Si la escritora Vicki Baum estaba en lo cierto al decir que uno de los atajos hacia la felicidad es el baile, muchos hombres agradecerán saber que no es necesario que esa danza sea especialmente memorable. De ser así, ese trayecto se volvería mucho más complicado. ¿Por qué hay tantos hombres que temen bailar? ¿Y por qué a tantas mujeres a las que un mal baile les genera verdadero rechazo? En Sorry I Don’t Dance: Why Men Refuse to Move (Perdona, pero yo no bailo: por qué los hombres se niegan a mover el esqueleto) (Oxford University Press), Maxine Leeds Craig se pregunta precisamente cómo, tras haber estado asociada la masculinidad durante un tiempo con la gracia, la danza y el movimiento, en la actualidad se considera el baile y la masculinidad se han vuelto incompatibles. “La razón por la que tantos hombres evitan bailar tiene que ver con cómo se percibe su sexualidad. Evitar parecer gay es central a la hora de representar la masculinidad normativa. El miedo a parecer homosexuales les limita a la hora de andar y de gesticular. Determina cómo bailan y evita que algunos bailen jamás”, asegura. En muchísimas películas estadounidenses, especialmente adolescentes, hay una escena primordial en la que el protagonista es pillado en su habitación haciendo algo que considera humillante e íntimo: bailar al ritmo de su canción favorita.
Imanol Fuentes, actor y bailarín, señala que, pese a que en la cultura occidental y más concretamente en la hispana hay muchas referencias de hombres con “swag” para moverse, la seducción a través del baile es algo que se considera, a día de hoy y en rasgos generales, femenino. “Creo que seguimos atados a convenciones como lo sexy que resulta un hombre estoico, muy masculino, firme, sólido y en control. Y alguien que se deja llevar por la música sin tener control de su cuerpo no está vinculado a ninguno de esos conceptos. ¿Nos imaginamos acaso a un vikingo bailando bachata? ¿A un bombero bailando hip-hop? ¿Y a un policía bailando sevillanas?”, pregunta.
Un túnel traicionero
Se abre el telón y aparece un hombre bailando. ¿Qué programa es? Puede ser cualquiera, desde El hormiguero hasta cualquier programa estadounidense de variedades. Crea viralidad, deja a la audiencia pegada. Si el invitado baila bien, estupendo. Si baila mal, mejor. Uno de los bailes más memorables del cine lo protagonizó en 1983 Tom Cruise. Al ritmo de Old Time Rock and Roll, de Bob Seger, y en ropa interior, calcetines y gafas de sol, el actor creó en Risky Business una escena que ha sido recreada en diversas ocasiones.
El propio Cruise ha sido el encargado de hacerlo por última vez en The Spirit Tunnel, el televisivo pasillo creado por los miembros del equipo del programa The Jennifer Hudson Show, uno de esos que obligan a sus invitados a bailar. Unos metros que se recorren en un minuto y en el que los invitados bailan antes de salir al escenario. Las mofas no se han hecho esperar. “Es humillante”, ha dicho un internauta. “Es incapaz de seguir el ritmo, aunque le vaya la vida en ello”, asegura otro. “Es la primera vez que parece viejo y agarrotado”, comenta otra persona.
El túnel de la discordia es repudiado por quienes creen que pasar por él puede ser –que se lo digan a Cruise– motivo de escarnio. Noah Wyle, protagonista de la serie The Pitt (2025), se negó a pasar por él alegando que se niega a bailar en público tras haber tenido una vergonzosa experiencia en la celebración del mitzvah de un compañero de clase. Sin embargo, otros actores sorprenden con sus habilidades sobre la pista. Es el caso de Penn Badgley, que acudió al programa para promocionar la última temporada de la serie You (2018-25) y se marcó un baile que convenció incluso a los comentaristas culturales más ácidos, como Blakely Neiman Thornton.
