El 25 de septiembre, apenas una semana después de esta entrevista, Susan Sarandon (Nueva York, 80 años) fue detenida a las puertas de la ONU en Nueva York. Protestaba, junto a otras actrices como Hannah Einbinder o Cynthia Nixon, contra la comparecencia en la Asamblea del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. No era la primera vez que la detenían y quizás no sea la última. Susan Sarandon, actriz en más de 100 películas, ha protagonizado éxitos de Hollywood como El cliente, Quédate a mi lado o Las brujas de Eastwick; películas de culto como The Rocky Horror Picture Show o Thelma y Louise; y películas comprometidas como Pena de muerte, que le valió un Oscar. Ha aparecido en la serie Friends y ha rodado con Louis Malle. Porque Sarandon escoge sus proyectos como vive, de forma desprejuiciada, con una mezcla de curiosidad y desafío: “Cuando leo un guion quiero que me conmueva. Quiero que el personaje sea algo que no haya hecho antes. Está muy bien si hay un director con una buena trayectoria, pero a veces son directores nuevos. Es genial si te pueden pagar, pero a veces no pueden”. Es el caso de su último proyecto, The Accompanist (aún pendiente de título en español), donde interpreta a Sylvia, una madre de acogida atormentada y excéntrica.

Sarandon llega puntual. Se prueba la ropa y desayuna mientras la maquillan. Después, en la sesión de fotos, se sube a una mesa de un salto y se acuclilla varias veces sin esfuerzo aparente. Agilísima de cuerpo y mente, la conversación tiene lugar a pocos días de que cumpla 80 años, algo que ya ha celebrado en un rancho de Montana con sus nietos y sus tres hijos: Eva Amurri, a la que tuvo con Franco Amurri, y Jack y Miles Robbins, fruto de la relación de más de 20 años que mantuvo con Tim Robbins. “Quería estar con mi familia y la única semana que mis nietos tenían libre en sus apretadas agendas era en agosto”.

Pregunta. En The Accompanist, el debut en la dirección de Zach Woods, interpreta a Sylvia, una madre divertida, dura y vulnerable, pero también muy tolerante, que acoge a una niña. ¿Usted fue una madre abierta de mente?

Respuesta. Digamos que hay determinadas cosas que a mí no me molestan y que quizá sí molestan a otras personas. Yo con mis hijos hablé de drogas, de sexo... Crecieron en Nueva York, y si vives en Downtown no es difícil criar a un niño para que sea abierto hacia distintas religiones, razas y modelos de familia… Esa fue una de las razones por las que quise criarlos en la ciudad, porque sentía que no estaba lo suficientemente atenta a ellos como para educarlos con esa apertura hacia las cosas diferentes y la ciudad es genial para eso, ya sabes: todo tipo de arte, todo tipo de todo... eso ayuda. Mi idea era que si vas a criar a niños privilegiados, al menos tienes que asegurarte de que sean conscientes de su privilegio y no lo den por sentado.

P. La película plantea justo lo contrario a una crianza privilegiada: una niña que es arrancada de su casa por la fuerza por una trabajadora de protección de menores novata a la que interpreta Aubrey Plaza.

R. Sí, y quiero contar una cosa que descubrimos durante la promoción: la madre de Aubrey y mi madre estuvieron las dos en el sistema de acogida. Mi madre creció entre familias de acogida y un orfanato, y a su madre le ocurrió lo mismo. No lo sabíamos cuando estábamos rodando. En el sistema de acogida hay varias cosas problemáticas, pero una de las peores es que cuando los chicos en acogida cumplen 18 años los echan sin trabajo, sin vivienda, sin nada. Sin formación, sin educación, sin dinero: pum, fuera.

P. Es la mayor de nueve hermanos, ¿cómo fue su infancia?

R. Mi infancia estuvo bien. Quiero decir, no conocía otra cosa. No fue una infancia muy de jugar porque, al ser la mayor, mis hermanas me cuentan que era yo quien las acostaba, las bañaba y hacía todas esas cosas porque en casa siempre había un bebé. Desde luego una familia numerosa te enseña a sobrevivir en medio del caos. Es algo que se me da muy bien. También te acostumbras a no tener apenas intimidad. Cuando era pequeña no salía mucho de casa porque me necesitaban allí. Pero estuvo bien.

