Tuvo tres días para decidir si dejar atrás su vida en los Estados Unidos y viajar a Rosario para una nueva aventura. No lo dudó. Dijo que sí. “Me gusta hacer cosas ‘out of the box’ (fuera de la zona de confort); cuando uno está incómodo, crece; tomar esta decisión de mudarme tan lejos era una locura y la acepté por eso”, contesta la futbolista Zoey Kuhn en una charla con LA NACION. Zoey todavía no habla español y acepta la entrevista con la condición de que sea en su idioma. Con 22 años, y nacida en Thousands Oaks, California, acaba de terminar su primera temporada en el fútbol argentino, donde logró el ascenso a la máxima categoría y el título en la Primera B con Rosario Central.

Zoey Kuhn ya probó el mate y el fernet. “No soy tan fan del mate como todas en el equipo, pero porque a mí me gusta mucho tomar agua”. Sobre la bebida alcohólica remarca lo mismo: “Es interesante, no sé cómo me siento al respecto, pero soy más del agua”. También degustó el asado, pero desaprobó los chinchulines. “Una vez me dieron para probar y casi vomito; lo comí y después me dijeron qué era y casi me muero”, se sincera sobre la achura que es un clásico en el asado argentino.

Zoey Kuhn tuvo una gran primera temporada en Rosario Central: logró el ascenso y el título

Los comienzos de Zoey Kuhn en el fútbol

Es la número 9 de Rosario Central, pero no siempre jugó en esa posición. Durante toda su infancia y parte de su adolescencia, Zoey Kuhn jugó como arquera. A los tres años empezó en una liga recreativa local y luego pasó al fútbol competitivo a los 7 u 8 años. “Tengo un hermano mayor que jugaba al fútbol cuando yo era muy chiquita, y mi papá me sentaba en una sillita en la línea lateral y yo siempre preguntaba: ‘¿Cuándo puedo jugar yo?’“. El hermano vive ahora en Las Vegas con su papá, pero no siguió en el deporte. Zoey, sí.

Zoey Kuhn en su etapa como arquera durante su infanciaGentileza Zoey Kuhn

“Jugué en clubes durante toda mi infancia. Cuando cumplí 18 años coincidió justo con la pandemia del coronavirus, entonces el proceso de selección para ir a la universidad estaba complicado y me decidí por el junior college cerca de mi ciudad”. En la Argentina no existe este sistema tal como se lo conoce en los Estados Unidos. Es una educación superior de dos años que otorga un título intermedio y permite, luego sí, entrar a una universidad.

Zoey Kuhn juega al fútbol desde que tiene tres añosGentileza Zoey Kuhn

Fue ahí que Zoey decidió dejar el arco. Su altura tuvo mucho que ver en su decisión: “Desde los 10 hasta los 16 jugué como arquera y consideré ir a la universidad en ese puesto, pero mido 1,65 y eso influyó en pasar a ser jugadora de campo”.

Hasta los 16 años jugó como arquera en varios clubes de Estados UnidosGentileza Zoey Kuhn

Kuhn estuvo un año y medio en Moorpark College, en California, y después fue transferida a una mejor universidad: Azusa Pacific University, en la misma ciudad. La idea siempre fue combinar su pasión por el fútbol con los estudios, en su caso, de kinesiología para en un futuro ejercer como fisioterapeuta. “En Azusa jugué competitivamente con beca deportiva desde 2023 hasta graduarme en mayo de este año”. Sin embargo, la graduación finalmente se atrasó porque la propuesta de jugar en Rosario Central llegó justo cuando estaba a menos de un mes de terminar.

Zoey con la "9" de Azusa Pacific University, donde tuvo una beca deportiva desde 2023 hasta mayo de este año cuando viajó para Rosario

“Cuando recibí el llamado para venir a Rosario, me dijeron: ‘Hay un lugar para vos en la Argentina, pero necesitamos que vengas en menos de tres días porque cierra el mercado de pases’”. Esto fue el 4 de abril de 2026 y tres días después Zoey aterrizó en el país. “No me gradué hasta finales de mayo y tuve que hacerlo finalmente a la distancia”, agrega sobre la universidad.

Fue tal el apuro por dejar los Estados Unidos que pagó dos meses de más el alquiler de la casa donde vivía en el campus universitario con otras seis chicas, guardó todo en sus valijas, renunció de un día para otro a su trabajo en un restaurante y se subió al avión que la trajo directo a la Argentina.

