Las sacudidas bélicas de la guerra de Irán y la de Ucrania alcanzan de lleno, desde hace meses, al comercio mundial, con cientos de barcos mercantes —la gran mayoría, petroleros— a merced del fuego cruzado entre países en tres frentes: el golfo Pérsico, el mar Rojo y el mar Negro. Y esos ataques, que se han cobrado ya la vida de al menos 42 marineros y causado enormes daños materiales y económicos, no hacen más que aumentar.
Desde el pasado 1 de marzo —tras el inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, respondidos por la República Islámica con ataques a los aliados estadounidenses en el golfo Pérsico—, 137 buques han sido atacados en el estrecho de Ormuz y el entorno del Golfo, según un recuento de EL PAÍS a partir de los avisos de la agencia marítima británica UKMTO. Los buques comerciales no sufrían tantos ataques desde la guerra de los petroleros entre Irán e Irak, que se libró en esas mismas aguas en los años ochenta. Son 17 casos al mes, más que en 1987, el peor año de aquella contienda.
Octubre ha sido el mes más violento en la zona, con 35 barcos alcanzados por drones o misiles. Pero no es el único frente: en el mar Rojo los hutíes, aliados de Irán, han vuelto a disparar contra barcos. Y, en el mar Negro, Rusia y Ucrania han atacado unos 86 mercantes solo entre julio y septiembre de este año, según la consultora especializada Windward.
El domingo 11 de octubre, seis buques avisaron a la UKMTO de que habían sido atacados en Ormuz. Nunca habían sido tantos en un solo día desde que empezó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, a finales de febrero, según un análisis de BBC Verify. Dos días después, un proyectil alcanzó al portacontenedores GFS PRIDE, con bandera de Singapur. Se hundió al día siguiente. Sus 21 tripulantes lograron salir con vida, y Washington ha atribuido el ataque a un misil de la Guardia Revolucionaria.
Por el estrecho de Ormuz salía antes de la guerra cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Que los barcos puedan cruzarlo sin ser atacados, como el canal de Suez o el estrecho de Taiwán, es una de las bases del comercio mundial desde 1945, cuando Estados Unidos se convirtió en la gran potencia naval que garantizaba la libertad de navegación.
En 2026, esa libertad está siendo atacada en tres mares a la vez: el golfo Pérsico, el mar Rojo y el mar Negro. Y Estados Unidos también dispara. Sus fuerzas han inutilizado 12 petroleros al aplicar el bloqueo a los puertos iraníes, y dos de ellos se han hundido.
El peor año
El recuento de EL PAÍS, buque a buque, dibuja dos subidas en los ataques registrados en el golfo Pérsico. La primera llegó en marzo, con el inicio de la guerra contra Irán. En abril, mayo y junio, los ataques en Ormuz bajaron a menos de diez al mes. El presidente de EE UU, Donald Trump, anunció un alto el fuego el 14 de junio y lo dio por terminado el 7 de julio. Desde entonces, los ataques han vuelto a crecer hasta el récord de octubre. Entre el 5 y el 11 de ese mes fueron alcanzados 12 barcos, la peor semana del conflicto. En la última semana de octubre fueron atacados otros cuatro.
Entre 1981 y 1987, Irán e Irak atacaron 451 barcos en el golfo Pérsico para cortar las exportaciones de petróleo del otro bando, según la revista naval estadounidense Proceedings. En 1987, el peor año, fueron 179, unos 15 al mes. Aquel año, Estados Unidos empezó a escoltar con buques de guerra a los petroleros kuwaitíes. Hoy, en esas mismas aguas, la frecuencia de los ataques es mayor que entonces, incluso sin contar los barcos que ha inutilizado Washington.
“Desde el punto de vista de la seguridad, 2026 ha sido el peor año para el transporte marítimo desde la guerra de los petroleros de los ochenta y los años álgidos de la piratería somalí”, resume Jakob P. Larsen, director de seguridad de BIMCO, la mayor asociación internacional de navieros. Un Estado no ataca con fusiles, recuerda, sino con armas de guerra: misiles, drones, minas. Los daños para la tripulación, el barco y la carga son mucho mayores. Y el transporte se encarece, porque cada vez hay menos navieros y marineros dispuestos a correr el riesgo mientras la demanda sigue igual.
