Tres días después de que Rusia atacara una escuela reconvertida en centro de distribución de ayuda humanitaria en la población de Komishuvakha, en la región de Zaporiyia, los cuerpos de rescate ucranios siguen recuperando cadáveres bajo los escombros. Según la policía, la cifra de fallecidos asciende ya a 43 y buscan al menos a 33 personas más que están desaparecidas. Este es el ataque más mortífero en esta provincia sureña de Ucrania desde que Moscú lanzó la invasión a gran escala en febrero de 2022.
“Lamentablemente, la reacción internacional ante este ataque insensato ha sido mínima”, dijo el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, al llamar la atención sobre este bombardeo. “Este, al igual que miles de otros crímenes de guerra cometidos por Rusia contra Ucrania y el pueblo ucranio, exige una respuesta contundente. El mal siempre se extiende más si queda impune”, añadió.
La primera bomba guiada cayó en la escuela de Komishuvakha en la mañana del 2 de noviembre. Como sucede semanalmente, según las autoridades locales, alrededor de un centenar de personas se estaban reuniendo allí para recoger ayuda humanitaria. Esta población de Zaporiyia está a solo 17 kilómetros de distancia de la llamada línea gris, zona de combate, y como consecuencia del peligro, las clases están suspendidas desde hace tiempo. El edificio escolar, explican, se usa para actividades de apoyo a la población.
Pasado el primer ataque, que ya había dejado muertos y heridos, a la zona acudieron militares, policías e integrantes de servicios de emergencia. Quienes sobrevivieron estaban todavía en shock cuando, según se ve en un vídeo recogido por la cámara personal de uno de los policías que murió durante el ataque, recibieron el aviso de que otra bomba venía en camino. Muchos buscaron protección en un refugio cercano. En ese momento cayeron sobre el lugar más bombas guiadas; estas pueden ser lanzadas desde una distancia de más de 100 kilómetros y tienen capacidad de causar un daño enorme.
Este tipo de bombas lanzadas desde aviones son, incluso más que los drones, la peor pesadilla para las poblaciones que viven en áreas cercanas al frente. Según la policía ucrania, en este ataque Rusia usó una bomba Fab 3000 de más de tres toneladas. Como consecuencia, quienes estaban en el refugio quedaron sepultados bajo tierra y, según las autoridades, dos rescatistas y cuatro policías que acudieron al lugar del ataque murieron también.
Los rescatistas siguen buscando este jueves a los desaparecidos, pero la labor es extremadamente difícil por las condiciones de seguridad. Las fuerzas rusas siguen sobrevolando la zona con drones. En los vídeos que circulan en las redes sociales se puede ver a militares y otros integrantes de las fuerzas armadas intentando derribarlos con sus armas, una imagen cada vez más frecuente en áreas del frente de batalla. Durante la jornada, se informó del rescate de una persona con vida.
En otras imágenes que circulan en redes sociales, se puede ver a los servicios de rescate ayudando a civiles que estaban presentes en el lugar. El Ministerio de Defensa ruso, sin embargo, afirmó que el ataque tuvo como objetivo unidades militares ucranias en los alrededores de Komishuvakha y otros dos asentamientos, y que hasta 25 militares ucranios perdieron la vida.
Esta no es la primera vez que Rusia se ensaña contra esta población. La ONU documentó un ataque con dron el pasado 15 de junio cuando, como sucedió el pasado lunes, se entregaba ayuda humanitaria. Cuatro personas sufrieron heridas.
El mortífero ataque se produjo horas después de que finalizara el alto al fuego en torno a la población ocupada de Oleshki, en la vecina región de Jersón, donde Ucrania y Rusia acordaron con mediación de Estado Unidos la evacuación de centenares de habitantes atrapados y sin alimentos. Durante seis días los ataques cesaron y la misión liderada por el defensor del pueblo de Ucrania, Dimitro Lubinets, y la comisionada de derechos humanos rusa, Yana Lantratova, logró llevar ayuda humanitaria a la población y evacuar a quienes así lo decidieron.
Sin embargo, los ataques contra la población por parte de Rusia no se han detenido; al contrario, se han intensificado. El 29 de octubre, dos drones impulsados a propulsión alcanzaron la estación de tren de Dnipró y causaron 15 muertos y al menos 14 heridos. El mismo día varios drones alcanzaron dos autobuses en la ciudad de Zaporiyia e hirieron a 13 personas; en la ciudad de Chernihiv, en el norte del país, otro ataque en el centro de la ciudad mató a dos jóvenes de 15 años.
El ataque a Zaporiyia es uno de los más mortíferos contra la población civil desde 2022. Con el paso de las horas se van acabando las esperanzas de rescatar a personas con vida. “Esta es una prueba más de que Rusia no quiere ninguna desescalada ni justicia real”, escribió Zelenski este jueves.
Source: El País · Catalina Gómez Ángel
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