Cómo arregló su llegada a Rosario Central

Zoey Kuhn siempre tuvo claro que su futuro se escribe con f de fútbol. ”En los Estados Unidos sólo podés jugar cuatro años al fútbol universitario. Muchas chicas juegan esos años y después, ya está. En mi último semestre yo tenía claro que quería seguir y me entrené con un equipo semiprofesional, fui a pruebas profesionales e incluso trabajé como entrenadora asistente de delanteras en mi universidad", detalla a LA NACION. Después da detalles sobre su llegada a Rosario Central: “Contraté a un agente para que me buscara equipo. Mi plan era irme después de mayo, cuando me graduara y terminara mi alquiler; incluso el plan era irme a Australia, pero cuando faltaban tres días para que cerrara el libro de pases en la Argentina, él me llamó y me dijo: ‘Tenemos una plaza para vos en Rosario, pero tenés que viajar en tres días’”.

Organizaron una llamada entre los dirigentes del club, el agente y Zoey y rápidamente hubo una respuesta de su parte: “Simplemente estuve de acuerdo con todo y dije que sí; no estaba en los planes para nada venir a la Argentina, el plan original era Australia, yo quería jugar allá”.

Cuando se le pregunta qué fue entonces lo que la empujó a decir que sí, más allá del nivel del fútbol argentino y de salir de la zona de confort, hay dos nombres muy conocidos que entraron en juego. “Mi agente me mencionó que Messi era de acá y que Ángel Di María jugaba en el equipo masculino de Rosario Central. Y yo pensé: ‘Damn, that’s kind of crazy’ (Maldición, eso sí que es loco). Me explicó también que el equipo de Central masculino era bien conocido; busqué el Instagram del femenino, me pareció un buen grupo, me contó cosas del equipo y dije que sí”.

Zoey Kuhn firmó contrato en abril de este año y a los tres días ya estaba en Rosario jugando

Rosario Central le prometió hospedaje y el viaje en auto al entrenamiento cada día. En el contrato, Zoey pidió vivir sola y también hubo un acuerdo. “El primer mes me alojé en un hotel hasta que estuvo listo mi departamento cerca del Monumento a la Bandera. Me costó un poco adaptarme a los horarios de comida y sueño porque acá la gente cena y se acuesta muy tarde”, recuerda la jugadora sobre sus primeros días en el país.

A su vez, con el contrato económico también llegaron rápidamente a un acuerdo, ya que la conversión la favorece a Zoey. “Para mí todo es barato porque lo comparo con los Estados Unidos. Sólo pago un poco la nafta porque el club me paga todo lo demás, no tengo grandes gastos”.

Cómo es el día a día de Zoey Kuhn en Rosario

Zoey Kuhn entrena por la mañana y tiene la tarde libre. Al principio asegura que se aburría un poco, pero le fue encontrando la vuelta. Incluso, cuando se le pregunta si le alcanza para vivir con el sueldo como jugadora, destaca que ahora también complementa ese ingreso con uno nuevo por fuera del fútbol. “Subo contenido a TikTok para monetizar con marcas, tengo algunas ya cerradas y le dedico tiempo a eso”.

Un día de Zoey en Rosario; parte del vlog que compartió en TikTok
Un día de Zoey en Rosario; parte del vlog que compartió en TikTok

Todas las mañanas la pasa a buscar una compañera de equipo y van juntas al entrenamiento. Llega a su casa a las 14 y suele ir a kinesiología o al gimnasio. “Después me gusta mucho ir a hacerme las uñas o unos masajes, pasear y hacer asados con mis amigas”. Cuando habla, pese a su inglés perfecto, parece una argentina más.

El idioma no es una barrera. “Tengo amigas que no hablan nada de inglés y pasamos tiempo juntas aunque no haya nadie que nos traduzca. Ellas también van aprendiendo algunas palabras de inglés y yo de español. Son increíbles”, detalla sobre el grupo que encontró en Rosario Central.

Zoey encontró en Central no sólo el fútbol que quiere jugar, sino también un grupo de compañeras que se transformaron en sus amigas

Aunque le dedica tiempo a la aplicación Duolingo, quiere sumarse a alguna clase y aprender español para poder hablar con todos. Entiende la mayoría de lo que escucha, pero le cuesta hablarlo. “Si el entrenamiento va muy rápido, hay unas cinco compañeras que hablan inglés y me traducen”. Zoey es la primera mujer estadounidense en jugar en el equipo femenino de Rosario Central.

