La mayoría de las comisiones que han permitido organizar durante más de un mes la acampada para reivindicar el derecho a la vivienda en Sol se han disuelto y sus integrantes han decidido abandonar el asentamiento, según un documento al que accedió este diario. La salida del núcleo duro de la concentración no es un punto y aparte, sino un punto y seguido: sus representantes aspiran a convertirse en un movimiento social que traslade su actividad a los barrios, concentrándose ahora en apoyar la huelga general del 11 de noviembre. Al tiempo, eso no quiere decir que las tiendas de campaña desaparezcan de Sol: permanecen las comisiones de Comunicación y Pulmón, y algunas personas de Cuidados y Cultura, según detalla Zahira Pagán, portavoz de quienes se han marchado. Además, también la asociación de personas sin hogar sigue presente. La explicación de las salidas está en el cumplimiento de parte de los objetivos de la concentración (poner en la agenda sus reivindicaciones) y en la advertencia de la Delegación del Gobierno sobre que “podría resultar legítimo ponerle fin”, tras un mes de respeto al derecho de reunión. Un aviso que muchos no se han tomado a la ligera: unas 600 personas se han ido desde que se conoció, según Pagán.
“Desde Acampada 26S, comenzamos la llamada ‘mudanza’ a los barrios para transmutar en un movimiento social y de clase trabajadora, comprendido como “Movimiento 26S, finalizando así nuestra actividad en Puerta del Sol”, se lee en un documento visto por este diario. “La acampada ha cumplido inmensos objetivos y expectativas, recordándonos que el pueblo tiene muchas herramientas para la intervención política directa, y siempre dispondrá de fuerza e imaginación para incidir en el curso de los acontecimientos”, se añade. “Como bien hemos comentado, la Acampada 26S, como movimiento, se traslada a los barrios con la finalidad de preparar la Huelga General y continuar luchando por nuestros derechos y hacernos escuchar, salga quien salga y esté quien esté en el Congreso de los Diputados después de las elecciones del 29N”.
No obstante, las tiendas de campaña no desaparecen de Sol. En el asentamiento quedan funcionando dos de las diez comisiones originales, además de miembros de otras dos, según Pagán. También opera la “Asociación de personas sin hogar”. El fraccionamiento interno es el reflejo de las tensiones que han producido las advertencias de la Delegación.
“El plan de la mayoría de personas acampadas que se quedan es permanecer allí siendo plenamente conscientes del posible desalojo violento ya que, como saben por Delegación de Gobierno, estamos en situación de ilegalidad porque el derecho de reunión ha decaído”, lamenta una fuente que conoce las interioridades del asentamiento y pide el anonimato.
Esto añade Pagán: “El problema gordo vino el jueves. Tuvimos una asamblea general, con los voluntarios que manteníamos en pie la acampada, en la que resultó que había llegado un segundo correo de la Delegación reiterando la información del primero, e instándonos a que nos fuéramos, por nuestra propia seguridad. Que a partir de ahí no teníamos protección de ninguna manera. ¿Cómo ocultas esa información, cuando estaba en peligro nuestra integridad física? Ahí empezaron los problemas. Dos correos en menos de una semana, instándonos, que es una palabra fuerte, a irnos, y recalcándonos que hemos perdido toda protección legal. Ha habido un flujo de desalojo constante entre el viernes y el sábado. Ahora mismo se podría decir que está en proceso de desacampada".
Los acampados llevan varias semanas debatiendo internamente la posibilidad de desacampar de forma conjunta. Una mayoría optaba por esta opción, por considerar que quedarse en Sol no iba a contribuir a lograr nuevos objetivos políticos, sino solo a desgastar las fuerzas de los militantes. Aun así, el consenso entre todos los acampados necesario para tomar decisiones de este calibre nunca se llegó a producir. Y la salida de los integrantes de la mayoría de comisiones ha llegado con más dificultades de las previstas, según se desprende del documento visto por este diario.
“En cuanto al desmontaje físico del espacio, por distintas circunstancias y dentro de nuestras posibilidades de actuación, y tras el desarrollo de un protocolo de desmontaje detallado y por etapas, no nos ha sido posible llevarlo a cabo como habríamos deseado”, se lee. “Nos despedimos de esta etapa cargadas de aprendizajes y con la certeza de que los procesos colectivos no terminan necesariamente cuando cambia el espacio que los acoge”, se añade. “La acampada ha sido un punto de partida, un lugar donde encontrarnos y descubrir nuestra capacidad para organizarnos y actuar en común”.
La acampada surgió impulsada por el desahucio de Maricarmen Abascal, una vecina de Retiro que tuvo que abandonar su casa a los 87 años y falleció tres semanas después en el hospital. Desde su instalación en la puerta del Sol el 26 de septiembre, hace ahora 35 días, han forzado la votación en el Congreso de los decretos Maricarmen —que no fueron aprobados— en sede parlamentaria.
En los primeros momentos fue el Sindicato de Inquilinas el que colocó las primeras tiendas. Tras su salida, llega ahora la de parte del núcleo duro de la acampada, personas que han hecho que el asentamiento pudiera funcionar. Pero otros, cada vez menos, se quedan, pese a las advertencias de la Delegación.
Source: El País · Juan José Mateo, Sergio Aires Machado
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