La desescalada en Sol está cada vez más cerca. Todavía se debaten los pormenores del proceso, pero ya hay cierto consenso respecto a que es necesario. Va a ser una desescalada lenta que durará al menos varios días, pero que ya ha comenzado, según han confirmado varias fuentes de la organización del campamento: “Hoy es el día cero, estamos planeando cómo hacerlo”, asegura un militante que trabaja en el pulmón central. El objetivo es concentrar las fuerzas en la huelga general del 11 de noviembre. La acampada todavía no lo ha comunicado de forma oficial, pero hay programadas varias asambleas durante la tarde en las que se seguirán decidiendo los pormenores del proceso, que pueden desembocar en que este domingo empiecen a marcharse un grupo nutrido de jóvenes que protestan desde hace 29 días por la crisis de la vivienda en España.

Lo que sí está claro es que será un proceso largo, ya que hay que retirar las lonas, carpas, tiendas y materiales de todo tipo que han construido esta ciudad improvisada. Los acampados prevén recoger los cientos de tiendas que siguen instaladas en la plaza, pero también limpiar a fondo la zona para que quede “exactamente como estaba antes” y redirigir todas las donaciones que han recibido y ahora sobran -comida, herramientas, ropa de abrigo...- a otras organizaciones y movimientos sociales que las necesitan. De momento, el trabajo se concentra en encontrar esas organizaciones receptoras y en planear las fases y las fuerzas necesarias para marcharse de forma ordenada. Es, dicen, una “desescalada”.

Queda pendiente también ver qué ocurre con las decenas de personas sin hogar que han encontrado en la acampada de Sol un refugio para pasar la noche y comer algo durante el día. El campamento ha asumido en estas semanas una suerte de labor de servicios sociales para todas estas personas, para las que habrá que encontrar una solución. Hay también colectivos dentro de la acampada que en los últimos días han abogado por quedarse, por lo que los debates internos serán decisivos para determinar si se van todos los que componen la acampada o queda algún reducto de tiendas.

A la salida del metro de Sol, cuatro o cinco acampados limpian las paredes de un quiosco. Durante las últimas semanas, se han acumulado pintadas y pegatinas con lemas y símbolos antifascistas, que ahora estos militantes rascan y friegan. Aseguran que lo hacen porque forma parte de sus tareas de limpieza habituales, que todavía no tienen nada que ver con la desescalada.

Bajo las carpas, todo mantiene una cierta normalidad. Las calles han ido ensanchándose con el paso de los días. Hay menos tiendas que durante la primera semana, pero se ha ganado en espacio y ha mejorado el tránsito interno. Las tiendas que se habían expandido en las calles del Arenal y de Preciados ahora han desaparecido.

Los acampados preparan su adiós conscientes de todo lo que han conseguido, que muchos ni siquiera pensaban que fuese posible. Después del desalojo de Maricarmen, la mujer que murió dos semanas después de ser expulsada de su casa, los jóvenes se instalaron aquí a modo de protesta. De forma exprés, obligaron al gobierno y a sus socios a aprobar dos decretos en el consejo de ministros que días después tumbó el Congreso. El presidente Pedro Sánchez pensó que su legislatura estaba acabada, siete meses antes de lo esperado, y convocó elecciones generales para este 29 de noviembre. El ambiente electoral está marcado por la crisis de la vivienda gracias a estos jóvenes que hoy ya piensan en la mejor forma de decir adiós.

Source: El País · Sergio Aires Machado

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