Ana Cedrín fue este miércoles una de las protagonistas tras el accidente de los trenes en Urda. La imagen del Seprona devolviéndole a Trece, su perro bichón maltés, que iba con su marido, José San Emeterio, de 54 años (aún desaparecido) en el Ave accidentado en Urda la han visto millones de personas. En ese momento estaba en el polideportivo del colegio público de Urda que se improvisó como lugar para acoger a los familiares de las personas que iban en los trenes. Sigue buscando sin cesar a su marido junto a sus cuñados Esther y Manuel San Emeterio. No sabe nada de él desde el accidente.

Cedrín recibió una llamada de su cuñado Manuel pasadas las nueve de la mañana de este miércoles. Manuel es un loco de la tecnología y se enteró de que algo había pasado porque le saltó un aviso en su reloj inteligente. Recibió un mensaje automático porque tiene a su hermano José configurado como contacto de emergencia. Al consultar la ubicación en su teléfono, vio que la señal estaba en medio del campo. “Amplié el mapa y vi que estaba sobre las vías del tren”, explica. De inmediato, llamó a su hermana Esther. Pusieron las noticias y no vieron nada raro. Es en la llamada que hicieron más tarde a su mujer Ana, que estaba en Madrid, cuando confirmaron que José iba en el tren. Concretamente, en el vagón ocho del Ave que hacía la ruta Madrid-Sevilla.

Ana y José viven en Madrid, aunque él es de Sevilla y ella de Zaragoza. Se casaron hace cuatro años y hacía escasas semanas acababan de firmar las arras de un piso en Sevilla. José tiene una hija de 16 años y es “muy del Betis”, cuenta su familia. Tanto es así que hace 30 años convenció a su hermano Manuel para hacerse el pasaporte bético. Con muchos proyectos, fue el primer director de la compañía de electrodomésticos Fagor que no era del País Vasco, relata su hermano.

José mide 1,92 metros, tiene el pelo blanco y, un rasgo que le identifica y que tanto su mujer como sus hermanos mencionan, un pequeño hoyuelo en la barbilla. Su trayectoria profesional lo llevó a trabajar en Andalucía y a desplazarse habitualmente entre Madrid y Sevilla, como este miércoles. Ahora, su familia solo desea recibir una llamada que confirme que está vivo. La última ubicación que conocen es la que apareció en el reloj a primera hora de la mañana.

La familia pasó buena parte del día del accidente entre desplazamientos, trámites y esperas. Esther y Manuel acudieron a las dependencias de la Guardia Civil en Toledo, donde les tomaron muestras de ADN y registraron la desaparición. Llegaron sobre las seis y media de la tarde y no terminaron hasta pasadas las once de la noche.

Esther describe una espera marcada por los altibajos emocionales. “Hay picos de esperanza absoluta y picos en los que te vienes abajo”, cuenta aguantando para no desmoronarse. La aparición de Trece ha supuesto un pequeño alivio en medio de la angustia. El Seprona localizó al bichón maltés y se lo entregó a la familia dentro de un transportín. Ana pudo volver a entrar con él en el polideportivo, donde muchos de los presentes aún desconocían que el animal había aparecido. “Lo que estamos deseando es que nos llamen, que nos digan que mi hermano está en el hospital, que están operándolo, que está inconsciente y por eso él no nos ha llamado”, dice Esther. Es la esperanza a la que se agarra la familia de José San Emeterio mientras continúa su búsqueda.

Source: El País · César Alepuz

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