Si lo humano es “la vida”, o sea, el otro extremo de la balanza que sería “la muerte”, los vivos cuidaríamos la vida como lo más precioso hasta su inevitable final, opuesto y complementario de la propia vida. Pero si la vida se autojustifica por su inevitable muerte y renovación biológica perpetuas, la vida promete una eternidad que todas las religiones quie

Excerpt from La Jornada. Original publication ↗

Source: La Jornada

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