Mientras se determina si el fallo fue estructural o humano, a muchos no se nos quitará el miedo fundado a coger unos trenes que llevan más de 100 muertos en menos de un año
Se acabó el colegueo de Broncano y sus coleguitas con los candidatos más afines. Y los chascarrillos cómplices de Motos y sus hormigas con los suyos. Se terminaron las piruetas con la IA de los malotes de los partidos ensalzando a sus propios líderes y humillando a los rivales. Se acabaron los bailes arrítmicos de Sánchez en sus mítines. Y los juegos de palabras autoboicoteados por Feijóo en los suyos. Podría seguir pasando revista a todas las siglas, pero aquí lo dejo, porque, por supuesto, nada de eso ha terminado ni va a terminar ni siquiera estando aún caliente el ADN de las víctimas de los trenes de Toledo en las vías. Abascal y sus esbirros ni se han molestado en disimular y ya le han echado los muertos a la cara al Gobierno antes siquiera de ser identificados por sus deudos. Y al resto, les falta cinco minutos para usarlos como munición partidista y enzarzarse a hostias con ellos. Todo lo más, dejarán pasar el puente de Todos los Santos y Difuntos, macabro capricho del calendario, para volver a los zascas, al jijí-jajá y a las consabidas gamberradas de la IA insultando la inteligencia del votante, no sea que los tachen de boomers trasnochados, el nuevo sambenito para todo.
Sí. Mucho me temo que los políticos seguirán con todo ese circo y que los periodistas seguiremos comprándoles los titulares más tremebundos realimentando el circuito. Lo que es seguro es que, mientras la campaña sigue o no sigue en los mismos términos y la investigación determina si fue un fallo estructural o humano, a muchos no se nos quitará el miedo fundado a coger unos trenes en los que hasta no hace tanto nos montábamos a ciegas y que llevan más de 100 muertos en menos de un año. Y llegará el 29-N y cada uno votará en conciencia, o en carne viva, con la cabeza o con las tripas, obedeciendo a ese termostato íntimo que no mide ninguna encuesta y que da los vuelcos electorales. Yo, la primera. Hoy no estoy fina, pido disculpas. Escribo con el corazón en un puño pensando en esas personas que se pegaron el madrugón, se pusieron guapas y guapos, se subieron a un tren con la idea de llegar al sur todavía con el día por delante y se les truncó la vida a la hora del desayuno. Honor a su memoria. Lo demás, ahora, es ruido.
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Source: El País · Luz Sánchez-Mellado
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