Wildwood: el bosque salvaje (Wildwood, Estados Unidos/2026). Dirección: Travis Knight. Guión: Chris Butler. Fotografía: Caleb Deschanel. Música: Dario Marianelli. Edición: Christopher Murrie-Green. Con las voces originales de Carey Mulligan, Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Tom Waits, Awkwafina, Angela Bassett, Mahershala Ali. Distribuidora: Imagem Films. Duración: 132 minutos. Calificación: Apta para todo público con supervisión parental. Nuestra opinión: excelente.

Entre 2007 y 2010, después de la virtuosa e insuperable seguidilla abierta por Ratatouille y continuada por WALL-E, Up, una aventura de altura y Toy Story 3, la convicción de que Pixar había superado una cumbre jamás alcanzada hasta allí en el cine de animación (y quizás no solo dentro de ese género) obtuvo un reconocimiento unánime. Una década y media más tarde, con la prodigiosa presencia de Wildwood: el bosque salvaje ante nuestros asombrados ojos, deberíamos revisar esta afirmación. O reconocer, por lo menos, que esa posta pasó a un nuevo dueño. Hoy el modelo a seguir tiene un nuevo nombre: es el momento de ubicar a Laika en el lugar que realmente merece.

No se trata en este caso de elogiar la llegada de Wildwood... solo porque estamos ante la creación más ambiciosa, compleja y desafiante del estudio. Y muy probablemente de toda la historia del cine animado contemporáneo, el que llega al mundo gracias al poder de la industria de Hollywood. Lo que nos deslumbra en este caso es el hecho, imposible de descubrir a primera vista, de que toda esta película fue realizada con animación artesanal.

Así funciona el universo animado stop motion, la materia prima de todas las películas de Laika, el estudio del que surgieron joyas tan hermosas como Coraline y la puerta secreta, Kubo y la búsqueda del samurai y Sr. Link. Wildwood... persevera en esa fecunda siembra, pero en este caso la cosecha se agranda y magnifica en el mejor sentido del término.

Wildwood: el bosque salvaje

Estamos hablando de un mundo en el que cada imagen se genera a partir de la infinita paciencia de un grupo de animadores capaces de crear movimiento con una precisión milimétrica trabajando todo el tiempo con maquetas y figuras articuladas hechas de arcilla, felpa y materiales similares. El movimiento de un brazo (hecho en una fracción de pulgada) equivale a una toma completa. Lo mismo pasa con un parpadeo o una sonrisa. Cada segundo de una obra hecha con animación stop motion está hecho con 24 movimientos diferentes, que corresponden a los 24 cuadros por segundo de un fotograma. Wildwood... dura 132 minutos.

El diseño nos deslumbra por todas partes. Todo, absolutamente todo hecho artesanalmente, con un sutilísimo e imperceptible aporte digital. Pero lo más importante es que está al servicio de un relato extraordinario por donde se lo mire. Es una historia de aprendizaje de Prue, una inquieta niña que vive con su familia bohemia en las afueras de Portland, y a la vez la crónica de un asombroso mundo escondido en los bosques cercanos, un viaje a un tiempo mítico y de leyenda, una mirada sobre los traumas infantiles y maternales.

Wildwood; el bosque salvaje

La película también está llena de preguntas, cuestionamientos y dilemas morales alrededor de la violencia, de la vida en sociedad, del ejercicio del poder y de la propiedad de la tierra, todos planteados a través de la acción, sin necesidad de enunciados o declaraciones.

Y también hay grandes escenas de acción, batallas violentas, sangre, algunas imágenes muy oscuras, un aire de tristeza, amargura y dolores irreversibles (con niños involucrados), dos grandes protagonistas (Prue y su adorable amigo Curtis) y una villana excepcional, la Gobernadora Viuda. Todo está narrado con energía, brío, sentido, claridad y profunda comprensión por las elecciones que toma cada personaje.

La calificación local indica que los chicos pueden verla si están acompañados por adultos, pero por duración y temática Wildwood... no está naturalmente destinada o dirigida al público infantil. En todo caso, esta verdadera obra maestra de Travis Knight, consagrado definitivamente como un gran narrador visual (con influencias múltiples que van de Alicia en el país de las maravillas a las obras más complejas de Hayao Miyazaki, como Princesa Mononoke) recupera el destino original para el público adulto que tuvo el cine animado de Hollywood.

Por Marcelo Stiletano

Source: La Nación · Marcelo Stiletano

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