- 5 de noviembre de 2026
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La llegada del Papa León XIV a la Argentina ha despertado conversaciones inusuales en oficinas, grupos de WhatsApp y juntadas de amigos. La pregunta “¿Vas a ir?” muchas veces termina convirtiéndose en la puerta de entrada a conversaciones que salen de la premisa social de no hablar de religión: ¿En qué creés? ¿Fuiste criado en una casa católica? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a misa? No sorprendería que hoy estas respuestas sean de lo más variadas. Y es que, si bien nuestro país solía tener una hegemonía católica —en el Censo Nacional de 1960, el último que midió la adscripción religiosa, el 90,5% de los habitantes dijo profesar el catolicismo—, con el tiempo el panorama se diversificó. Hoy, la religión mayoritaria argentina lo sigue siendo, pero se encuentra en su punto más bajo: en 2026, un aproximado del 58% de la población se considera católica, de acuerdo con un compilado de relevamientos nacionales realizado por la UCA. Las encuestas que han desagregado a los entrevistados por edad han encontrado otra tendencia marcada: entre los adultos mayores la adscripción al catolicismo es más alta, del orden del 76%, mientras que entre los adultos jóvenes es bastante más baja: ronda el 50%. Con el correr de las décadas, también cayeron los sacramentos y lo hicieron de manera casi lineal. Solo a modo de ejemplo, si en 1975 se bautizaron 9 de cada 10 nacidos, en 2020 se bautizaron 6 de cada 10. Un mismo declive puede observarse en los registros de primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios, de acuerdo con información de los anuarios estadísticos de la Iglesia. A priori, el escenario actual —y también el futuro— parece negro. Pero los declives que muestran las estadísticas coinciden, en los templos y en las calles, con algunos fenómenos que sorprenden tanto a los investigadores como a los presbíteros: este año la peregrinación a Luján marcó récords históricos de asistencia, con más de 2.800.000 peregrinos, superando los del año pasado, que ya habían sido llamativamente altos: 2.500.000, de acuerdo con cálculos del Municipio de Luján. También llama la atención el hecho de que cada vez más parroquias registran bautismos y primeras comuniones de adolescentes y adultos. ¿Cómo se entiende, entonces, la situación actual del catolicismo? Algunos investigadores sostienen que para analizarla y poder tener algún indicio de hacia dónde se encamina, hay que mirar, por un lado, cuántos de los que son católicos realmente practican su fe, y, por el otro, entender en qué creen quienes no se identifican como católicos. Algunos sociólogos también llaman a estar atentos a las tendencias que comienzan a estudiarse en países como España, donde se ve una nueva ebullición de jóvenes católicos. También resulta interesante ver qué es lo que sucede en las parroquias argentinas y, en particular, comprender la espiritualidad de los más chicos, que en muchos casos parece alejarse de las concepciones clásicas. Subt: ¿En qué creen los que “no creen”? La población argentina se divide en 2026 entre católicos (57,7%), personas sin religión (22,4%), evangélicos (17,4%) y personas de otras religiones (2,7%), según el Barómetro de las Religiones y las Creencias Argentina de Ocrear y CBC/UBA. El grupo conformado por quienes se identifican “sin filiación religiosa” es el segundo más grande y, a la vez, el que más creció en las últimas décadas: sumó 11,1 puntos porcentuales respecto a 2008, cuando representaba apenas el 11,3% de la población. En otras palabras, en los últimos 18 años, su incidencia se duplicó. Dentro del grupo, se encuentran agnósticos (4,8% del total poblacional), ateos (4,2%) y personas que prefieren no encasillarse en ninguna de las dos categorías anteriores (13,2%). Los investigadores relevaron algunas de sus creencias de este grupo, entre las que notificaron, entre otras, “la energía” (71,6%), “la vida después de la muerte” (34,2%) y “la astrología” (33,9%). Incluso un 30,1% dijo creer en Jesucristo y un 23%, en los ángeles. Considerarse a uno mismo como “sin religión”, por ende, no implica carecer de creencias religiosas o espirituales, explican los académicos, sino que la mayoría podría identificarse con lo que en sociología se conoce como “creer sin pertenecer”. Cuántos de los católicos realmente practican Para entender el perfil de las personas que hoy forman parte del casi 60% de la población que se considera católica, la Encuesta Nacional sobre Religión Vivida (Universidad Católica de Córdoba y Bóston College, 2026) hizo una serie de preguntas sobre costumbres y prácticas religiosas, y catalogó a los católicos en tres grupos: quienes tienen una práctica