El Fondo Global de Pensiones del Gobierno Noruego fue creado en los años noventa para invertir a largo plazo las ganancias del petróleo y el gas del Mar del Norte, hoy es uno de los más grandes del mundo y supone más de una quinta parte del presupuesto de este país. Una campaña ciudadana propone ahora la instauración en España de un fondo similar, pero a partir de la energía del sol y el viento, entre otros ingresos, para responder a necesidades de las generaciones actuales y del futuro.
“El Fondo de Noruega ha ido multiplicando su patrimonio a través de inversiones y el 3,5% se ha ido destinando con el paso de los años a sostener uno de los estados del bienestar más avanzados”, incide Javier Peña, comunicador ambiental y una de las caras visibles de este movimiento. “La idea es trasladar esto a un país como España que cuenta con un recurso solar sin comparación en toda Europa, para compartir esta riqueza entre generaciones y solucionar los problemas que tenemos como sociedad”.
Esta es una de las propuestas lanzadas este martes de cara a las elecciones generales del próximo 29 de noviembre por Impulso Regenerativo, una plataforma de confluencia coordinada por Hope, fundación liderada por Peña, con un importante respaldo ciudadano detrás. La campaña, que lleva por nombre ‘España puede ser la hostia’, pide a los partidos políticos que incorporen estas iniciativas en sus programas, pero también trata de dar la vuelta al discurso ambiental y climático más habitual para no incidir tanto en la parte negativa de no actuar como en las grandes ventajas de poner en marcha determinadas actuaciones.
De ahí sale la idea de crear un fondo generacional de la energía, inspirado en el modelo noruego, “para transformar una parte de la riqueza renovable en patrimonio colectivo para las próximas generaciones”. Los impulsores proponen que este mecanismo financiero se nutra con ingresos procedentes de los nuevos parques eólicos y solares de los que el Estado compre un 30%, de la recuperación de las presas hidroeléctricas cuyas concesiones deben expirar en los próximos, de una parte del mercado de derechos de CO₂ y de inversiones de ciudadanos con sus ahorros. Con todo esto, estiman que en 2050 se podrían conseguir más de 12.500 millones de euros al año, un capital no para gastar si no para reinvertir de distintas formas para que vaya aumentando a largo plazo.
Como explica Manel Rivero Rossi, consultor energético y otro de los promotores, proponen invertir un 50% del fondo en acciones y bonos de todo el mundo, y la otra parte dedicarla a políticas de vivienda y transición energética que produzcan un retorno económico. Por un lado, se financiarían rehabilitaciones de hogares con préstamos que no requieran adelantar el dinero y se puedan devolver con los ahorros de energía obtenidos. Y, por otro, se construiría o recuperaría vivienda pública para ayudar a solucionar el grave problema actual, traduciéndose esto en alquileres con precios tasados que proporcionen nuevos ingresos para el fondo. “No pretendemos decir a los políticos lo que tienen que hacer, pero sí demostrar que sí es posible”, asegura Rivero Rossi.
Como ocurre con el fondo de Noruega, de todo este dinero, solo se prevé gastar anualmente una pequeña parte con el que se cubriría a partir de 2050 el 4,6% de las pensiones. Los promotores han lanzado una herramienta con la que se puede simular cómo varía el fondo generacional cambiando las distintas variables. “Parece que no hay futuro, pero sí lo hay”, destaca Rivero Rossi. “El cambio más brutal de este fondo es que de pronto dejas de pensar en el dinero que tienes para gastar, levantas la cabeza y empiezas a mirar a 2050, 2060, 2070, viendo lo que se puede hacer a más largo plazo”.
Los promotores defieden que además de contribuir a dar seguridad a las pensiones, este mecanismo permitiría rehabilitar energéticamente casi un millón de viviendas y adquirir o construir otras 180.000 para el parque público de alquiler en 2050. Las otras propuestas de esta campaña ciudadana son: un plan nacional para alcanzar tres millones de hectáreas de agricultura regenerativa en 2030 y revertir la despoblación rural mediante la renaturalización de los paisajes y la recuperación de grandes herbívoros.
Según incide Peña, “nuestras propuestas no están basadas en ideas morales ni en deseos, sino en mecanismos concretos y aplicables, que pensamos que son asumibles por la gran mayoría de los partidos, porque suponen ganancias para el país, con un plan colectivo que nos permita mirar al futuro con ilusión y con esperanza”. Este comunicador ambiental se dio a conocer en redes sociales publicando vídeos con ejemplos positivos de lo que se puede hacer para luchar contra el cambio climático. Posteriormente, consiguió lanzar una serie documental de seis capítulos con esta misma idea, Hope, que echó a andar con un crowdfunding y terminó con un presupuesto de 2,4 millones de euros, y emitiéndose en Televisión Española. Justamente, a partir de esta serie, hubo gente que empezó a reunirse en videofórums para verla y que luego pasó a formar grupos organizados para llevar a cabo acciones concretas. Este movimiento ya tiene unos 300 grupos locales e integra a unas 7.000 personas, siendo una parte importante de la plataforma Impulso Regenerativo que lanza ahora estas propuestas.
Source: El País · Clemente Álvarez
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