“La gasolina a tres dólares corre por mi cuenta”, se leía en la camiseta que Steve Hilton lucía con orgullo. Para convertir en realidad su principal promesa electoral, bajar el precio del combustible, el candidato republicano a gobernador de California recurrió a una estrategia más propia de los influencers que buscan sumar seguidores en las redes sociales: consiguió que una gasolinera afín a su campaña en Pomona, un suburbio de mayoría hispana al este de Los Ángeles, ofreciera el galón a ese precio. Esta actividad proselitista, organizada en la víspera de las elecciones de medio mandato, provocó largas filas de automóviles.
“Soy la única opción”, proclamaba sonriente Hilton, quien en su primera incursión en la política estadounidense logró que el respaldo del presidente Donald Trump y las donaciones vinculadas a simpatizantes de su movimiento MAGA lo pusieran como abanderado de una misión que parece imposible: pintar de rojo un feudo demócrata.
Su acento británico y su carácter afable pueden hacerlo parecer un outsider, un republicano descafeinado, pero, en el fondo, está alineado con las políticas del trumpismo: mano dura con los indocumentados, apertura a las redadas migratorias, concesiones a los multimillonarios y ninguna crítica a las medidas del mandatario que mantienen sumido al país en un bache económico. Por ejemplo, omite que su promesa de abaratar la gasolina (que en Los Ángeles se vende a más de seis dólares por galón) está condicionada por el impacto en los precios de la decisión del presidente de sumarse a Israel en su guerra contra Irán.
Reducir la indigencia y la delincuencia, eliminar el impuesto estatal sobre la renta para quienes ganen menos de 150.000 dólares anuales, construir 10 nuevas ciudades para ampliar la oferta de vivienda, fijar en 75 dólares el costo del registro vehicular y crear empleos para frenar la salida de miles de californianos hacia otros Estados son algunas de sus otras propuestas. “No tenemos que aguantar esto en California”, decía en un video selfie grabado en Skid Row, una zona de Los Ángeles donde se concentra un gran número de personas sin hogar.
La candidatura de Hilton desafía al establishment demócrata que gobierna California desde 2011, cuando Arnold Schwarzenegger, el último gobernador republicano, dejó el cargo. Trump es, al mismo tiempo, su principal impulso y su ancla. El desgaste de las políticas del presidente, su baja popularidad y hasta su polémico comentario de que no impediría que Irán bombardee dos ciudades californianas —en un mitin dijo: “Dejemos que destruyan Los Ángeles; dejemos que destruyan San Diego”— parecen pasarle factura. Él se mantiene por detrás de su rival demócrata, Xavier Becerra, en las últimas encuestas: del 60% al 61% de la intención de voto para Becerra, frente a entre 33% y 38% para Hilton. Es una brecha que parece difícil de remontar a pocos días de las elecciones.
De Schwarzenegger a Hilton
Hilton tiene un perfil poco habitual en la política californiana, que no se veía desde que Schwarzenegger, un fisicoculturista de origen austriaco convertido en popular estrella de películas de acción, decidió incursionar en la política a principios de la década del 2000 y conquistó la gubernatura en dos ocasiones. Con Schwarzenegger terminó una etapa en la que ambos partidos alternaban el poder.
Los expertos atribuyen el cambio al auge de un movimiento de oposición a la Proposición 187, que buscaba negar servicios sociales a los hijos de inmigrantes indocumentados y que el entonces gobernador republicano Pete Wilson utilizó como bandera en 1994 para reelegirse. La medida nunca se implementó. De esa movilización surgieron nuevos liderazgos hispanos, entre ellos Xavier Becerra.
Hilton nació en Inglaterra en 1969, estudió en la Universidad de Oxford y comenzó su carrera política en el Reino Unido, vinculado al Partido Conservador durante la era de Margaret Thatcher. En 2012 se mudó a Silicon Valley, en el norte de California, debido a que su esposa trabajaba para Google. Un par de años dio clases en la Universidad de Stanford, empezó una empresa del ramo tecnológico y después le ofrecieron un empleo como comentarista político en la cadena FOX News. Más tarde se convertiría en su único empleo y eso lo llevó al mundo político.
Hoy Hilton se autodefine como un aspirante “pragmático” que promete resolver rápido problemas complejos. “Debemos traer los empleos de vuelta a California. Ahora, por tus políticas, tenemos los niveles más altos de pobreza y desempleo de Estados Unidos. Y eso se debe a que los impuestos elevados han ahuyentado a los negocios”, le reprochó a Becerra durante el único debate de cara a la elección general, celebrado el pasado 1 de octubre en Burbank.
Los anuncios de Hilton han inundado las redes sociales, financiados con un fondo de 33,6 millones de dólares procedentes de 158.000 aportaciones, varias de simpatizantes del movimiento MAGA residentes en otros Estados, según un análisis de los registros de la Secretaría de Estado de California.
El uso constante de videos creados con inteligencia artificial es otro método que imita de Trump. En uno de esos anuncios, Hilton aparece como un gladiador en un coliseo romano gobernado por un emperador parecido a Becerra. El republicano irrumpe para derrotar a un robot que lanza fuego y está a punto de matar a dos personajes que parecen ser trabajadores hispanos.
Menos gracia causó otro video propagandístico en el que dos mujeres jóvenes parecen estar a punto de iniciar un encuentro íntimo en una habitación, con una bandera multicolor —símbolo de la comunidad LGBTQ+— al fondo. La escena da paso a la revelación de que una de ellas ha decidido votar por Hilton. La estrategia publicitaria resultó ofensiva incluso para algunos candidatos de su propio partido.