P. ¿La maternidad cambió las decisiones que tomó en su propia carrera?

R. Sí. Por ejemplo, Jane Campion me ofreció un papel muy bueno en una película y coincidió exactamente con el momento en el que mi hija empezaba la secundaria, que es un cambio muy importante para una adolescente y ella estaba muy nerviosa, y Jane Campion me dijo que podía ir y venir pero iba a pasarme todo el tiempo esperando el momento de marcharme. Por supuesto, mi hija no sabe nada de esto ni se acuerda. Debería echárselo en cara ahora [ríe]. Pero sí, hubo cosas que rechacé porque no era el momento adecuado. Intentaba que las películas grandes coincidieran con el verano, como Thelma y Louise o El cliente. Todas se rodaban fuera y mis hijos estaban conmigo durante el verano. Recuerdo la primera vez que hice una película sin que mis hijos estuvieran conmigo. Fue la de Richard Gere y JLo, y pensé: “Dios, ¿y ahora qué hago?”. Ya no tenía que organizar que vinieran al rodaje a la hora de comer ni buscar dónde estaba el museo infantil. Creo que uno de los regalos que les he dado a mis hijos es la flexibilidad. Se adaptan bien, ya sabes, por culpa de su horrible infancia [ríe].

P. ¿Se quejaban?

R. Recuerdo que uno de mis hijos decía: “Cuando era pequeño estaban todos esos artistas bailando en nuestro salón, tocando el piano y ayudándonos a hacer arte”. Se lo estaba contando a un amigo que dijo algo así como: “Pues la verdad es que suena genial”. Es lo normal, tienes que enfadarte con tus padres, pero solo hasta los 30 años. Después tienes que empezar a asumir algún tipo de responsabilidad sobre ti mismo. ¿Tu padre era frío? Vale. Pues tú sé cálido.

P. Suele interpretar a mujeres fuertes pero también vulnerables. Es el caso de Sylvia, pero también el de la hermana Helen, el papel que le dio el Oscar por Pena de muerte, su cuarta nominación ¿Cómo de importante fue aquel Oscar?

R. Si tenía que ganar por algo, me alegro de que fuera por esa película porque yo encontré la biografía, encontré a la monja que era la autora y me dio el libro, trabajé en el guion, prácticamente produje la película. Había muchísima responsabilidad porque sabía que era la primera vez que una película iba a explicar las dos caras de lo que significa la pena de muerte. La gente tiene opiniones muy fuertes sobre la pena de muerte, igual que ocurre con el control de la natalidad, pero nadie tenía ni idea de los detalles concretos de lo que realmente ocurre, de lo injusto que es o de cómo en realidad las ejecuciones no proporcionan ningún consuelo a las víctimas. Y lo que me encantaba del libro era que la hermana Helen no empieza siendo una heroína. Simplemente se va metiendo cada vez más, poquito a poco. Es una persona normal que ve que algo está mal y empieza a hacer preguntas. Esas son las mujeres que me gusta interpretar. La hermana Helen y yo seguimos siendo amigas. Vivió en nuestra casa mientras Tim decidía si quería hacer la película, hasta que un día ya me enfadé y le dije: “Tienes que decidir de una vez si vas a hacerla porque si no voy a llevarle el libro a otra persona”. Y él dijo: “Está bien, le echaré un vistazo”.

P. ¿Su propio activismo se desarrolló también de esa manera casi casual?

R. No. Yo ya participaba en protestas en la universidad, a finales de los 60 era fácil manifestarse por la guerra de Vietnam. Y seguí haciéndolo. En 1984 estuve en Nicaragua llevando leche para bebés y cosas así. Llevo mucho tiempo siendo activista porque creo que tienes una responsabilidad dentro de tu comunidad de hacer todo lo que puedas para asegurarte de que la gente tenga comida, tenga una casa y pueda vivir con dignidad.

