Para Daiana, mudarse fue la oportunidad de empezar de nuevo. “La premisa era poder vivir ahí con sus hijos, pero sin perder la posibilidad de tener una casa de adulto y un mundo más ordenado”, cuentan las arquitectas Julieta Bellone y María Emilia Soto, de Miju Estudio. Buscaba “una especie de refugio dentro de la ciudad” y después de ver un trabajo de la dupla decidió que eran las indicadas para hacerlo.
En esta nueva etapa, no quería ver lo de siempre, así que nos dejó jugar mucho. ”
— Julieta Bellone y María Emilia Soto, socias de Miju Estudio
Un verde que recorre la casa
“Buscamos que en todos los detalles hubiera algo más colorido, que mostrara la personalidad de ella y de los chicos, y lo llevamos bastante al extremo: los zócalos, las solias y los marcos de las puertas son verdes, como una cinta que circula por toda la casa”, explican las arquitectas.
La primera decisión estructural fue demoler el muro entre el comedor diario y el living.
“Al integrar, logramos una ventilación cruzada y llegar a ambos frentes. Más que ganar metros, lo que buscamos fue aprovechar mejor los existentes”.
Un estar sin esquinas
“Queríamos un estar para tirarse y estar cómoda, y que ninguno de los chicos se clave una esquina: por eso una ratona circular y otra más ovalada”, explican.
Entendiendo que dos de los principales usuarios tienen 4 y 2 años, la idea fue buscar piezas amigables con los chicos y con el espacio. “El rack de TV lo hicimos bien bajo, porque no le queríamos sacar ancho al living”, coinciden.
“Como conocíamos su departamento anterior, sabíamos lo mucho que le molestaban los cables a la vista”, recuerdan. De ahí la decisión de revestir la pared completa para ocultarlos.
Cada rincón, una situación distinta
“El piso original era un cerámico beige brillante de 30 x 30, muy frío para el lugar”, cuentan las arquitectas. La decisión fue cambiarlo por un símil madera que le diera calidez.
“Sobre la base neutra y cálida de la madera, fuimos sumando el beige claro y el color en los detalles”.
Confiar en el render
“Daiana no quería estresarse así que nosotras nos ocupamos de los colores. Le dijimos que confiara porque iba a quedar tal cual el render, y la primera vez que entró a la casa terminada no lo podía creer”, cuentan las arquitectas entre risas.
“Nos interesaba que hubiera una coherencia general, pero que los espacios no necesariamente fueran iguales. Queríamos que al recorrer fueran apareciendo distintas situaciones, combinaciones y detalles”.
Un mueble, dos mundos
Los chicos fueron el principal motivo del diseño de este mueble: “Ella quería guardar los miles de juguetes que tienen y que cada cosa tuviera su lugar, así no quedaba todo desparramado por la casa”.
La división es literal: “De la línea hacia arriba es mamá y tiene todo su guardado. De la línea hacia abajo están los juguetes de ellos y este set de juegos que sale de ahí”.
“Un día dice ‘hoy vienen mis amigas y quiero todo ordenado’, guarda todo en el mueble, y al día siguiente vuelve a ser el campo de batalla de sus hijos”.
El mueble también tiene una razón más tierna. “Están en una edad en la que se esconden en una guarida. Sacando la mesa y las sillitas, tienen ese espacio para meterse”, aseguran.
Privado y luminoso
“El pedido en la cocina era lograr privacidad sin perder luz; por eso diseñamos la puerta vidriada, que permite aislar el ruido y los olores al cocinar pero mantiene el contacto visual con el comedor”, explica la dupla.
La curva de la cocina resuelve el equipamiento alto agrupando la heladera y la estación de café. “La juguera la usa todos los días, así que ese módulo tiene la puerta abierta todo el día y, cuando no se usa, se cierra”.
“Ella no es muy cocinera, pero si quiere amasar pastas tiene toda la mesada”, aseguran. La premisa fue dejar todo resguardado tras frentes limpios, para que el ambiente se vea siempre impecable. “Una maña nuestra”, confiesan.
“Queríamos que fuera sobre todo un lugar donde ella y sus hijos se sintieran realmente en casa”.
Celeste para los chicos
“Para el baño de los chicos se buscó una propuesta lúdica pero no infantil, que pudiera acompañar su crecimiento. El celeste acompaña la paleta de color que circula en toda la casa”.
Los cerámicos rectangulares se combinaron con una pastina hecha a medida para destacar las juntas. Unos escalones Montessori permiten que lleguen a la bacha sin modificar la altura estándar del vanitory.
Una suite con guardado
“Cuando veía los renders nos decía que no le iba a alcanzar el espacio para la ropa”, recuerdan entre risas las arquitectas. Para ganar metros sin ahogar el dormitorio, proyectaron una gran cabecera multifunción que absorbe múltiples tareas en un solo diseño.
Como a ella le encanta leer en la cama, los laterales del mueble se calaron con estantes que esconden la biblioteca y resuelven la mesita de luz.
Los módulos aéreos reciben la ropa de contratemporada y las valijas, mientras que abajo se sumó un zapatero. “Optimizamos tanto el espacio que terminó sorprendida al ver que le sobraba lugar”, aseguran.
Por Aylen Abril CostantiniSource: La Nación · Aylen Abril Costantini
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