La ciudad de León se ha colado en la selección de los destinos más interesantes para descubrir en 2027 en todo el mundo, según el ranking anual Best in Travel de Lonely Planet. Los que se animen a visitarla, podrán descubrir que la ciudad tiene unas vidrieras excepcionales en una de las catedrales más bellas de Europa, unos inesperados frescos románicos en San Isidoro, la sorprendente arquitectura de Gaudí, un divertido Barrio Húmedo para probar los mejores vinos de la tierra o un museo contemporáneo de los que llaman la atención. A lo que se suma que la capital está profundamente ligada al Camino de Santiago (y 2027 será nuevamente Año Jacobeo). Definitivamente, 2027 será un buen momento para descubrir o revisitar León.

Es de esas ciudades que no necesitan plano para moverse por ellas. Es mejor perderse callejeando por su casco histórico, detenerse ante una fachada centenaria o entrar en cualquiera de sus bares para descubrir que aquí la historia no está en los museos, sino que forma parte de la vida cotidiana. Los peregrinos comparten terrazas con los vecinos, las campanas medievales marcan las horas sobre plazas animadas y el aroma de los guisos tradicionales se mezcla con el de los vinos de la tierra.

León conserva algo de ciudad secreta, a pesar de que tiene alguno de los monumentos más extraordinarios del patrimonio español. Fue campamento romano, capital de un poderoso reino medieval y encrucijada de comerciantes, viajeros y peregrinos. Hoy es una ciudad de dimensiones amables, perfecta para recorrer a pie, que ha sabido conservar su personalidad.

La catedral y sus vidrieras justifican por sí solas el viaje, pero sería un error marcharse sin descubrir los frescos de San Isidoro, las fantasías arquitectónicas de Gaudí, las calles del Barrio Romántico o la sorprendente fachada de colores del MUSAC. Y, sobre todo, sin participar en ese ritual colectivo que consiste en ir de bar en bar, y de tapa en tapa.

La catedral: un bosque de luz y cristal

A la catedral de León se la conoce como la “Pulchra Leonina” (la bella Leonesa). Uno lo entiende si entra cuando el sol atraviesa sus vidrieras, transformando el interior en un universo de colores: azules, rojos, verdes y dorados que se proyectan sobre columnas, bóvedas y pavimentos y crean un espectáculo cambiante.

Levantada durante el siglo XIII sobre construcciones anteriores, es una de las expresiones más puras del gótico francés en España. Su arquitectura recuerda a las grandes catedrales de Reims, Amiens o Chartres, aunque aquí todo parece concebido para alcanzar una ligereza excepcional. El secreto está en sus aproximadamente 1.800 metros cuadrados de vidrieras, en las que se narran episodios bíblicos y se representan santos, reyes, oficios y escenas de la vida cotidiana.

La visita merece tiempo para observar el rosetón occidental, recorrer las naves laterales y detenerse ante la sillería del coro, e incluso prolongarla con el claustro y el museo catedralicio. Pero la experiencia no termina dentro. Fuera, desde la plaza de Regla, la fachada occidental ofrece una de las imágenes más reconocibles de León, con sus torres asimétricas, sus portadas esculpidas y el gran rosetón.

San Isidoro: el tesoro románico de los reyes leoneses

La otra gran joya de León está a pocos minutos de la catedral: es la Real Colegiata de San Isidoro, uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa. Su aspecto exterior, sobrio y poderoso, apenas permite imaginar las maravillas que guarda.

La mejor, sin duda, es el Panteón Real, tradicionalmente conocido como “la Capilla Sixtina del románico” por sus bóvedas cubiertas por un excepcional ciclo de pinturas murales. Fueron realizadas entre los siglos XI y XII, y representan escenas de la infancia y pasión de Cristo, el Apocalipsis y un célebre calendario agrícola. Las figuras, de colores intensos y sorprendente expresividad, parecen desafiar el paso de los siglos.

