“Óscar Puente, asesino”, “Partido Socialista, banda criminal” y —el ya clásico— “Pedro Sánchez, hijo de puta”, corea la multitud. Otras proclamas evidencian la presencia allí de ultranacionalistas de sangre y suelo: “Esta es nuestra tierra y hay que defenderla”. Son pasadas las 20 horas del miércoles, día del accidente de Urda (Toledo), y se han concentrado más de mil personas junto al Ministerio de Transportes en Madrid. Están convocadas por Falange, partido heredero de la histórica tradición política española hermana del fascismo, y Revuelta, una asociación vinculada en sus orígenes a Vox que usa argumentos raciales para sus mensajes xenófobos. Hay mucho rostro tapado y mucha ropa negra. Ante el lanzamiento de bengalas y el agolpamiento de manifestantes en el cordón policial, los agentes cargan. Indignado, Pedro Chaparro, presidente de Democracia Nacional, vocea: “Lo que ha ocurrido hoy es una matanza. Esto es de rebelión nacional. Señores, hay que alzarse”. Pablo González, líder de Revuelta, se graba un vídeo imputando al Gobierno las víctimas de Urda, pero también de la dana de Valencia y del accidente de tren de enero en Adamuz. El mensaje anunciado como un “homenaje” a las víctimas de Urda acaba mencionando la crisis de Ceuta y hasta el volcán de La Palma, en un totum revolutum de asuntos de los que culpa al Ejecutivo.

A la plaza de San Juan de la Cruz, lugar de la cita, han llegado también manifestantes provenientes de otra convocatoria, esta en Cibeles y lanzada por el sindicato de Vox, Solidaridad, con el lema La corrupción mata. Allí ha hecho declaraciones José María Figaredo, uno de los portavoces de Vox, que acusa con “rabia” e “ira” al “Gobierno criminal” de haber “provocado” los accidentes de Adamuz, con 46 muertos en enero, y Urda, con al menos 69. Figaredo pide al Ejecutivo que se ponga “a disposición judicial”.

La convocatoria de Solidaridad es a las 20 horas. La misma que la de Falange y Revuelta. La misma que la de Reconquista, organización integrada en el movimiento supremacista blanco europeo y próxima a Vox, que llama a manifestarse frente al Ayuntamiento de Barcelona, también contra el Gobierno por Urda. “La agenda del PSOE: matar gente”, publica en X una de sus líderes, Nayara de la Torre, que se queja de que en Madrid la Policía Nacional haya empujado a una joven manifestante pero en Ceuta “a los moros ni tocarles”.

Todo lo anterior ocurre el pasado miércoles. Y todo muestra cómo, en plena precampaña electoral, la tragedia ferroviaria de Urda ha desatado en una ultraderecha en ebullición una carrera por mostrarse como el más duro, el que llega más lejos en su rabia contra el Gobierno, el más iracundo y a la vez el más conectado con el duelo popular. La espiral de brutalidad incluye desde insultos hasta imputaciones de criminalidad, pasando por llamamientos al alzamiento popular. Y nadie quiere quedarse fuera.

Ceñidos a un guion ya ensayado tras la dana de Valencia de 2024 y la oleada de incendios de 2025, numerosos grupos compiten para ganar visibilidad y, una vez conseguida, lanzar sus proclamas. De Norberto Pico, jefe nacional de Falange, a Pablo González, líder de Revuelta; de Pedro Chaparro, jefe de Democracia Nacional, a Jordi de la Fuente, el exdirigente neonazi que encabeza Solidaridad; de Toni Estévez y Nayara de la Torre, caras visibles de Reconquista, a Ignacio Ursuaga, presidente de Hazte Oír, todos se han apresurado a posicionarse en términos extremos contra el Gobierno por la catástrofe de Urda. Aunque nadie lo ha hecho tan rápido como Santiago Abascal.

Los insultos de Vox

Ya la misma mañana del accidente, Abascal marcó el camino a su partido culpando al Gobierno de las muertes y calificándolo de “organización criminal”. El accidente había ocurrido, dijo, porque el Ejecutivo se ha gastado el dinero que debería haber ido al sistema ferroviario “en señoritas de compañía, mordidas y joyas”. Si el punto de partida ya era duro, desde entonces ha seguido endureciéndolo. El jueves, el candidato de Vox el 29-N se refirió al ministro de Transportes, Óscar Puente, como “Óscar Muerte”. Es una palabra que Abascal repite: “Muerte”. También “ruina”. Con ellas sintetiza el legado del Gobierno, que tacha de “antiespañol” y “criminal” y “mafioso” y “traidor”. Lo culpa de las muertes de Urda y afirma que debe ser juzgado por ellas. De Abascal para abajo, todos siguen ese manual. “Ya no hablamos de dimisiones. Hablamos de juicios, porque las responsabilidades políticas se nos quedan muy cortas”, declaró este viernes la portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán.