De Newsom a Becerra
Xavier Becerra se presenta en sus anuncios como “la peor pesadilla de Trump” y afirma que, cuando era fiscal general de California, demandó en múltiples ocasiones al presidente. Su estrategia publicitaria es más tradicional: apuesta por videos en los que aparece en mítines políticos. La música es quizá el elemento más novedoso. Uno de sus comerciales que circulan en redes sociales utiliza de fondo un ritmo de estilo tumbado, parecido al del cantante Peso Pluma. “Sopla un viento azul, amigos”, se escucha decir a una voz que arenga al público, como si los demócratas no gobernaran ya en Sacramento.
Becerra debería dejar claro que su proyecto busca dar continuidad o, en su defecto, apartarse del legado de Gavin Newsom, el gobernador saliente. Pero no lo hace. Su táctica es responsabilizar a las políticas de Trump de la situación que atraviesa el Estado y dirige sus críticas contra Hilton. “Tú usas el manual de promesas de Trump esperando resultados distintos. Acabarás con los resultados de Trump si sigues los planes de Steve Hilton”, le reprochó en el debate.
Pese a sus 35 años de trayectoria política, que incluyen su paso por el Congreso, la Fiscalía General de California y la Secretaría de Salud y Servicios Humanos durante la presidencia de Joe Biden, Becerra no figuraba a principios de año entre los favoritos para suceder a Newsom. Las circunstancias cambiaron el rumbo de la contienda y lo colocaron al frente de la carrera, impulsada también por una recaudación de 40,2 millones de dólares. Su candidatura recibió un impulso inesperado de varios puntos en las encuestas en abril, después de que Eric Swalwell, quien las encabezaba, abandonara la campaña y renunciara a su escaño en el Congreso, en medio de graves denuncias de abuso sexual.
De ganar, Becerra se convertiría en el primer gobernador hispano de California en un siglo.
Hijo de una inmigrante mexicana y de un hombre nacido en Sacramento que vivió varios años en Tijuana, Becerra suele atribuir sus logros al esfuerzo de sus padres, quienes, según ha relatado, llegaron a California como pareja con apenas 12 dólares en el bolsillo. En 1980 se convirtió en el primero de su familia en obtener un título universitario, una licenciatura en Economía por la Universidad de Stanford. Antes, en 1978 y 1979, cursó estudios en la Universidad de Salamanca, en España. El doctorado jurídico lo consiguió en la Stanford Law School en 1984.
El candidato demócrata promete, si gana las elecciones, reducir el déficit de vivienda mediante la agilización de los trámites de construcción, impulsar la industria cinematográfica, actuar con cautela ante la construcción de centros de datos para empresas de inteligencia artificial e impulsar la economía para evitar que los californianos se marchen.
“Necesitamos un gobernador luchador, contra Washington, contra Trump y contra los intereses poderosos que nos quieren dejar atrás”, proclama en español, su idioma materno, en uno de sus videos.
Las diferencias sobre migración
El enfrentamiento entre Hilton y Becerra es frontal en distintos asuntos, pero sobre todo en inmigración. El republicano respalda las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y sostiene que su prioridad es proteger a las comunidades migrantes “legales” y expulsar a los extranjeros que cometan delitos, en sintonía con la retórica de Trump.
“Todo el mundo está de acuerdo en que necesitamos fronteras seguras y queremos garantizar que las personas que están en este país ilegalmente, quienes han cometido crímenes violentos, deberían ser deportadas. Pero eso no sucede en California”, afirmó Hilton en el debate.
Becerra no solo discrepa de esa postura, sino que defiende una reforma migratoria, una posibilidad que parece lejana en el convulso escenario político actual. “California te dio la bienvenida y tú les das la bienvenida a mercenarios del ICE a nuestro Estado. ¿Cómo concilias eso? Eres un migrante”, le espetó el demócrata a Hilton en aquel encuentro televisivo. “Ese es el problema que tengo con tus políticas. Te veo dando la bienvenida a migrantes que se parecen a ti, pero deportando a migrantes que se parecen a mí”, añadió.
La inmigración es, paradójicamente, uno de los flancos más vulnerables de Becerra. Desde el inicio de su campaña lo persigue una polémica relacionada con su gestión al frente de la Secretaría de Salud y Servicios Humanos (HHS). Bajo su dirección, la dependencia entregó a familiares y patrocinadores a unos 85.000 menores migrantes no acompañados que habían sido alojados en instalaciones federales durante la primera Administración de Trump. Sin embargo, la dependencia perdió el contacto con esos niños poco después de su entrega, según una investigación de The New York Times.
El grupo representaba aproximadamente un tercio del total de menores atendidos. Según las informaciones publicadas, Becerra pidió a sus colaboradores agilizar la salida de los niños de los albergues, que entonces estaban saturados. La HHS ha rechazado haber relajado las medidas de protección o ignorado las advertencias sobre los riesgos para acelerar las entregas.
“No puedo creer que no te hayas disculpado, que no tengas un poco de vergüenza o que no asumas ninguna responsabilidad por lo que les hiciste a esos niños”, le reprochó Hilton en el debate.
En una audiencia ante un comité del Congreso en julio de 2023, cuando todavía ocupaba el cargo, Becerra explicó que su Gobierno afrontaba “grandes retos” para evitar que los menores quedaran “estancados” en los centros migratorios. Durante el debate televisado en octubre pasado, el demócrata respondió con un argumento más directo: “Trump dejó un sistema para cuidar a estos niños migrantes, que él no quería, que ha sido desmantelado. Lo dejó muy claro. ¿Lo recuerdas?”, expresó dirigiéndose a Hilton. “Él ponía a los niños en jaulas. Él separó a esos niños de sus padres”.
Source: El País · Isaías Alvarado
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