Bajo los gomeros de los parques diseñados por Carlos Thays y a orillas del Lago Regatas, en el corazón del Parque Tres de Febrero, cientos de personas festejaron anoche los 35 años de arteba. La fiesta fue parte de una edición que marcó el regreso de la feria a La Rural, y que termina hoy con un balance celebrado por muchas de las 69 galerías participantes. Hubo récords, una gran cantidad de adquisiciones institucionales, nuevos compradores y un público diverso en este encuentro internacional que convocó a más de 41.000 visitantes y volvió a renovarse.
“¡Goool”, se escuchó gritar hoy en el Pabellón Amarillo, durante el Superclásico que disputaron Boca y River. Con ese espíritu distendido, muchos artistas y galeristas celebraron también un alto nivel de ventas. En De Sousa, por ejemplo, Alexis Minkiewicz alcanzó un récord para su obra cuando una gran colección adquirió por 50.000 dólares Ernestina y Aurora (2026), una carbonilla sobre papel que representa a dos galgas.
El Malba, que había incorporado allí el miércoles a su acervo una pintura de Diana Aisenberg, sumó el viernes otra de Florencia Breccia. El Moderno volvió a adquirir una docena: tras las diez del miércoles, compró luego otras dos de Juan Gutiérrez y Rosa Dior elegidas en Hipopoety. Y entre las adquisiciones de museos internacionales se contaron las del Reina Sofía y el Lacma en Piedras (obras de Liv Schulman y Josefina Labourt); la del Guggenheim de Nueva York en Isla Flotante (de Roberto Jacoby), la del Macba de Barcelona en Rolf Art (de Narcisa Hirsch).
“Marcamos un récord en la proyección e inserción internacional de arteba. El Programa de Adquisiciones contó con la participación de 23 museos y fundaciones, diez de ellos internacionales y 27 curadores de diferentes países. Por otro lado, más de cien coleccionistas desembarcaron en Buenos Aires para formar parte del Programa de Coleccionistas y Profesionales”, dijo Larisa Andreani, presidenta de arteba. Un grupo de austríacos, por ejemplo, aprovechó al viaje para conocer el porteño Espacio Tacuarí, de Juan y Patricia Vergez, distinguidos ayer con el Premio arteba al Coleccionismo.
Sólo en Nora Fisch, invirtieron esta vez cinco instituciones. “¡Un récord!”, aseguró su directora, tras vender obras de todos sus artistas y agotar los collages de Rosana Schoijett. En 16 años de participar en arteba, destacó, 34 obras pasaron de exhibirse en su galería a integrar acervos de museos nacionales e internacionales durante la feria. En Cott compraron otras cuatro: el Mac de Salta; el Macba; el Pettoruti y el Maca de Uruguay.
“Nosotros hicimos veinte ediciones en arteba y esta fue la mejor”, destacó en tanto Sebastián Boccazzi, director de Roldán Moderno, donde se vendió el miércoles por 900.000 dólares la obra más cara de 2026: Breve historia de Emma (1935-36), un conjunto de grabados de Lino Enea Spilimbergo. Luego se concretaron otras de artistas como Emilio Pettoruti, Raquel Forner, Yente y Kazuya Sakai. De este último, fallecido en 2001, la Galería de las Misiones vendió una pintura de 1977 por 100.000 dólares.
“¡El 35 aniversario de arteba de vuelta en La Rural fue una fiesta!”, dijo por su parte Amparo Díscoli, directora de Cosmocosa. No sólo vendió todas las obras expuestas de Antonio Berni –incluido un tapiz bastante único-, sino también una importante de Luis Felipe Noé, cuatro de de Luis Frangella, otras cuatro de Emiliano Miliyo y algunas de la trastienda. Por primera vez, aseguró, tuvo que hacer recambios en su stand el viernes y el sábado.
Tras varias ediciones en el Centro Costa Salguero, el regreso a La Rural fue “un gran acierto” según Nahuel Ortiz Vidal, director de Barro. “El balance fue muy positivo tanto a nivel comercial como de visibilidad”, aseguró tras concretar -entre otras- varias ventas de obras de Matías Duville, artista que representa al país hasta el 22 de este mes en la Bienal de Venecia. Entre ellas una que sumó el Museo Nacional de Bellas Artes, gracias al aporte de su Asociación de Amigos.
“En un momento difícil para el país y el mundo, el arte se convierte en un refugio”, señaló César Abelenda, director de Pasto, quien destacó el Programa de Adquisiciones porque “mucha obra va a museos, y eso levanta la carrera a los artistas”. Según él, “arteba es mucho más que una feria: es el lugar de encuentro de todos los que hacemos parte de esta escena tan rica del arte argentino”.
Para la platense NN, que acaba de abrir una sede porteña, también fue “la mejor feria en ventas”. “Nos sentimos muy acompañados por nuestros clientes y sumamos muchos nuevos –agregó-. Trajimos obras más grandes y caras. Por suerte, esa apuesta salió bien”. También la galería Grasa anunció con entusiasmo que se habían agotado las obras exhibidas de Michel Fassi. Hice muchos contactos nuevos, muchos coleccionistas nuevos”, dijo Gabriel Bitterman, director de la galería Quimera. Entre las galerías que participaron por primera vez se contaron, por ejemplo, La Mala, Fantasma y Departamento 112, que vendió una obra de Martín “El Keni” Agazzi al Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti.
Pese al cambio de fecha por la visita del Papa, que representó “un gran desafío” según Orly Benzacar, esta galerista confirmó que “los resultados fueron muy buenos; hubo muy buena presencia de curadores internacionales y compras institucionales, con nuevos clientes y una escena muy activa”. En ese balance coincidieron galerías como Rolf Art, W, Palatina, Jorge Mara, Constitución y Herlitzka & Co.
“Volver a la Rural fue darle una nueva impronta a la feria –dijo Mauro Herlitzka, director de esta última-. No es volver a la feria anterior, sino apuntar a una feria más espaciosa, donde la visibilidad del arte se potencia y la interacción con los diversos públicos fue más positiva en términos de diversidad y calidad de propuestas. Comercialmente, también”.
Source: La Nación · Celina Chatruc
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