P. Manifestarse y hablar sobre el genocidio en Gaza le ha hecho perder trabajo. ¿Es la primera vez que su activismo tiene consecuencias para su carrera?

R. No, ya había pasado antes, aunque no de una forma tan grave. Por ejemplo, durante la epidemia del sida se suponía que no debías hablar públicamente de ello y, cuando hablé en los Oscar sobre los refugiados haitianos con VIH que estaban en Guantánamo, me vetaron en la Academia. Pero lo importante es que yo no soy una víctima; deberíamos estar hablando de las víctimas y de lo que está ocurriendo en Gaza y Cisjordania.

P. En 2018 le detuvieron por protestar contra la separación de los niños de sus padres en la frontera. ¿Sigue movilizándose por la crisis migratoria?

R. Sí, me detuvieron hace años, durante aquella primera separación de los niños de sus padres en la frontera, y creo que ya me toca ir al centro de detención de Elizabeth [un centro de internamiento de inmigrantes en Nueva Jersey] y montar algo allí por lo que está ocurriendo con los refugiados en este país. Mucha de la gente a la que están deteniendo son ciudadanos, tienen toda la documentación. No están deteniendo a criminales.

P. También se ha movilizado por los refugiados en otros lugares del mundo.

R. Estuve en Lesbos y fue desgarrador porque los inmigrantes pensaban que, una vez superada esa amenaza existencial terrorífica de subirse a esos barcos con chalecos salvavidas falsos, todo iba a salir bien. Pero luego terminaban en aquel campamento. Esos días mi teléfono funcionaba fatal, pero conseguí hablar con mi hija Eva. Me estaba llamando junto a mi nieta que entonces tenía dos años y allí había una mujer con una niña de una edad parecida, y las dos niñas se miraban y se señalaban, y pensé: “mi nieta simplemente ha tenido la suerte de nacer donde nació”. Pregunté a una mujer cómo había sido capaz de arriesgarse a hacer ese viaje con su hijo pequeño, y me dijo: “Si estás en el último piso de un edificio, hay un incendio, y sabes que vas a morir si el fuego llega hasta ti, saltas. Y esperas que salga bien, pero saltas”. Y eso es lo que estaba haciendo toda esta gente.

P. Lleva décadas utilizando su fama y su altavoz para defender causas sociales. ¿Hay alguna idea equivocada sobre usted que ya ni siquiera intenta corregir?

R. No estoy segura porque no leo nada de esas cosas. De vez en cuando alguien me llama comunista. Creo que es simplemente la manera más fácil que tienen algunas personas de decir que les parece que alguien está como una cabra, que es un izquierdista. Pero desde luego no soy comunista. Aunque tampoco soy demócrata. Ya lo he dicho. Soy patriota. Soy independiente.

P. Pero, ¿vota?

R. Sí. Pero no puedo votar en las primarias porque no soy demócrata, así que solo puedo votar en las elecciones generales. Pero conseguimos a Mamdani de todas formas, incluso sin mi voto comunista.

P. ¿Le gusta Mamdani?

R. Me encanta. Está consiguiendo cambios reales y concretos en Nueva York, está logrando que la vida sea materialmente mejor para mucha gente trabajadora. Es muy inteligente.

P. A los 80 años, ¿hay algo que le hubiera gustado entender antes?

R. Equivócate más rápido. Comete errores, comete errores grandes, pero comételos más deprisa. Sabes cuándo algo es tóxico, así que sal de ahí. Lo notas en las tripas cuando no estás siendo auténtico, cuando no estás siendo fiel a ti mismo, así que escucha eso y asimílalo, pero no hace falta que tardes dos años. Probablemente podrías aprender la lección en unos cuatro meses. Yo siempre le doy demasiadas oportunidades a todo el mundo.

P. ¿Hay algo que eche de menos de ser más joven?

R. Sin duda. Físicamente, porque mentalmente no pienso en mí misma como alguien de ochenta años, es algo que todavía me sorprende. Pero notas cómo el cuerpo se va haciendo más lento. El otro día estaba hablando con mis nietos y les dije que quiero llegar al momento de morir completamente gastada. Sin guardarme nada. Como dicen en el deporte “dejarlo todo en el campo”. Simplemente estar presente. Sería un buen epitafio si me fueran a enterrar, que no es el caso. Pero si así fuera ‘Estuvo ahí’ me parece uno bueno. Es bastante sencillo

P. Este año Thelma y Louise fue el cartel del Festival de Cannes porque cumplía 35 años. Es una película icónica. Cuando la rodó, ¿tenía idea de en qué iba a convertirse?