Y hay más: la basílica, románica y muy interesante, y un museo que conserva piezas excepcionales de orfebrería, marfiles y arte medieval, como el famoso cáliz de doña Urraca, una pieza del siglo XI rodeada de historia y de interpretaciones controvertidas.

Casa Botines: el inesperado Gaudí leonés

Encontrar una obra de Antoni Gaudí lejos de Cataluña siempre produce cierta sorpresa. La Casa Botines, un castillo urbano construido entre 1891 y 1892, es uno de los escasos edificios que el arquitecto catalán realizó fuera de su territorio habitual. Encargada por comerciantes vinculados al sector textil, combina funcionalidad comercial, imaginación modernista y una estética neogótica perfectamente integrada en el carácter monumental de la ciudad. Sus torrecillas, ventanas apuntadas y cubierta inclinada evocan una fortaleza medieval, pero su detalle más característico es la figura de San Jorge y el dragón sobre la entrada principal.

Actualmente alberga el Museo Casa Botines Gaudí, que permite descubrir la historia de su construcción, el universo creativo del arquitecto y diferentes espacios interiores. En contraste, frente al edificio se levanta el palacio renacentista de los Guzmanes. Y en la plaza de San Marcelo, una escultura de Gaudí sentado en un banco invita a fotografiarse junto al maestro.

San Marcos: el esplendor del Renacimiento

La fachada del convento de San Marcos parece no terminar nunca: todo un despliegue de esculturas, medallones, columnas o motivos renacentistas, que lo convierten en uno de los mejores ejemplos del plateresco español. Este edificio se comenzó a construir en el siglo XVI, pero sus orígenes están en el antiguo hospital medieval que acogía a los peregrinos que recorrían el Camino de Santiago. Después ha sido convento y hospital, pero también prisión —Francisco de Quevedo estuvo recluido aquí—, y durante la Guerra Civil y la posguerra fue un centro de detención y represión franquista.

Hoy, una parte importante del conjunto alberga el Parador de León, uno de los alojamientos históricos más singulares de España.

Del León contemporáneo del MUSAC a las murallas romanas

La vidriera de la catedral es la inspiración de la obra más contemporánea de la ciudad: el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), inaugurado en 2005 y convertido desde entonces en uno de los referentes culturales de la ciudad. Diseñado por los arquitectos Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla, sorprende por su fachada de paneles de vidrio de múltiples colores.

En su interior, las salas acogen exposiciones temporales y proyectos de arte contemporáneo que contrastan con el resto de la ciudad, sobre todo si caminamos por el casco antiguo, donde sobreviven importantes tramos de la muralla romana.

León nació como asentamiento militar romano, vinculado a la Legio VI Victrix y, posteriormente, a la Legio VII Gemina, cuyo nombre está en el origen del topónimo de la ciudad. Sus murallas, puertas y restos arqueológicos permiten rastrear esa historia de casi dos milenios. La plaza de Puerta Castillo y el entorno del Arco de la Cárcel son buenos lugares para imaginar cómo era aquella ciudad fortificada.

Pasear sin rumbo: plazas, palacios y rincones con historia

Lejos de las visitas programadas y de sus grandes monumentos, hay otro León que se descubre caminando sin rumbo. Por ejemplo, en la plaza del Grano, oficialmente de Santa María del Camino, una de las más pintorescas de la ciudad, especialmente agradable a primera hora de la mañana. O en la plaza Mayor, presidida por el antiguo ayuntamiento y rodeada de soportales, que durante siglos fue escenario de mercados y celebraciones, y continúa siendo uno de los centros de la vida social leonesa.

La calle Ancha, principal eje peatonal del casco histórico, conecta la catedral con el entorno de Casa Botines. A su alrededor se despliega un entramado de calles a las que se asoman comercios tradicionales, pequeñas tiendas, confiterías y edificios históricos. Al norte de la calle Ancha, el llamado Barrio Romántico puede ser una alternativa algo más tranquila al bullicioso Barrio Húmedo. Sus calles, próximas a San Isidoro, están llenas de bares, restaurantes y terrazas que invitan a alargar la sobremesa.

