WASHINGTON.– A cinco días de las elecciones legislativas, la economía de Estados Unidos le dio una señal de alivio al oficialismo: los indicadores muestran que hubo un crecimiento a una tasa anualizada del 3,4% en el tercer trimestre, gracias al consumo y a las inversiones vinculadas con la inteligencia artificial (IA).
El dato ofrece un argumento a los republicanos que buscan conservar el control del Congreso, aunque convive con un problema que golpea el bolsillo de los votantes, la persistencia de la inflación.
La gestión de la economía es un tema clave para los votantes de cara a las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre. Los demócratas buscan arrebatar el control de ambas cámaras del Congreso al Partido Republicano del presidente.
La solidez del crecimiento contrasta radicalmente con la visión pesimista que tienen los hogares de la economía, reflejada en los índices de aprobación del presidente Donald Trump, que se encuentran en mínimos históricos, y en un fuerte deterioro de la confianza de los consumidores.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha disparado los precios de la energía a nivel mundial. A raíz de ese conflicto, los consumidores estadounidenses pagan en promedio un 42% más en las estaciones de servicio por la gasolina regular, según datos del club automovilístico AAA.
Economistas han advertido desde hace meses que, si bien el crecimiento del PBI de Estados Unidos se ha mantenido resiliente en medio de las presiones de precios derivadas de la guerra, los resultados han sido muy desiguales: los hogares más acomodados prosperan, mientras las familias de clase trabajadora se esfuerzan por salir adelante.
Los adversarios de Trump criticaron duramente su gestión de la economía a raíz de la aceleración costo de vida. “Los datos de hoy confirman que en septiembre las familias pagaron más por nafta, vivienda y atención sanitaria”, afirmó la senadora demócrata Elizabeth Warren.
Expansión
La expansión entre julio y septiembre superó el 2,2% del trimestre anterior y el 3,2% que esperaban algunos economistas.
La tasa anualizada expresa cuánto crecería la economía si mantuviera ese ritmo durante un año; el avance respecto del trimestre previo fue del 0,8%, según la Oficina de Análisis Económico (BEA).
Los hogares mantuvieron sus compras pese a los precios elevados y las empresas aceleraron el gasto para aprovechar el auge de la IA. El consumo, que representa más de dos tercios de la economía, aumentó un 3,8% anualizado, al mismo ritmo que en el segundo trimestre. Según la BEA, la aceleración del PBI respondió principalmente a un mayor impulso de la inversión y a un repunte del gasto público.
El resultado llegó un día después de que el presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, describiera la economía como “fuerte”, un escalón por encima del calificativo de “sólida” que el banco central había utilizado el mes pasado.
“El crecimiento económico se ha fortalecido. La actividad real apunta claramente en la dirección correcta. Eso es una buena noticia. Pero la inflación es demasiado alta”, dijo ante los periodistas.
El costo de la expansión
El auge tecnológico también dejó su huella en el comercio exterior.
Las empresas compraron más equipos extranjeros para los nuevos centros de datos, lo que elevó las importaciones, que se restan en el cálculo del PBI para excluir la producción de otros países. Así, la economía creció pese al lastre comercial, con una caída de las exportaciones durante el trimestre.
En septiembre, el déficit comercial de bienes alcanzó los US$134.900 millones, un 2,1% más que en agosto y el nivel más alto desde marzo de 2025. Según Bloomberg, las importaciones de bienes de capital, una categoría que incluye computadoras, semiconductores y equipos de telecomunicaciones, saltaron un 7,5% hasta un récord. El dato corresponde solo a mercancías: el balance completo, con los servicios, se conocerá el 4 de noviembre.
Pero la principal debilidad sigue en los precios. La inflación interanual fue del 3,6% en septiembre, según el índice de gastos de consumo personal (PCE), la medida que prefiere la Fed. En la comparación mensual, los precios avanzaron un 0,5%. El indicador subyacente, que excluye alimentos y energía por su volatilidad, subió al 3,1%, desde el 3% de agosto. La inflación lleva casi seis años por encima de la meta del 2% del banco central.
Pese a esa persistencia, la Fed mantuvo el miércoles la tasa de referencia en un rango del 3,75% al 4%. La decisión tuvo diez votos a favor y dos en contra: Lisa Cook y Beth Hammack preferían un aumento de un cuarto de punto porcentual. La discrepancia expuso las diferencias dentro del organismo sobre cómo responder a una economía vigorosa con precios todavía elevados.
Señales de desgaste
El buen desempeño del trimestre tampoco elimina las señales de presión sobre las familias. En septiembre, el consumo ajustado por inflación quedó prácticamente estancado, mientras el ingreso disponible real cayó un 0,3%. La tasa de ahorro se ubicó en el 3,8% del ingreso disponible, según otro informe de la BEA publicado este jueves.
La velocidad actual plantea, además, una dificultad para sostener la expansión. Según las estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, la economía crece a un ritmo que no puede mantener sin agravar la inflación.
Por ahora, el dato ofrece alivio a los republicanos antes de los comicios del 3 de noviembre. La primera estimación del PBI tendrá al menos dos revisiones a medida que ingresen nuevos datos. La próxima actualización se publicará el 25 de noviembre, tres semanas después de las elecciones.
Agencias AFP y Reuters y diario The Washington Post
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Source: La Nación · LA NACION
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