El túnel por el que danzan las celebridades destaca por su viralidad, pero también por la incomodidad que genera ver a quienes no son precisamente duchos en el baile. Por eso Trishna Rikhy se pregunta en la edición americana de GQ cómo deberían enfrentarse los hombres a ese venerado y temido túnel. “Es divertido y desenfadado, sí. Pero también es un lugar donde un hombre se enfrenta a la prueba definitiva: ¿tiene el carisma, el aura y la energía necesarios para que un vídeo de entre 45 segundos y dos minutos bailando por un pasillo luzca bien?”, pregunta. “Independientemente del resultado, es probable que el vídeo se viralice, lo que significa que el Spirit Tunnel de cada celebridad masculina es importante para construir su imagen pública”. O para destruirla, pues a Tom Cruise no le ha salido del todo bien la jugada.
Cuando el físico importa
La propia Rikhy reconoce que tener buena percha, en cualquier caso, siempre juega a favor. Es el caso de Óscar y Mario Casas, que durante el confinamiento subieron un vídeo bailando que ruborizó a algunas (entre ellas, La Vecina Rubia) y generó auténtica repulsión a otras. Otro baile que despierta pasiones en la mayoría de los casos y horripila a algunas es el del actor Belmont Cameli, protagonista de Off Campus. “Son los siete segundos de vídeo más sexis que he visto en mi vida”, dijo la creadora de contenido Tinx en su podcast, It’s Me, Tinx. “Está siendo libre y sexy. Creo que a la gente le da miedo ver a los hombres expresarse con libertad y hacer el tonto. Sus movimientos de cadera me hicieron pensar en ciertas cosas…”. Es obvio que, en el caso de Cameli, suma puntos el hecho de que es un actor joven, guapo y de cuerpo cincelado en el gimnasio. “TikTok nos ha enseñado que un hombre atractivo puede generar pasiones con bailes tan simples que los podría copiar un mono o un chihuahua. La belleza oculta fallos como la falta de ritmo o coordinación. Así como en una peli de Disney legitimamos enamorarse en 45 segundos si el tipo en cuestión es guapo y tiene un reino por heredar, TikTok nos ha enseñado que no hace falta ser Michael Jackson si tienes buenos abdominales”, puntualiza Imanol Fuentes.
Christopher Argodale, bailarín, se quejó en Mel Magazine que no había suficientes referentes masculinos que bailen en la cultura popular. “La falta de representación de hombres bailando, especialmente juntos, en los medios populares es un problema”, decía. “Apenas hay imágenes de hombres bailando para expresar alegría; más bien, el baile se presenta como un arma en una guerra por el territorio para conquistar a una chica”. Programas como Bailando con las estrellas, enormemente popular en Estados Unidos, se están encargando de que la imagen de hombres que bailan sin miedo se vuelva más habitual y que los hombres heterosexuales, en concreto, pierdan el miedo a dejar de performar cierto tipo de masculinidad estática.
“Desde jugadores de la NFL hasta luchadores de la UFC y pilotos de IndyCar, Bailando con las estrellas ha visto a decenas de famosos masculinos de entornos tradicionalmente masculinos convertirse en auténticos reyes del baile, sin miedo a perder su masculinidad. ¿Y la verdad? No hay nada más atractivo”, escribió la periodista Corrinne Sullivan en un artículo de Cosmopolitan que celebraba a los hombres heterosexuales de los talent shows de baile. Por su parte, Emma Kelly publicó en el británico Metro una columna de opinión a la que titulaba Ver ‘Bailando con las estrellas’ tendría que ser obligatorio para los hombres, hablando del caso del actor y piloto de carreras Kelvin Fletcher, uno de los participantes en su versión británica. “Este hombretón se ha entregado por completo a los movimientos de cadera, los contoneos y los movimientos de pecho al estilo Beyoncé, todo ello con el vestuario más ajustado del mundo. Está demostrando que ser masculino no se trata solo de cambiar neumáticos, beber cerveza a tragos y que te guste el fútbol”, argumentaba. “Los hombres masculinos pueden bailar, ser sensibles, hacer twerking, llorar. Entre los bailarines profesionales masculinos hay hombres homosexuales y heterosexuales, pero todos abrazan su lado femenino y masculino. Por cada movimiento de cadera y cada mano delicadamente colocada, hay un potente paso de baile y una elevación imponente, y no hay ni rastro de comentarios homófobos”.
