La marea verde de profesores y profesoras, en huelga indefinida desde el 14 de octubre, ha trasladado su malestar este jueves hasta las puertas de la Asamblea de Madrid. Desde las nueve de la mañana, miles de docentes —3.000 según la Delegación del Gobierno— se han acercado y cortado la avenida de Pablo Neruda. Frente a ellos, decenas de policías custodiaban el paso hacia la acera de enfrente, donde se encuentra el edificio en el que los diputados madrileños asistían al pleno de los jueves.
Los huelguistas, uniformados con las camisetas verdes que reivindican la educación pública madrileña, han llegado con todo su arsenal de proclamas con la intención de seguir presionando a la Consejería de Educación para que “se siente de una vez” a negociar. Hasta ahora, Mercedes Zarzalejo, la consejera de Educación, Ciencia y Universidades, se ha negado en rotundo a cualquier posibilidad de diálogo.
Entre todos los presentes, que no han cesado de gritar y soplar por sus silbatos como si el eco de esos pitos pudiera traspasar los muros y llegar al interior de la Asamblea, se encontraba una mujer más pendiente del móvil que de lo que sucedía a su alrededor. Se trata de Alejandra Ramírez, de 37 años y profesora de inglés en un colegio que prefiere no especificar, que sigue el pleno a través de la señal en directo. “Quiero motivarme con lo que estamos consiguiendo aquí fuera, con toda esta unión, pero tampoco quiero perder de vista por dónde van las cosas ahí dentro”, ha dicho. “Si yo no fuera profesora, creo que como ciudadana no entendería que se le dé la espalda a estas miles de personas y se intente hacer como que no existen. Su obligación es girarse y atender, para eso les han elegido”, se ha quejado. “Si no quieren vernos, es que están rematadamente ciegos o fuera de este mundo. No son causas políticas, son causas justas que debería secundar cualquier persona. La educación es un derecho universal”, ha añadido.
Las exigencias principales de los huelguistas se centran en varios puntos clave como reducir a 17 las horas de clase a la semana en secundaria y a 22 en infantil y primaria (de 19 y 25, respectivamente); bajar las ratios de estudiantes por clase, incrementando el personal especializado en atención a la diversidad; atajar la segregación socioeconómica del alumnado entre la red pública y concertada; aumentar el salario de los docentes en 600 euros al mes; mejorar las infraestructuras educativas, incluyendo la climatización de los centros y la eliminación de amianto, y disminuir la carga burocrática.
En medio de la protesta, una pancarta sostenida por las profesoras del Ceipso José de Echegaray —centro con 830 alumnos de primaria y 350 de secundaria— habla de esta cuestión: “Harry Potter tenía magia, nosotras burocracia”. Marina Berzal, de 31 años, ha asegurado que esta carga de papeleo imposibilita que ni ella ni ninguna de sus compañeras puedan cumplir su jornada laboral. “Solo llegamos a los objetivos acumulando horas extra. Lo peor es lo que estamos repitiendo por activa y por pasiva, que los grandes perjudicados son nuestros alumnos, que son los hijos de la sociedad. Toda la atención que les dejamos de prestar es atención que dejas de prestarle al futuro de tu sociedad”, ha incidido.
“Los días de huelga nos dan subidón, estamos muy orgullosos de lo que se está consiguiendo. Pero luego llegamos a casa y vemos las declaraciones de los que están ahí dentro y nos afecta. Estamos llegando a unos puntos de falta de respeto que no comprendemos”, ha lamentado. “Nos llaman violentos. Al día siguiente de las cargas policiales del lunes, en el colegio lo que se respiraba era un ambiente de tristeza”, ha contado Berzal, que quiere destacar el poder de las asambleas de profesores que han ido naciendo “centro a centro” y que son las que “han obligado a los sindicatos a convocar la huelga”.
En el marco de su protesta, han desplegado farolillos en la salida del Cercanías de la zona, en alusión a las palabras de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, quien tildó de “coro rociero” a los manifestantes. Dentro de la Cámara, se ha hablado mucho de la huelga. “Tiene a toda la educación madrileña en la calle y usted en vez de sentarse con ellos decide insultarles. Son docentes, no son delincuentes”, le ha espetado la portavoz del PSOE, Mar Espinar. Ayuso ha sacado la recortada: “Es una huelga política porque los sindicatos están de elecciones ahora en otoño”. La huelga se convocó en junio, tres meses antes de que se anunciara la convocatoria de elecciones.
La portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, también ha pedido a la presidenta que “deje de criminalizar las protestas”. “Vive bunkerizada, solo se reúne con lobbies de millonarios y con fondos buitre. Y tiene que salir con la cabeza gacha de sus actos para no encontrarse con las profesoras de la pública cara a cara”. “Le están quitando a los niños el derecho a ser escolarizados, impiden que los madrileños vayan a trabajar, les cortan calles, provocan atascos, cortan autovías y les están impidiendo también a los comerciantes ganarse la vida. Ustedes no respetan nada porque son profundamente totalitarios”, ha dicho Ayuso a Bergerot como si los paros y las protestas las convocara este partido.
Mientras, fuera, segían los pitidos. Los profesores y profesoras tratan de reivindicarse con este tipo de movilizaciones que, según ellos, afianzan “su organización”. “Los datos de la huelga han ido disminuyendo, como es normal. Económicamente, es una sangría. Mantener el pulso significa perder la mitad de tu salario y no es algo que se pueda permitir cualquiera. Sin embargo, nos estamos organizando mejor, eso es lo que creemos que nos dará el éxito. Nuestra fuerza es que somos mayoría entre los docentes”, manifiesta Armando Martínez, que enseña música en el instituto Laguna de Joatzel de Getafe.
Martínez ha madrugado para comenzar la jornada haciendo piquetes por este municipio del sur. “Muchos nos hemos preparado para esta huelga durante meses. Previendo que se iba a perder mucho dinero, la gente se ha quitado de vacaciones. Por eso es tan indignante que no nos quieran ni atender, que es su obligación por ley”, denuncia. “No tienen interés porque supone dinero e inversión. Pero nuestra fuerza es estar aquí y obligarles a que lo destinen a los servicios públicos y no a sus colegas”, se despide casi al término de la concentración, que se ha disuelto sin incidentes alrededor de la una del mediodía.
Source: El País · David Expósito
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