ha habido ninguna respuesta a todas las reivindicaciones, ni a las de los estudiantes ni a las del resto”, explica este joven.
En París, como ya ocurrió el fin de semana pasado, la prefectura de policía había prohibido el trayecto propuesto por los sindicatos, que iba de la Plaza de la Bastilla a la de Nación. Ambas zonas consideradas de alto riesgo, la marcha se autorizó desde la Puerta de Bagnollet hasta la Puerta de Charenton, en el sureste de la capital. La orden desde el pasado 17 de octubre, cuando las protestas acabaron en episodios violentos y saqueos a miles de comercios, es que todas las manifestaciones se alejen lo más posible del centro de las ciudades para proteger las tiendas y los edificios públicos. Aun así, en la puerta de Charenton se quemaron coches y algunos alborotadores lanzaron cócteles molotov contra las fuerzas del orden, que respondieron con gases lacrimógenos.
Los comercios del centro de París han optado por cerrar el sábado o blindar los escaparates con estructuras de madera, que colocan el viernes y vuelven a quitar el lunes. Tras el 17 de octubre, el Gobierno dijo que solo autorizará las manifestaciones de los sindicatos y no autorizará protestas en los centros urbanos.
En Marsella, a pesar de que no había ninguna manifestación declarada, se permitió a los manifestantes desfilar y los momentos de tensión se produjeron cuando la policía intentó dispersarlos. En esta ciudad la policía se incautó de varias máscaras de Halloween y cuchillos. En Lyon y en Burdeos hubo también enfrentamientos con los agentes al final de las protestas.
A seis meses de las elecciones presidenciales, el Gobierno trata de salir de esta crisis y este lunes presentó un paquete de medidas para tratar de aplacar las protestas estudiantiles, como 4.000 millones de euros para la renovación de los institutos, la creación de 15.000 plazas adicionales en la universidad y la reforma del sistema informático para acceder a los estudios superiores, muy cuestionado por los estudiantes, que lo consideran opaco y discriminatorio.
Los sindicatos de estudiantes lo consideran insuficiente y han llamado a bloqueos en los institutos y facultades el próximo martes, cuando se retoman las clases tras las vacaciones escolares de las dos últimas semanas. El Ejecutivo tiene poca capacidad de maniobra para hacer concesiones más ambiciosas: el país está al borde de la recesión, acumula dos trimestres de caída del PIB y otro de estancamiento, y tiene un elevado endeudamiento, con un déficit del 5,4% este año, uno de los más altos de la zona euro. Para el próximo jueves hay convocada una huelga en todo el país, otra jornada de alto riesgo.
Source: El País · Raquel Villaécija
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