En la Argentina hay competencias para todos los gustos, pero pocas despiertan tanto orgullo como la carrera por el salame más largo del país. Lo que empezó como una modesta exhibición de destreza chacinera terminó convirtiéndose en un duelo metro a metro entre localidades bonaerenses que se niegan a ceder un solo centímetro. Un recordatorio de que el hombre, en el fondo, siempre busca medir cosas de gran tamaño para sentirse mejor consigo mismo.
La historia reciente de esta contienda muestra cómo las récords fueron escalando a un ritmo desenfrenado. En 2021, Tandil había sentado un precedente al alcanzar una pieza de aproximadamente 113 metros. La chispa de la rivalidad no tardó en encenderse: en 2022, San Andrés de Giles hizo su entrada triunfal en escena al presentar un salame de 133 metros y comenzar a gestar su propia fiesta popular, demostrando que nada une más a dos pueblos bonaerenses que el deseo ferviente de superar al vecino.
A partir de allí, la escala no paró de crecer. En 2023, la localidad gilense elevó la vara a los 230,77 metros, trepando a los 356,66 metros en 2024; y en agosto de 2025 volvió a sacudir el tablero con un auténtico “Big Salame” de 469,18 metros.
Si bien en noviembre de 2025, en el marco de su tradicional festival, los productores tandilenses lograron una pieza monumental de 487,22 metros, recuperando temporalmente el cetro nacional, la gloria duró menos que un matrimonio moderno: en agosto de 2026, la firma Chacinados La Vasquita de San Andrés de Giles pegó un nuevo zarpazo y presentó un embutido récord de 501,66 metros: más de medio kilómetro de salame continuo que obligó a los tandilenses a volver a afilar los cuchillos y a replantearse sus elecciones de vida.
Ahora bien, detrás de tanta pasión desenfrenada, ¿hasta dónde puede estirarse un récord de salame? “Técnicamente un salame puede extender su longitud de acuerdo a la cantidad de metros que tienen los rollos de tripa, que actualmente -los de mayor longitud- alcanzan los 1000 metros. Ese es el límite”, admite Juana Balbina Echezarreta, representante del Consejo de la Denominación de Origen del Salame de Tandil, y heredera de una estirpe de vascos que llevan el arte de la charcutería en el ADN familiar.
Echezarreta sabe de que habla. Integrante de la firma Estancias Integradas, revela que incluso están iniciando los vínculos para poder certificar el intento de récord ante Guinness en los próximos años: “Es una proeza sí, la complejidad que tiene lo hace aún más atractivo, ya que si bien el primer proceso es el mismo que un salame de góndola, el embutido y el atado es distinto. Solo quienes conocen el oficio y trabajan en las fábricas tienen el conocimiento de cómo se comporta el producto y cómo se puede manipular para que no se rompa. Ese saber hacer nos ha llevado a poder cambiar la forma de presentar el salame y de medirlo en el escenario donde la gente, además de un escribano, atestigua la labor realizada y el récord”, analiza.
Puertas adentro, la competencia directa contra la marca de 501,66 metros fijada por San Andrés de Giles en agosto se palpita con una tensión digna de una definición por penales: “Se vive con mucha emoción. Teniendo en cuenta que se fabrica un salame con una cantidad de metros que, a medida que se va madurando va cambiando su estructura en cuanto a longitud y diámetro, no sabemos su medida real hasta el momento de medirlo, lo que eleva la adrenalina nuestra y del público”, explica la especialista sobre el final abierto que aporta aún más suspenso a la contienda.
“Nos daría una alegría inmensa recuperar el récord, pero, más allá de eso, nos pone muy contentos que no seamos los únicos que trabajamos por dar a conocer al consumidor nuestra actividad, nuestra producción y nuestros sabores”, aporta la representante del Consejo de la Denominación de Origen del Salame de Tandil, demostrando un espíritu deportivo impecable en medio de una competencia feroz.
Con el suspenso al límite y una histórica disputa de fondo, la contienda promete un final abierto para definir, centímetro a centímetro, quién se queda con el salame más largo.
Un desafío con sello de origen e historia inmigrante
Más allá del folclore que albergará la octava edición de la Fiesta del Salame y del Cerdo (Chacinar 2026), que se desarrollará del sábado 7 al lunes 9 de noviembre, la elaboración del Salame de Tandil tiene un sustento productivo e histórico ligado a la identidad de la ciudad desde fines del siglo XIX y principios del XX.
Con las corrientes migratorias europeas, familias de origen italiano y español arribaron a la región trayendo consigo recetas, secretos de adobo y técnicas ancestrales de chacinado. Con el tiempo, esos saberes se amalgamaron con la calidad de la materia prima local y, muy especialmente, con el microclima del entorno serrano, cuyas condiciones ambientales resultan determinantes para lograr una maduración óptima en textura, aroma y sabor.
Esa combinación única entre carnes seleccionadas (vacuna y porcina), tocino de primera calidad y especias características alcanzó su reconocimiento institucional en 2011, cuando el Salame de Tandil obtuvo la Denominación de Origen (D.O.) mediante la Resolución 986/2011 del entonces Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.
Durante las tres jornadas, los asistentes podrán recorrer diversas áreas de gastronomía y degustaciones, patio cervecero y food trucks y sectores didácticos y recreativos con espectáculos artísticos y musicales en vivo.
Cuándo y dónde es la Fiesta del Salame y del Cerdo
Por Alejandro RapettiSource: La Nación · Alejandro Rapetti
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