PINAMAR.-El arte cambia la vida y abre interrogantes nunca imaginados en un paisaje de playa creado por Jorge Bunge, pionero que en los años 30 del siglo XX fijó los médanos con pinos que llegan al mar. Hoy son más de seis millones. Tal vez, en aquel tiempo entre guerras de una Argentina pujante, hubo acuerdo entre Bunge y Valeria Guerrero para que “el fondo del campo”, que no se usaba, fuera un balneario. Hoy estamos en un bosque de pinos silenciosos que cuentan una historia inspirada en la naturaleza; celebramos territorio y arte bajo el mismo cielo.
Para esta primera edición de la plataforma Pinamar Contemporáneo, los artistas seleccionados por Andrés Duprat y el colombiano José Roca, un amigo de siempre que abre en el mundo ventanas impensadas, son Eduardo Basualdo, Tania Candiani, Matías Duville, María Elvira Escallón, Marta Minujín y Leeroy New. Ellos, a su manera, presentan obras concebidas a partir del encuentro con el paisaje, esa rara cruza de mar y bosque.
Elsa Shaw de Canale, Bárbara y Enrique Shaw están “construyendo” un museo al aire libre. Un antecedente virtuoso es la colección de ochenta esculturas, que comprende desde un Fontana figurativo a obras de Bastón Díaz, Minujín y “Pájaro” Gómez, en una secuencia que inspira a locales y visitantes. El ocio virtuoso.
Esta iniciativa prometedora se suma al Premio Pinamar SA + ArteBA que coronó a Eduardo Basualdo. Su obra es un muro doble faz que muestra la cara oculta de lo que vemos. Suspende sobre nuestras cabezas una roca ominosa que desnuda creencias y mitos. Basualdo viene de una exitosa experiencia en el Teatro Colón, con la escenografía del ballet Principio de éxtasis, inspirado en “El Aleph”, de Borges. ya es un artista de culto con cara de niño. Su talento asume riesgos y obliga a espectador a dar el paso hacia la noche que ignoramos.
Este es el año de Matías Duville. Mientras espera el veredicto de la Bienal de Venecia como representante argentino en la madre de las bienales, ha creado una pieza colosal a partir de basura, deshechos y plásticos chatarreros. Ese objeto desconocido inquieta de solo verlo. Está en la cima de un médano, mirando hacia el mar. Una mole de recónditos pliegues inquietante. ¿Será la roca de Sisifo que deberemos remontar? No está escrito. Duville nos invita al abismo. Y más allá está el mar.
La recorrida matinal por las obras de esta inédita plataforma permitió crear un mapping que abarca puntos neurálgicos de la ciudad de 50.000 habitantes. Tania Candiani toca el alma con su instalación. Literalmente. Una placa circular acerada y brillante espeja el bosque y se lo “traga”. Al mismo tiempo reverbera un sonido misterioso, provocado por cuerdas de piano tensadas, tocadas por dos músicas en altura. Tania vive y trabaja en México DF. Su práctica gira en torno a nociones expansivas donde concilia lenguajes visuales, sonoros y simbólicos.
Candiani representó a México en la 56ª Bienal de Venecia. Su obra integra colecciones internacionales de referencia como Tate (Reino Unido), SFMOMA y LACMA (Estados Unidos), Pérez Art Museum Miami, Kadist, y el MUAC (Ciudad de México), entre otras.
María Elvira Escallón (Londres, 1954), colombiana nacida en Londres, ejecuta su partitura sobre el tronco de los árboles, son frase escritas con arena, grabadas como en el lomo de un libro. Ella ha imaginado la secuencia como una biblioteca que se inicia con una cita de Borges perdido en un laberinto de eucaliptus y culmina con una reflexión conmovedora: “Somos el paisaje que nos mira”.
Elvira vive y trabaja en Bogotá. Sus acciones efímeras o las intervenciones escultóricas se concretan en lugares inaccesibles, que luego documenta fotográficamente o en video.
De la recorrida participaron Duville y Basualdo, que compartieron el estado de gozo y plenitud que supone haber cerrado de manera virtuosa este circulo entre arte, naturaleza y mar.
Ausente con aviso, por inaugurar una mega obra en Tokio, Leeroy New propuso una instalación inclusiva sobre la pasarela del mar. Una suerte de pérgola con materiales descartados de distintos usos que permite tamizar la luz y ver el mar a través de un deshecho plástico transformado en ojo de buey. Los colores vivos provocan un contagio energético, fuente de placer.
New (Filipinas, 1986) vive y trabaja en General Santos. Es un artista multidisciplinario que incursiona en la moda, el cine, el teatro, el diseño de producción, la performance y las artes visuales. Su competencia y destreza ha sido transformar materiales industriales descartado en esculturas e instalaciones atractivas.
Se la extrañó a Minujin, destacada por Duprat como “la más innovadora y disruptiva de nuestros artistas entre dos siglos”. Al cierre de este envío llegaba a Pinamar, Leandro Erlich, todavía disfrutando el suceso de su muestra en el Grand Palais, de París. Experiencia única esta plataforma de Pinamar, que reunió a tres de los más reconocidos y geniales artistas argentinos contemporáneos: Duville, Basualdo y Erlich.
El trabajo de Pinamar Contemporáneo se desarrolló con equipos locales y con el talento sin límites de Dante Disi: ingeniero, argentino, un midas del arte, heredero de una planta metalúrgica que logra hacer realidad sueños de mucho artistas. Disi colaboró con Viñoly, con Le Parc, con Pablo Reynoso y con Renzo Piano, entre tantos. Silencioso, discreto y encantador, su quehacer en la producción de obras de arte es asombroso.
Las obras de esta plataforma continúa la iniciativa del premio coordinado con arteba por Solana Molina Viamonte. El jurado este año eligió a Basualdo. Su obra Cruz del Sur quedará en el patrimonio de Pinamar, al igual que Nido de Hornero (1976), de Mijujin. como reactivación histórica, cincuenta años después.
El proyecto se arte se activa con la Municipalidad de Pinamar que hace posible su presencia en el espacio público. El circuito que hoy descubrimos podrá ser recorrido de manera libre y gratuita hasta abril de 2028.
Por Alicia de ArteagaSource: La Nación · Alicia de Arteaga
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