Las escoltas tampoco funcionan como en los ochenta. Según Larsen, los buques de guerra estadounidenses no pueden operar con seguridad en el golfo Pérsico por la amenaza de los misiles y drones iraníes. La protección depende sobre todo de cazas, helicópteros y drones.
La mayoría de los barcos alcanzados son petroleros: el 87% de los atacados por Irán entre julio y septiembre, según Windward. Los bombardeos se concentran a la salida del estrecho de Ormuz, pero en octubre han llegado al centro del golfo Pérsico, frente a Catar y Arabia Saudí, y a aguas de Irak y Omán. La UKMTO casi nunca dice quién dispara: en 119 de los 137 ataques, sus avisos no lo precisan. Irán, en cambio, reivindica ataques que nadie ha podido comprobar. El 21 de octubre aseguró haber alcanzado siete barcos en un día. El recuento de EL PAÍS solo incluye los confirmados.
Una guerra naval en el mar Negro
En el mar Negro, Rusia y Ucrania libran desde 2022 su propia guerra en el mar, y este año se ha vuelto más mortífera. Ucrania depende de sus puertos de Odesa, Chornomorsk y el Danubio para vender el 90% de sus exportaciones agrícolas, según la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. Rusia ataca con drones los barcos que entran y salen de esos puertos, muchos cargados de grano. Ucrania, por su parte, golpea a los petroleros que exportan crudo ruso, la llamada flota fantasma, con drones navales cargados de explosivos.
El gran salto llegó en julio. Noah Trowbridge, analista de la consultora de seguridad marítima Dryad Global, lo atribuye a la campaña que Ucrania lanzó ese mes contra los petroleros rusos en el mar de Azov, después extendida al mar Negro. Moscú respondió con una oleada de ataques contra los puertos ucranios y los barcos que se dirigían a ellos, “incluso en las zonas económicas exclusivas de países vecinos”. Entre el 5 y el 28 de octubre fueron atacados al menos nueve mercantes frente a las costas de Rumanía y Bulgaria, dos países de la OTAN. Cinco se hundieron.
Es el frente más peligroso para los marineros. El recuento de EL PAÍS registra 32 muertos en el mar Negro, de los 42 contabilizados en los tres mares, sin contar a las 31 desaparecidos solo en esos ataques de octubre. Damien Chevallier, director de seguridad marítima de la Organización Marítima Internacional (OMI), señala por correo que “ser marino se ha convertido en una profesión realmente peligrosa”.
El tercer frente
En el mar Rojo, los hutíes, una milicia chií de Yemen aliada de Irán, declararon el 20 de julio un bloqueo contra los barcos vinculados a Arabia Saudí. Dos días después alcanzaron al petrolero saudí ENCELIA. El recuento suma 11 buques atacados este año en el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb, casi todos después del bloqueo. Lejos aún de su campaña bélica anterior, con más de 100 barcos alcanzados entre 2023 y 2025, que obligó a buena parte del tráfico entre Asia y Europa a evitar el canal de Suez y rodear África.
Menos piratería
La escalada bélica en ese triple frente ha coincidido con un tráfico marítimo más denso. A finales de septiembre, el banco JP Morgan calculaba que por Ormuz pasaban unos 17,5 millones de barriles de petróleo al día, casi lo mismo que se movía antes de la guerra. Pero sus analistas advertían: “El aumento de los cruces no debe confundirse con una mayor seguridad”.
Y, mientras los ejércitos disparan contra los barcos, los piratas del mar atacan menos: la Oficina Marítima Internacional ha registrado 51 incidentes de piratería entre enero y septiembre, la cifra más baja desde 1992.
Source: El País · Adrián Sagredo, Luiza Cauduro
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