Barack Obama acaba de saltar al podio. Cerca de 10.000 votantes en este pabellón de Morrow, en las afueras de Atlanta, aguardan sus palabras. Es la gran atracción de este mitin para movilizar el voto y apoyar las candidaturas de Jon Ossoff para renovar su escaño en el Senado y de Keisha Lance Bottoms como gobernadora de Georgia en las elecciones de mitad de mandato de este martes. Hablará del que se ha convertido en su tema favorito esta carrera electoral: la corrupción de Donald Trump.

“Hemos perdido la cuenta de todos los negocios que (Trump) y su familia han hecho, desde monedas digitales a contratos pagados por el contribuyente para las empresas de sus hijos. Él ha ganado miles de millones en el cargo”, ruge el expresidente demócrata. “Ni un solo congresista republicano le ha puesto ni una sola pega”. La ovación es ensordecedora.

La economía y el coste de la vida —los altos precios del combustible, en especial, pero también de los alimentos, de la vivienda, de los seguros médicos— ha sido el leit motiv de la campaña de estas elecciones, en las que está en juego el control de la Cámara de Representantes y el Senado estadounidenses —y, con ellos, la posibilidad de limitar o favorecer la agenda legislativa del presidente Trump—, así como gobernadurías y parlamentos estatales. Pero en la recta final, otro asunto se ha impuesto también en la mente de los votantes: la corrupción.

“Es completamente antiamericana. Queremos poner límites, recuperar nuestros valores y nuestra integridad, volver a lo que creo que la mayoría de la gente pensamos”, opina Kay McKenna, jubilada y residente en Macon (Georgia), que revela que en el pasado votó al partido ahora en el Gobierno. “Esta vez, no”, asegura tajante.

Referencias constantes a la corrupción

Los candidatos demócratas hacen referencia constante a la corrupción en sus discursos. Y la idea ha calado. Si apenas figuraba en las listas de preocupaciones de los votantes hace unos meses, este octubre una encuesta de la cadena conservadora de televisión Fox News encontraba que el 88% del electorado se declara “extremadamente” o “muy” preocupado sobre la corrupción en el Gobierno.

Otro sondeo de la firma Harris para el periódico The Guardian arroja datos similares: nueve de cada diez estadounidenses considera que la corrupción es un problema, y el 76% opina que los representantes del Gobierno se preocupan más por enriquecerse que por mejorar las vidas de sus conciudadanos. La corrupción aparece como un asunto más importante a la hora de votar que la inmigración, la sanidad o la inteligencia artificial, y solo está por detrás del coste de la vida en cuanto a gravedad.

Las críticas aluden a la escalada en la riqueza personal de Donald Trump y su familia, como mencionaba Obama en su discurso en Morrow: desde su regreso a la Casa Blanca, el mandatario ha ganado más de 2.200 millones de dólares, sobre todo en negocios de criptomonedas; una cantidad nunca vista, ni de lejos, en ningún otro mandato presidencial.

Empresarios cercanos al republicano y su familia han logrado pingües negocios; el faraónico salón de baile que el antiguo magnate inmobiliario construye en el ala Este de la residencia presidencial ha recibido donaciones del sector privado por valor de más de 300 millones de dólares, incluidos compromisos de 25 millones cada uno por parte de las tecnológicas Apple y Nvidia. Trump presume abiertamente de los muchos millones que ha ganado el sector energético en las guerras actuales.

La sombra de la sospecha no se cierne solo en torno a lo económico. También sobre asuntos como la falta de transparencia acerca de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein.

“Hace solo seis meses, la corrupción no era un asunto primordial para los votantes. A pocos días de las midterms, se ha convertido absolutamente en uno de los temas de los votantes. Y la razón es que cunde la sensación de que ‘otros avanzan mientras yo me quedo atrás’, y no creen que el sistema funcione. Creen que el sistema se ha amañado, y pervertido, y se ha utilizado de modo torticero, y eso causa un resentimiento que se va a sentir el día de las elecciones”, predice el encuestador y analista político Frank Luntz.