intensa con comunidad (24,5%), quienes tienen devoción pero sin comunidad (38,8%), y quienes tienen baja práctica (37,2%). También indagó por separado sobre cada una de las prácticas de los católicos: el 80% reza al menos una vez al mes; el 37,4% va a misa con esa frecuencia; el 17,4% consulta a chatbots de inteligencia artificial sobre temas religiosos, y un 12,6% participa de grupos católicos. Si bien “la religión aparece en todas partes”, concluye el informe, pierde centralidad como práctica institucional y comunitaria y se vuelve cada vez más íntima, doméstica y personalizada. “No deberíamos hablar de catolicismo, sino de catolicismos”, afirma el doctor en Sociología Juan Martín López Fidanza, director de la maestría en Sociología de la UCA. Ubica la desinstitucionalización del catolicismo dentro de un marco más amplio: la desinstitucionalización de la sociedad. “No es solo la Iglesia; también bajó la adhesión a otras instituciones, como partidos políticos, sindicatos y clubes. En definitiva, lo religioso no baja; baja su vinculación con lo institucional”, sostiene. Una de las hipótesis más fuertes sobre la situación actual de las religiones, en particular dentro del catolicismo, es el cuentapropismo. “Es la idea de que en estos tiempos modernos la individuación lleva a que las personas dejen de afincarse en instituciones colectivas y tiendan a armar sus propios bricolajes, sus propias elecciones, una especie de religión a la carta”, explica López Fidanza. “Está bajando el agua” El catolicismo, para él, no bajó tanto como muestran las estadísticas, sino que, en parte, lo que bajó es “el agua”. “El descenso hay que entenderlo en el contexto específico de un país que era hegemónicamente católico que tenía un mandato social hiperfuerte. Este mandato recién empezó a romperse en las últimas tres o cuatro décadas del siglo XX. Entonces, vos tenías un montón de gente que se consideraba católica de modo cultural, por el simple hecho de que estaba permeando en el ambiente, pero en el fondo no tenía un compromiso real con la dinámica religiosa. Entonces, quizás en realidad nunca fue tan alta como parecía y ahora simplemente está bajando el agua y queda emergente lo que realmente siempre existió”, hipotetiza. Aclara, de todas formas, que el hecho de que menos personas se identifiquen con el catolicismo es un dato relevante y que seguramente parte del declive que muestran los gráficos sea un declive real: “El hecho de que un recurso —como la fe católica — esté disponible en tu entorno lo hace viable, posible. En cambio, si no conociste el catolicismo, es obvio que va a ser menos posible que te vuelvas católico. Pero la realidad es que no se puede decir que antes había muchísimo catolicismo y ahora hay muy poco. Porque antes era muy difícil la disidencia con el catolicismo. Hoy por hoy, diferir no solo no tiene un costo, sino que, incluso, puede pasar al revés: puede llegar a tener un costo el mostrarse religioso en algunos contextos”. El hecho de que el catolicismo se haya vuelto contracultural no es un detalle menor a la hora de estudiar por qué muchos criados como católicos hoy no se consideran así, suma el Arturo Fitz Herbert, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación en la Universidad Austral y autor de una investigación cualitativa realizada en conjunto con la Universidad de Birmingham, Reino Unido (2024) que buscó echar luz sobre los motivos por los que las personas dejan las religiones en las que fueron criadas, especialmente el catolicismo. Subt: Por qué se alejan quienes se alejan Según los últimos datos de religiosidad en América Latina del Pew Research Center (2014), un 84% de los latinoamericanos había sido criado en el catolicismo, pero el porcentaje de quienes se identificaban como católicos al momento del estudio era del 69%. En el evangelismo, la organización encontró el fenómeno contrario: un 9% había sido criado como evangélico y un 19% se identificaba con esta religión al momento del estudio. En tanto, un 4% de los latinoamericanos entrevistados había sido criado sin religión y un 8% se identificaba como no religioso. Los últimos estudios argentinos obtuvieron resultados similares: aproximadamente un 30% de los criados como católicos dejan el catolicismo, mientras que un 70% lo conserva, de acuerdo con Enrevi 2026. La mayor parte de los argentinos que crecieron en una casa católica y dejaron la religión lo hicieron hacia el final de la adolescencia, concluye el estudio cualitativo de Fitz Herbert. “Suele pasar cuando la gente empieza a tener contacto con personas distintas en la universidad o en el trabajo. Cuando empezás a cruzarte con gente que piensa radicalmente de otro modo, lo primero que te das cuenta es que, así