Hay un mito que asegura que las habilidades amatorias de los hombres pueden adivinarse al verlos bailar, y aunque la ciencia no ha dicho demasiado al respecto, sí existe una investigación que revela qué detalles son los que atraen a las mujeres: la envergadura del movimiento del cuello, del tronco y del hombro y la muñeca izquierdos, así como la variedad de movimientos del cuello, del tronco y de la muñeca izquierda, y la velocidad del movimiento de la rodilla derecha. “Es el primer estudio que muestra objetivamente lo que distingue a un buen bailarín de uno malo. Los hombres de todo el mundo estarán interesados en saber qué movimientos pueden hacer para captar la atención de las mujeres”, señaló Nick Neave, uno de los investigadores que han liderado el estudio. “Ahora sabemos cuál es la zona del cuerpo de los hombres que las mujeres miran cuando juzgan si el baile de un hombre es o no atractivo. Si un hombre sabe cuáles son los movimientos clave, puede ensayarlos y mejorar sus posibilidades de conquistar al sexo contrario con su forma de bailar”, añadía.
Bailes caricaturescos
El baile de Pedro Sánchez a ritmo de Malibu, de Rusowsky, al entrar en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada el pasado fin de semana ha sido muy comentado. Hace una década Miquel Iceta (entonces secretario del PSC) convirtió en un momento viral su propio baile desacomplejado a ritmo de Don’t Stop Me Now, de Queen. Y cómo no, Donald Trump cuenta con su propia danza para el recuerdo. El año pasado, frente a los miembros de la Marina estadounidense, hizo su particular ¿baile? mientras sonaba YMCA de Village People, reconvertida en himno del trumpismo.
El público es especialmente crítico con aquellos que, habiendo bailado muy bien, lo hacen, repentinamente, un poco peor. Es el caso de Cruise y también lo ha sido de Justin Timberlake, gran rey de las coreografías en su juventud, que en 2022 se puso a bailar al ritmo de uno de sus viejos éxitos, Sexyback, con pantalones caquis y camisa de manga corta, dejando para la posteridad una estampa que se convirtió en meme. “Parece mi profesor de primaria intentando demostrar que todavía es cool”, decía uno de los comentarios en redes sociales. El propio Timberlake pidió disculpas dos días después. “Quiero disculparme con vosotros por dos razones”, dijo antes de mostrar sus pies ante la cámara. “He hablado largo y tendido con ambos, de forma individual, y les he dicho que no vuelvan a hacerme algo parecido. O tal vez fueron los pantalones caqui”.
Otro baile que dio mucho que hablar fue el de Miguel Bosé en pijama -con algún roto que otro- ante su atónito perro y al ritmo de un tema de Il Est Vilain. Muchos internautas, no sin guasa, aseguraron que el cantante sigue “farmeando aura”. Aunque para bailes inolvidables, el de David Bisbal en su casting de OT, tan popular que hay vídeos donde se repite durante una hora mientras suena el tema de la serie Farmacia de guardia y que cuenta con versiones con otros temas diferentes.
Entonces, ¿es un mal baile el fin del atractivo en un hombre? ¿Deben evitar intentarlo si no lo hacen bien? Imanol Fuentes no lo cree así. “Encuentro bastante atractivos a esos hombres que independientemente de lo bien que bailen, no se toman lo suficientemente en serio para que nada de esto les importe. Hay algo muy sexy en alguien que puede pasárselo bien sin pensar mucho en qué pensarán de él. Invita a pasártelo bien tu también. ¡Bravo por los malos bailarines que son los reyes de la pista!”.
Source: El País · Marita Alonso
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