Zoey Kun encontró en Central no solo un lugar donde desplegar su fútbol, sino grandes compañeras con quienes la pasa muy bien

El contrato que firmó es por una temporada. La que acaba de terminar, donde lo ganó todo: logró el campeonato de la Primera B y el ascenso para el próximo año jugar en la máxima categoría del fútbol argentino. En 17 partidos que disputó, convirtió 9 goles y dio 8 asistencias. Fue titular en sólo siete partidos porque no bien llegó empezó en el banco y, cuando logró adaptarse, se lesionó. “Tuve un esguince en el ligamento del tobillo, grado 2, y por un tiempo no jugué. Cuando me empecé a sentir mejor, me resentí de la misma lesión. Ahí era difícil para el DT que yo jugara, así que fui mucho tiempo suplente. Lo bueno es que seguía haciendo goles aunque jugara solo 30 minutos y eso me hacía feliz porque podía influir en los partidos”, explica.

Zoe Kuhn
Zoe Kuhn

“El contrato es de abril a diciembre. La próxima temporada empieza en febrero de 2027 y hay que ver si sigo”, agrega. Tuvieron una semana de vacaciones tras lograr el título y ahora se vienen dos meses de entrenamiento para prepararse para la máxima categoría. El deseo de Zoey es seguir. “Estoy viendo opciones y hablando con mi agente, pero si me ofrecen continuar, me quedo”, revela. Está segura cuando habla y remarca no sólo lo cómoda que se siente en la ciudad de Rosario, sino también lo bien que le hace el grupo que se armó. “Tener compañeras que te apoyan y te ayudan a ser mejor, eso es muy importante para mí”, resalta.

Rosario Central tuvo una temporada soñada: logró el ansiado ascenso a la máxima categoría, ganó también el título y festejó

El futuro de Zoey y su mayor sueño como futbolista

Zoey es competitiva. Lo que más le gusta de jugar es eso: ganar, en cualquier aspecto, pero ganar. “Sea ganar una pelota, un partido o sentir que gané porque jugué bien”, especifica. Su mayor fortaleza como futbolista es que le pega con ambas piernas y tiene un remate fuerte. “Uso la zurda para los córners, aunque soy diestra”, aclara y saca pecho mientras habla. También sonríe. Sonríe mucho durante la entrevista. Habla de su obsesión con la táctica y su entendimiento del juego.

Una de las fortalezas de Zoey Kuhn como futbolista es que es ambidiestra

En sus ratos libres mira fútbol femenino y masculino y sueña con conocer a Di María. Sus otros anhelos dentro del deporte son viajar mucho, conocer el mundo y jugar algún día en la máxima categoría estadounidense, en el San Diego Wave: “Eso sí sería algo grande, me encantaría, es de mi ciudad, donde crecí e incluso ahora juegan ahí algunas chicas que conozco”.

Antes de finalizar la entrevista, Zoey asegura que lo que más la sorprendió del fútbol argentino es que es mucho más agresivo que el de los Estados Unidos. “Yo antes recibía muchas amarillas, pero lo controlé y aprendí con los años; sin embargo, cuando llegué acá, no podía creer la cantidad de fouls que había y que el árbitro no cobraba casi nada”, dice sin dejar de sonreír y acota: “Yo no soy muy grandota y me costó eso. Generalmente, yo jugaba de 7 u 11, por los costados, pero me pusieron de 9 en Rosario Central y me tuve que bancar golpes fuertes”.

Zoey Kuhn aseguró que le sorprendió la agresividad que hay en el fútbol argentino y cómo los árbitros dejan seguir la jugada

Zoey repite que en los primeros partidos no podía creer los golpes que recibía desde atrás de las defensoras centrales. Que en los Estados Unidos eso era foul seguro. Que acá no. “Se vive y se aprende”, repite como lema cuando habla también del penal que le atajaron en la final contra Platense por el título.

En diciembre viajará a Estados Unidos para pasar las fiestas con su familia y sus amigos. Recargará energías y verá cómo sigue su futuro. Todavía Central debe confirmar si la quiere o no para la máxima categoría del fútbol argentino. Ella ya lo tiene claro: encontró ahí su lugar en el mundo.

Por María Alexander

Source: La Nación · María Alexander

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