como vos tenés estas creencias, hay otro tipo de creencias posibles y que vos tenés la posibilidad de elegir. A algunas personas esto les hace crujir las bases”, sostiene el investigador. A esto se suma el efecto de una cultura vinculada a lo individual, sostiene: “Hay un marco cultural en el que viven las generaciones más jóvenes en el que la religión es absolutamente contracultural. Hay una cultura de bienestar generalizada que está presente en las instituciones, series, redes sociales, que destaca el bienestar en un sentido bastante individualista: viajar, comer rico, ir a la playa, disfrutar. El centro está en la libertad individual y la autonomía, algo totalmente desvinculado de la religión. Religión es ‘religare’, volver a ‘legar’, a vincular algo que está roto con Dios. La vinculación le exige al que se vincula hacer cosas que no son las que el placer lo lleva a hacer”. Pero, además, el investigador destaca el efecto que tienen los escándalos de corrupción, los abusos y otros malos comportamientos de referentes religiosos en el alejamiento de los creyentes. “Las conductas incoherentes, sobre todo de líderes, pero también de los miembros de la comunidad religiosa, alejan a mucha gente de la religión. Eso se vio mucho en Chile”, afirma. Subt: ¿Hay un contrafenómeno? Algunos creen que seguramente los números del catolicismo seguirán cayendo. Entre ellos se encuentra el doctor en Ciencias Sociales Juan Cruz Esquivel (UBA, Conicet), quien cree que el principal motor actual de la caída del catolicismo es el recambio generacional: los más grandes y más católicos mueren, mientras que los más jóvenes y menos católicos crecen y tienen hijos que, a su vez, nacen fuera de la práctica religiosa. “Esto lleva a pensar que seguramente la tendencia a la baja del catolicismo se profundice con el tiempo”, advierte. Pero en paralelo otros investigadores tienden a pensar que quizás el panorama vaya a ser distinto y que podría comenzar a verse en el país una repuntada del catolicismo, como la que ya comenzó a detectarse muy recientemente en España. En este país, un análisis del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) detectó un repunte del catolicismo en los varones de entre 18 y 24 años: la identificación como católicos pasó del 33% en 2020 al 41% a fines de 2025, mientras que entre las mujeres de la misma edad la tendencia continuó siendo descendente, aunque más moderada. “En España, hubo una generación nacida en familia católica que dejó la religión. Esas personas después criaron a sus hijos sin religión. Y la tercera generación está volviendo a acercarse. Por eso es un fenómeno que muchos llaman ‘católicos de tercera generación’”, resalta Fitz Herbert. Y suma: “Cuando se les pregunta por qué volvieron a acercarse, muchos dicen que lo hicieron en medio de una búsqueda de sentido”. Hay quienes empiezan a sospechar que un contrafenómeno de este estilo puede estar comenzando a tomar forma en nuestro país. Eduardo Mangerotti es párroco de San Gabriel de la Dolorosa, en Vicente López, una comunidad que cuenta con unos 7000 jóvenes, entre quienes se preparan para la Confirmación y quienes participan de grupos de posconfirmación y de actividades como las adoraciones en el templo. Hoy observa que, a diferencia de antes, muchos de estos jóvenes de su parroquia no provienen de familias de tradición católica. De hecho, resalta un aumento de bautismos y primeras comuniones de adolescentes. “Este año, 10 de los chicos que se preparan para la confirmación se bautizaron y unos 20 más tomaron la comunión. Son pibes que en su mayoría han tenido contacto con la fe en sus casas y que se enganchan con todo este mundo. Yo lo he hablado con mis curas amigos y me comentaron que está pasando lo mismo en muchos lados. Es muy llamativo”, sostiene. Matiza que este repunte no se refleje directamente en la asistencia masiva a la misa, a la que calcula que acuden solo un 10% de los jóvenes de la parroquia. “Pero también son cada vez más los que vienen a la misa; se van enganchando”, suma el sacerdote, quien cree que, de a poco, el catolicismo está ganando terreno en el discurso público, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Los números de las últimas peregrinaciones a Luján lo entusiasman. “La cantidad de peregrinos pegó un salto gigantesco. Si casi 3 millones de personas están caminando a Luján, eso algo te dice. No se sostiene el discurso de que la gente va porque está de moda; no hace 60 km por una moda”, dice, y suma: “Es difícil con estas cosas saber bien qué es lo que está pasando. Yo sí creo que hay algo en movimiento. Hay que ver hacia dónde va”.
Por María NöllmannSource: La Nación · María Nöllmann
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