R. Estábamos haciendo una película de vaqueros con camiones y mujeres y terminó convirtiéndose en otra cosa porque en realidad no entendíamos hasta qué punto aquel género pertenecía a héroes blancos heterosexuales. Cuando les dabas a dos mujeres armas y libertad resultaba muy amenazador para la gente. Hubo muchísima reacción en contra. Al principio decían que estábamos haciendo apología del suicidio, aunque nadie dijo eso de Butch Cassidy and the Sundance Kid. Pero, claro, también dijeron que en esa película se odiaba a los hombres, que los personajes masculinos no eran muy buenos. La película provocó una reacción en contra inesperada.

Y luego gracias a que se volvió tan controvertida y popular, no sé ni cuánto dinero hizo. Es curioso porque recibo cartas en las que me dicen: The Rocky Horror Picture Show me abrió los ojos y después de ver Thelma & Louise me fui de mi ciudad.

P. Ha trabajado con Joel Schumacher, Barry Levinson o George Roy Hill, además de con directores noveles como Zach Woods. ¿Hay algún director con el que le gustaría trabajar?

R. Me encantan todos esos fabulosos directores mexicanos: Iñárritu, Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón… Cualquier película suya me habría gustado hacerla. Otro director que me encanta es Danny Boyle. Es un cineasta buenísimo, anoche vi su película Ink. Y Chloé Zhao también es una directora con la que me gustaría trabajar. Cuando vi Nomadland y Hamnet pensé: “estas son películas maduras”. Toda esta gente sabe hacer cine. No es simplemente televisión. Son cineastas de verdad.

P. Hace poco recibió un Goya en España. ¿Qué significó ese reconocimiento?

R. No me había dado cuenta cuando fui de lo importante que era. Igual me habría dado demasiado miedo ir si lo hubiera sabido… [ríe]. Pero me encanta España. Estoy segura de que en vuestro país hay algunas cosas terribles, como en todas partes. Pero España e Irlanda realmente han dado un paso al frente y han desafiado al resto de países a ser más responsables moralmente, y eso lo agradezco.

P. ¿Hasta qué punto conoce el cine español contemporáneo?

R. Antes en Nueva York había muchas pequeñas salas de cine que programaban películas independientes. Cuando estaba con Louis Malle él llevaba físicamente sus películas al proyeccionista porque todo el mundo conocía a los proyeccionistas buenos. Así de vieja soy. Y así fue también como se descubrió The Rocky Horror Picture Show, en cines gays y en salas diminutas. Pero ya casi no queda ninguna, así que es difícil ver películas que no sean comerciales y no sé mucho de cine español contemporáneo. Por supuesto, me encantan todas las películas de Pedro [Almodóvar]. Tiene un punto de vista muy particular. Me manifesté con él en Los Ángeles contra la guerra de Irak, justo en la época de los Oscar. Lo admiro muchísimo. Aunque estoy un poco enfadada porque nunca me ha puesto en ninguna de sus películas, pero no pasa nada. 

Créditos

Estilismo: Juan Cebrián

Maquillaje, peluquería y manicura: Genevieve Herr (Sally Harlor), Matthew Monzon (TMG LA) y Pattie Yankee.

Producción: Cristina Serrano.

Asistente de producción: Pete Koukov.

Diseño de set y editor en set: Elaine Winter y Mari Siviakova.

Retoque fotográfico: La machine.

Producción local: Drita Curanaj (R3 Mgmt) y Wojtek Szaulinski.

Sastre: Margarita Babina.

Asistentes de fotografía: Christopher Morel y Keegan Eckart.

Asistente de estilismo: Fern Cerezo y Jan Anthonio Diaz.

Source: El País · Sofía Ruiz de Velasco

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