Hay dirigentes que añaden sus propias consignas, como Carlos Hernández Quero, que a raíz del accidente describe a España como un país en “tercermundización”. El eurodiputado Hermann Tertsch, hiperactivo en X, sobresale por sus dotes para el insulto: si ya llamaba “hijo de puta” a Pedro Sánchez minutos antes del accidente, después lo ha llamado “kapo”, así como “canalla” a Óscar Puente y “alimañas” a periodistas de TVE.

El sociólogo y politólogo José Miguel Rojo, uno de los autores de la Encuesta Nacional de Polarización de la Universidad de Murcia, observa cómo Vox utiliza esta crisis para marcar diferencias con el PP. Mientras el partido de Alberto Núñez Feijóo, analiza, se ha quedado en la exigencia “rendición de cuentas”, Abascal y los suyos sostienen que “todo es un caos”, un discurso —explica— con más capacidad de dirigir la frustración no ya solo contra un Gobierno, sino contra “el sistema”. Eso cebaría un sentimiento ya extendido. En España, solo un 19,4% se declara satisfecho con el funcionamiento de la democracia, con datos del CIS.

Al igual que con anteriores catástrofes, Vox ve en la tragedia de Urda “un contexto perfecto para insertar su narrativa antisanchista y antisistema” y captar con ella “voto protesta, convirtiendo la catástrofe en un activo electoral”, señala la politóloga Anna López, autora de La extrema derecha en Europa (Tirant, 2025), que observa cómo el partido sigue un patrón que empieza con la “deslegitimación del Gobierno y del sistema”, sigue con el uso de “desinformación” y culmina con la “explotación emocional de la tragedia”. Se trata de un ciclo ya conocido pero que —subraya la investigadora— esta vez ha ejecutado “a mayor velocidad”, lo que le ha permitido fijar sus mensajes ante la audiencia cuando está en situación de “mayor vulnerabilidad e incertidumbre”. “En plena precampaña, ha acortado los tiempos para ser más efectivo”, dice. Vox no respondió a EL PAÍS.

¿Le puede funcionar a Vox este discurso? Lluís Orriols, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III, especializado en comportamiento electoral, cree que la tragedia presenta las características idóneas para erosionar al Gobierno, pero es prudente sobre si será el PP o Vox el más favorecido. Eso sí, afirma que existe un “caldo de cultivo” de “antipolítica, desconfianza y desafección” que a priori beneficia a Vox. Un dato de la semana pasada de Metroscopia describe el clima emocional del país en el que la ultraderecha inserta sus mensajes de “ira” y “rabia”, dos palabras de uso frecuente en el partido. ¿Qué dato? El enfado es la emoción más extendida entre los encuestados (42%) al pensar en la política española, por delante del cansancio (25%) y el miedo (19%).

“Putas” y “cocaína”

Aunque Vox es con diferencia la fuerza más relevante del espectro ultraderechista, Anna López señala que son múltiples los grupos que tratan de aprovechar el “marco propicio” para su discurso abierto por el accidente, tanto en lo que llama sector “encorbatado”, que incluye a los partidos de Santiago Abascal y Alvise Pérez, como en el “extraparlamentario”. Se Acabó La Fiesta (SALF), la formación el agitador ultraderechista y difusor de teorías de la conspiración Alvise Pérez, también ha convertido el accidente en el eje de su precampaña. Y su fórmula ha sido rivalizar con Vox en contundencia retórica. [El anterior ministro de Transportes, José Luis Ábalos] se gastaba dinero público en putas y cocaína, pero al menos podíamos ir en tren. Lo de Óscar Puente matándonos era inimaginable por todos”, ha escrito en X Pérez, que logró tres eurodiputados en 2024 y ahora pretende colarse en el Congreso en su primer intento en unas generales.

En la derecha extraparlamentaria, a los partidos ya citados Falange y Democracia Nacional se suma Núcleo Nacional, instalado en el mismo discurso que culpa a un Gobierno “corrupto” y “traidor”. Abiertamente racista y neonazi, este partido de reciente creación ha convocado una manifestación para esta semana con el lema Deben pagar. Todos a la calle.

En los materiales de difusión mezcla las acusaciones al Gobierno con la reivindicación de “remigración”, es decir, de expulsión masiva de inmigrantes y sus descendientes, si son considerados no adaptados. Más allá de los partidos, el hervidero de asociaciones de ultraderecha está también volcado en el ataque a Sánchez por Urda. Como Hazte Oír, que ha recogido ya más de 100.000 firmas contra el “Gobierno criminal”, usando así el sintagma más repetido de la semana en esta constelación extremista.

Source: El País · Ángel Munárriz

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