Itziar e Isabel colocaban este martes los periódicos en su quiosco, situado en la misma calle donde se desarrollaron los disturbios más graves de Bilbao. Miraban con estupefacción algunas de las fotografías de los diarios. “Esto es una cosa surrealista para nuestra ciudad”, exclamaban. Han podido abrir porque su establecimiento se libró de los daños causados por manifestantes gracias a un compañero “que hizo de portero” y a que echaron la persiana antes de la hora habitual. “Lo de anoche no tiene nombre. La sociedad tiene que ser mucho más madura”, exclamaba uno de los clientes habituales del quiosco. Dos jóvenes que pasaban por este punto en dirección a la universidad sentenciaban: “Esto ha sido muy vasto. No nos representa”.

El balance de la Ertzaintza cifra, por el momento, en 17 las personas detenidas, 10 de ellas menores de edad —uno de 14 años— y el resto con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. Además, hay un investigado de 22. Todos los que han pasado a disposición judicial en las últimas horas han quedado en libertad con cargos. Ninguno tenía antecedentes.

“Los menores de edad tienen una responsabilidad penal especial, pero, en cuanto a la civil, derivada de los daños causados, los responsables solidarios serán sus padres”, explica el abogado penalista Borja Vigo. La Ertzaintza trabaja ya en identificar a más autores para remitir los atestados al juzgado o a la Fiscalía de Menores. El letrado señala que “lo habitual es que el ayuntamiento se persone como acusación particular en los diferentes procedimientos, tratando de resarcirse de estos daños, siempre que hayan sido tasados y atribuidos a personas en concreto”.

Los desperfectos materiales ascienden a 38 contenedores incendiados, valorados en 55.000 euros, según el consistorio. A esta cifra se suman un banco dañado y seis vehículos calcinados ―una motocicleta de la Policía Local y cinco automóviles estacionados en la calle―. A esto habría que sumar los daños en comercios.

Más allá del balance de detenidos y destrozos, todavía no está claro a quién secundaban los autores de los disturbios. Las principales manifestaciones fueron convocadas por varios movimientos juveniles independentistas de izquierda y sindicatos. Todos ellos se responsabilizan de las convocatorias, pero se desmarcan de la violencia callejera. La CNT ha sido la primera en posicionarse. “Ni las organizaciones antifascistas convocantes y organizadoras (…), ni nuestra militancia, han tenido nada que ver con ellos. Esto es muy preocupante”, ha escrito en su perfil de X.

En la misma dirección apuntan varias fuentes policiales consultadas por EL PAÍS. Todavía es pronto para determinar con exactitud bajo qué siglas ha actuado este centenar de jóvenes. Todas coinciden en señalar las diferencias entre estos altercados y la kale borroka sufrida durante la actividad armada de ETA. “En Euskadi hay grupos que saben cómo actuar y generar cierto descontrol cuando se producen cargas policiales en manifestaciones”, sostiene un profesor universitario de Ciencias Políticas, conocedor de estos movimientos. Sin embargo, el pasado lunes no hubo cargas policiales en un primer momento. Llama la atención el perfil y la edad de los investigados. “Además, destruir por destruir, sin una actuación policial previa que desencadene los altercados, tampoco es una forma habitual de actuar de estos grupos juveniles, al menos, en los últimos años”, añade este profesor, que pide ocultar su nombre.

Por eso, estas fuentes atribuyen los actos a grupos extremistas sin una reivindicación concreta, ni un objetivo vinculado a la propia movilización. La policía vasca no descarta que procedan de diferentes ámbitos, entre ellos el fútbol, o incluso de fuera de Euskadi. Los gritos de gora ETA militarra coreados durante uno de los momentos de los disturbios se interpretan como una consigna reivindicativa de un colectivo que no ha vivido los años más duros de la banda terrorista.

Redes sociales y discursos de odio

A la dificultad para identificar a los autores se suma el papel de las redes sociales en la difusión de las convocatorias y la amplificación de los acontecimientos. El experto en discursos de odio de la EHU, Iker Lauzirika, sostiene que será muy difícil demostrar qué persona o colectivo concreto ha incitado estos hechos violentos. “Las convocatorias y los discursos de este tipo, incluidas las reacciones a la manifestación, se ven beneficiados por los algoritmos de las redes sociales. Estos algoritmos favorecen, por un lado, la polarización y, por otro, determinados tipos de discursos sin un origen claro”, señala el investigador.

El caos del universo de las redes sociales también llega a la calle. “Las imágenes que circulan pueden dar la impresión de que todo Bilbao está quemado, cuando no es así. Las redes sociales amplifican lo que ocurre, favorecen este tipo de enfrentamientos y pueden transmitir una dimensión de los acontecimientos mucho mayor que la real”, advierte Lauzirika.

Las condenas a los altercados se han sucedido desde los primeros incidentes. El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, los ha calificado de “espeluznantes” y los ha condenado “con rotundidad”. El primer edil ha descrito a sus autores como una “cuadrilla de embajadores del fascismo, la violencia y el terror”. El Ayuntamiento de Bilbao ha aprobado una declaración institucional, con el apoyo de todos los grupos a excepción de Bildu, en la que condena “los graves disturbios” y los gritos en favor de la banda terrorista. La coalición abertzale ha publicado su propio comunicado, en el que afirma que “no comparte las actuaciones lamentables” y considera que “perjudican la convivencia y afectan directamente al bienestar de las vecinas y vecinos, comerciantes y ciudadanía en general”.

El Gobierno vasco, por su parte, ha dejado claro que no va a permitir que “una minoría violenta condicione la convivencia” y la “haga retroceder”. Su portavoz, María Ubarretxena, ha defendido que “la violencia no tiene cabida en Euskadi”. “Ninguna provocación la justifica. Ningún fin la legitima”, ha añadido, y ha emplazado “a todas las fuerzas políticas, agentes sociales vascos y al conjunto de la sociedad vasca a que se sumen a esta condena”.

Source: El País · Gonzalo Loza

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