Toda una serie de campañas han planteado una serie de cuestiones sobre la ética de los candidatos, desde la batalla por un escaño en el Senado por Texas, donde se ha cuestionado la integridad del republicano Ken Paxton, a la pelea por el puesto de gobernador en Ohio, donde un anuncio emitido por la campaña del también republicano Vivek Ramaswamy contra la aspirante demócrata, Amy Acton, se vio rodeado de inmediato de un escándalo sobre abusos sexuales.

En Kansas, el demócrata Adam Hamilton acusa a su oponente, el senador Roger Marshall, de residir realmente en Florida, donde poseía una mansión (la vendió en octubre), y no pasar tiempo en el Estado que representa.

“Estas elecciones no van de la izquierda contra la derecha”, apuntaba el candidato demócrata al Senado por Texas, James Talarico, sobre las denuncias de corrupción en torno a Paxton, fiscal general de este Estado y al que sus propios correligionarios llegaron a abrir un juicio político. “Van de si tendremos un senador que hace que ustedes puedan llevarse dinero al bolsillo o un senador que se mete dinero al bolsillo”.

El asunto no solo se cierne sobre candidatos republicanos. En Minnesota, es la candidata demócrata al Senado la que afronta denuncias sobre fraude en los subsidios sociales. En Alaska, el gobernador ha ordenado una investigación sobre las denuncias de que la campaña de la candidata a senadora Mary Peltola buscó a un candidato de nombre similar al del oponente republicano, el senador Dan Sullivan, para que también se presentara y tratar de confundir a los votantes.

Candidatos como Ossoff han hecho de la corrupción uno de los temas centrales de sus discursos en los mítines, en los que detalla negocios concretos. Ese tipo de contratos poco transparentes, denuncia, “es por lo que nada funciona en favor de la gente”, apunta. Trump, señala, llegó a la Casa Blanca prometiendo limpiar las cloacas. “Pero no está limpiando el sistema. Lo está ensuciando a su favor”.

Un estudio del Brennan Center for Justice, una organización no gubernamental que defiende la integridad del voto, encuentra que en esta campaña electoral se dispararon las alusiones a la ética gubernamental en los anuncios de televisión y se colocaron en los niveles más altos de los últimos catorce años. Casi un 24% de esos anuncios para las campañas para la Cámara de Representantes y un 16% de las del Senado mencionaron la ética gubernamental, un asunto que apenas estuvo presente en la propaganda de las presidenciales de 2024.

La campaña ya toca a su fin. El plazo para votar por anticipado en persona ya ha concluido en diversos Estados, mientras los candidatos dan un último arreón en mítines y actos electorales para movilizar el voto de los rezagados y tratar de convencer a los últimos indecisos. Aunque las cifras iniciales de participación hablan de un enorme interés de los electores en esta cita, muy superior al que suelen generar habitualmente unas midterms: más de 51 millones de ciudadanos ya han depositado su papeleta, bien en persona o bien por correo, un 25% más que en las elecciones de medio mandato de 2022.

Las encuestas apuntan a una victoria de los demócratas, impulsados por el malestar en torno a la economía y a la corrupción y la profunda impopularidad de Trump, al que desaprueban el 59,9% de los votantes por su gestión del coste de la vida, la guerra contra Irán o los aranceles, entre otros asuntos.

Los agregadores de encuestas otorgan a la oposición una ventaja de más de ocho puntos porcentuales para recuperar la Cámara de Representantes, de 435 escaños, donde les basta con sumar cuatro escaños más a los 214 con que cuentan hasta ahora.

Esos sondeos apuntan que también podrían controlar el Senado, de 100 escaños, algo que parecía imposible a comienzos de este año. Los demócratas, que tienen 47 asientos, deben sumar al menos otros cuatro. Las encuestas encuentran muy igualadas las contiendas en al menos siete Estados: Míchigan, Alaska, Maine, Iowa, Ohio, Kansas y Texas. Solo en Míchigan el escaño actual es demócrata.

El presidente cerró este domingo su campaña con dos mítines, uno en Iowa y el otro en Kansas, después de haberlos cancelado inicialmente porque, según él, ambos Estados estaban en “buena forma” para los republicanos.

Source: El País · Macarena Vidal Liy

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