León y el Camino de Santiago: una ciudad hecha para recibir viajeros

El Camino de Santiago en León no es una simple ruta turística. Forma parte de la identidad de la ciudad desde hace más de mil años: sus calles, hospitales históricos, iglesias y plazas cuentan la historia de generaciones de peregrinos que encontraron aquí descanso antes de continuar hacia Galicia.

El Camino Francés llega a León después de atravesar la meseta castellana. Tras pasar por Mansilla de las Mulas, los caminantes se aproximan a la capital por Puente Castro, cruzan el río Torío y avanzan hacia el centro histórico. Para muchos peregrinos, la aparición de las torres de la catedral representa uno de los grandes momentos del recorrido. Después de jornadas de horizontes abiertos, campos de cereal y pequeñas poblaciones, León ofrece un inesperado encuentro con la monumentalidad urbana.

Comer y tapear en el irresistible Barrio Húmedo

Si existe una experiencia capaz de competir con las vidrieras de la catedral, esa es la ruta de tapas por el Barrio Húmedo. No hace falta reservar mesa ni seguir un itinerario estricto: basta con dejarse llevar por el ambiente, entrar en los bares que más apetezcan y descubrir sus especialidades.

El Barrio Húmedo ocupa buena parte del casco antiguo, al sur de la calle Ancha, y tiene su epicentro en la plaza de San Martín. Sus calles estrechas están llenas de buenas direcciones para una ruta de tapas. Como el Bar Flechazo, en Platerias, una institución del tapeo leonés: su especialidad son las patatas fritas con pimentón, sencillas y adictivas. O la Taberna Los Cazurros (en el número 5 de la plaza San Martín), con todo tipo de patatas con diversas salsas, morcilla o picadillo. Especialidades similares a las que sirven en el El Rincón del Gaucho (Azabachería, 6), muy popular. Y, en la misma calle, el Bar Jamón Jamón, ideal para los aficionados a los embutidos, los quesos y las tapas tradicionales.

A estas direcciones conviene añadir dos nombres históricos del Barrio Húmedo: La Bicha (plaza de San Martín, 9), célebre por su morcilla leonesa, y El Rebote, también en el entorno de San Martín, conocido por sus croquetas de distintos sabores.

Más allá de las tapas: sentarse a comer

La cocina leonesa merece también una comida sin prisas, y puestos a sentarse a comer podemos escoger uno de sus restaurantes con estrella Michelin, el Restaurante Pablo, con una propuesta gastronómica contemporánea y refinada en la antigua Casa del Peregrino, con 50 años de historia; o Cocinandos, donde Juanjo Pérez y Yolanda León ofrecen una cocina creativa muy vinculada a los productos leoneses.

Otra opción gourmet es Cocina con MiMo, para quienes busquen una experiencia culinaria de autor: un menú degustación de cocina leonesa canalla y viajera en pleno Barrio Húmedo, con influencias de Italia, Japón, Perú, México, Francia y el terruño leonés. Y para una comida de carácter más tradicional, el Restaurante Alfonso Valderas o el Ezequiel Calle Ancha son alternativas a considerar.

Entre las apuestas más interesantes de la nueva gastronomía leonesa figura Kamin, un restaurante con una cocina contemporánea, en el corazón del Barrio Húmedo y con cocina abierta a la vista. También contemporánea y con una cocina imaginativa es el Carea Bistró. Y si lo que queremos son recetas tradicionales actualizadas está Casa Mando, especialmente interesante para quien quiera descubrir los sabores de la tierra. Entre los más recientes encontramos también el niMÚ Azotea, en la terraza superior del hotel Barceló Conde Luna, con impactante panorámica del casco histórico de León.

Source: El País · Lonely Planet

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