El tordillo Chunk of Gold es uno de los 10 rivales que tendrá el argentino Full Serrano en la versión Dirt Mile (G1) de la Breeders’ Cup, la serie de 14 grandes premios que puede equipararse a unos Juegos Olímpicos del turf, que se desarrollarán este año en el hipódromo de Keeneland, entre el viernes y el sábado próximos. El último de esos días, a las 15.26 de nuestro país, estarán uno al lado del otro en las gateras del tercero de los grandes clásicos de la jornada dedicada a los ejemplares adultos, con un millón de dólares en disputa.

Adquirido en la subasta de yearlins [al año de vida] de octubre de 2023 en Kentucky por una cantidad que, en el mundo de los SPC, equivale prácticamente a nada, el caballo que compró Terry L. Stephens demostró una tenacidad asombrosa cuando llegó el tiempo de ser entrenador y competir: terminó entre los tres primeros en 12 de sus 13 carreras en su camino hacia una de lo de los festivales más importantes del calendario en el mundo hípico. Se pagó 2500 dólares y acumula ganancias por 1.051.511 de la misma moneda.

A su alrededor hay quienes sostienen que, por el precio de algunos de los electrodomésticos más importantes del hogar, unas vacaciones cortas en pareja o la entrada más económica en la final del reciente Mundial 2026, también se puede tener un caballo capaz de generar una cifra que sigue aumentando y, podría decirse que es, literalmente, “un pedazo de oro”, tal la traducción de su nombre al castellano.

Chunk of Gold —especula un informe brindado desde la organización del certamen— se ganó más respeto en la derrota que en la victoria, dado que registra sólo tres triunfos, entre ellos el West Virginia Derby (G3), y ocho segundos puestos, incluidos sus tres compromisos de 2026, con sus participaciones en el Philip Iselin (G3) y el Lukas Classic (G2) como más recientes. La única vez que fue llevado a Keeneland anteriormente ganó de punta a punta y por poco más de ocho cuerpos una prueba preparatoria para su vuelta a los cotejos premium. Pasó un año para su retorno, ahora con un mandil especial para la ocasión, con el número 652 en la semana previa de entrenamientos.

Su equipo lo lidera el entrenador Ethan West, de 33 años. Es la cabeza del grupo de trabajo que construyó el recorrido que inició con éxito en diciembre de 2024 e incluyó su participación en el Kentucky Derby (G1) del año pasado, que fue su único paso en falso. Luego, de inmediato, recuperó el protagonismo y los resultados son una recompensa que sigue dando frutos, como un tesoro al final del proverbial arcoíris.

“Es un atleta. Es muy competitivo y se esfuerza al máximo cada vez que sale a la cancha. Por un lado, es dócil, tranquilo y no se desgasta innecesariamente, pero, al mismo tiempo, realiza su trabajo con una gran profesionalidad y se nota que lo disfruta. Cuanto más le pedimos, más nos entrega. Es alguien excepcional; no sobran los elogios que le damos”, lo describe West.

En 2025, el tordillo demostró una notable evolución y gran aplomo, además de buena velocidad, lo que podría coincidir aquí con los planes con Full Serrano, que también corrió sólo tres veces esta temporada y este martes ya comenzó a aclimatarse, después de su viaje desde California, donde está radicado desde que dejó Buenos Aires en 2024, mucho antes de que Chunk of Gold llegara a las pistas. De hecho, el caballo estadounidense siquiera había debutado cuando el argentino corrió y ganó este mismo cotejo hace dos años en Del Mar, el escenario ubicado en San Diego frente a la playa que recibió al evento itinerante las dos últimas temporadas.

West no quiere mirar demasiado hacia atrás. Prefiere concentrarse en lo que sucede en la actualidad. “No podemos volver atrás para arreglar las cosas, al fin y al cabo. El caballo sale a la pista, lo llevas al lugar indicado, lo posicionas para correr y él lo hace. En el Lukas Classic [su última carrera, el mes pasado], en Churchill Downs, el desarrollo nos perjudicó: nos presionó un rival con pocas probabilidades, fuimos demasiado rápido al principio y [el jockey] Jaime [Torres] tuvo que decidir entre pelear con él o dejar que el caballo se relajara, que es por lo que optó y creo que fue una decisión correcta. Antes, en Monmouth Park, corrió de forma espectacular y Bishops Bay lo superó, pero no cambiaría nada de lo que hicimos. Y en la primera carrera de este año, tras siete meses sin competir, el ritmo inicial fue lento y otro caballo terminó alcanzándolo. Creo que no hay de qué quejarse”, describió el preparador.

El domingo pasado hizo su trabajo final, el segundo desde que llegó a Keeneland, y sorprendió a muchos su agilidad. “Se puso sus anteojeras y, metafóricamente, se calzó los guantes de boxeo”, describe la reseña que el equipo de prensa de la Breeders’ Cup entrega diariamente a los medios acreditados. Empleó 49s40/100 los 800 metros en la arena. “Me encantó. Se mostró tranquilo mientras nos dirigíamos a la salida y cada vez que se le pedía que se mantuviera bien apoyado en el freno, lo hacía por sí solo. Nos gusta que sea suave el último ejercicio fuerte y el galope posterior fue excelente; no podría haber pedido un mejor entrenamiento final antes de una carrera de este tipo. Ese era nuestro plan, lo hizo de maravillas. Se le veía contento y, en cuanto terminamos, levantó las orejas. Todas son señales positivas”, sentenció el entrenador.

A su alrededor hay una gran incógnita: si tiene la calidad suficiente. “Siempre que lo hemos llevado a competir, respondió al máximo de sus capacidades, deja el alma en la pista. Si logramos que repita eso, sería algo fenomenal. No tiene muchas victorias, pero obligó a muchos caballos de gran nivel a esforzarse al máximo para poder ganarle y hace poco alguien lo definió a la perfección: puede que no gane, pero hará que sus rivales sufran para vencerlo”, completó West.

Por Carlos Delfino

Source: La Nación · Carlos Delfino

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