El presidente ruso, Vladímir Putin, ha recibido este miércoles al enviado especial de Donald Trump, el empresario Steve Witkoff, con un preso estadounidense y unos miles de toneladas de diésel como ofrenda. El dirigente ha entregado a Washington al profesor de 74 años Stephen James Hubbard, capturado en Ucrania durante la invasión rusa, y ha anunciado que zarpará en los próximos días el primer carguero ruso con el combustible prometido a Trump de cara a sus elecciones de mitad de mandato. Unos gestos que han movido al enviado de la Casa Blanca a trasladar el “profundo agradecimiento” de Trump a Putin mientras busca hacer negocios con el Kremlin y un encuentro trilateral con el dirigente ruso y el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, al que presiona para que capitule ante las exigencias rusas.

Las conversaciones duraron tres horas. A su conclusión, el asesor de exteriores del Kremlin, Yuri Ushakov, afirmó que Moscú está dispuesta a reanudar las negociaciones a tres bandas con Washington y Kiev a partir de la segunda semana de noviembre. Es decir, días después de conocerse los resultados de unos comicios legislativos en los que —a tenor de los sondeos— Trump sufrirá un duro revés.

El Kremlin, sin embargo, no parece tener intención de hacer concesiones. Ushakov explicó que Putin insistió a su interlocutor en que la iniciativa está en manos de las fuerzas rusas, a pesar de los exitosos avances ucranios en Donbás desde verano, y señaló que en la reunión abordaron “la construcción de un sistema de seguridad para Rusia y Ucrania tras el final del conflicto”. Es decir, el Kremlin aún busca desarmar a Ucrania con el pretexto de una amenaza por parte de Kiev.

Putin recibió a Witkoff con un primer regalo. El Departamento de Estado estadounidense mantenía que los cargos aplicados contra Hubbard eran falsos y su detención, “errónea”. El maestro, que a su avanzada edad recorría el mundo, fue acusado de ser un mercenario ucranio y condenado a seis años de cárcel. Sin embargo, Trump ha mostrado su agradecimiento al Kremlin por su supuesta clemencia con un rehén norteamericano.

Con la liberación de Hubbard, el magnate republicano justifica el bloqueo a las últimas sanciones contra Rusia aprobadas por el Congreso estadounidense. En un mensaje publicado en su red social, Truth, el presidente ha exigido disculpas y ha calificado la puesta en libertad del rehén como “un acuerdo verdaderamente grande e importante” para su país. Este trato llega dos semanas después de que el expresidente ruso Dmitri Medvédev dijera que su país “tiene que reponer su fondo de intercambio [de presos] con idiotas europeos y estadounidenses”.

Putin también había ofrecido a Trump la exportación de miles de barriles de diésel para abaratar los combustibles en Estados Unidos antes de las elecciones de medio mandato norteamericanas. Realmente, el Kremlin tenía previsto vender sus excedentes, pues su problema es el desabastecimiento de gasolina, pero el líder ruso convenció al estadounidense de que le ayudaría en una llamada mantenida el 9 de octubre.

“Estamos muy agradecidos de que haya retirado los controles a las exportaciones rusas de diésel. El presidente Trump está profundamente agradecido por ello. Es un ejemplo de nuestro trabajo conjunto”, ha declarado Witkoff a Putin al inicio de su encuentro.

El presidente ruso prometió, por su parte, una cantidad simbólica de diésel: apenas unos miles de barriles en un mercado que consume millones al día.

“Estamos preparando el envío de varios buques cisterna. El primero zarpará en dos o tres días, con 40.000 toneladas [de diésel], y los demás irán llegando uno tras otro”, ha declarado el dirigente ruso al inicio del encuentro. Putin ha invitado a la delegación de Trump a reunirse en el Palacio Konstantínovski de San Petersburgo, fundado por Pedro el Grande y uno de los símbolos imperiales rusos a los que evoca el dirigente en su ambición expansionista.

Witkoff ha acudido al encuentro con las nuevas propuestas de paz que escuchó de Zelenski un día antes en Oslo, donde también estuvieron presentes los mandatarios de Noruega y de Finlandia, así como representantes de otros países europeos y de la OTAN. El enviado de la Casa Blanca, que hasta ahora no tenía ninguna experiencia previa en la diplomacia, viajó esta vez a Rusia sin la compañía de su segundo habitual en las negociaciones sobre Ucrania, Jared Kushner, yerno de Trump y aquejado de una gripe.

La reunión en la víspera de la delegación norteamericana con Zelenski “fue constructiva”, según adelantó una fuente diplomática estadounidense a la agencia Reuters. Ambas partes abordaron en aquel encuentro “los elementos clave de un marco integral para la paz”, entre ellos las futuras garantías de seguridad para Ucrania, un plan económico para la posguerra y una nueva arquitectura de seguridad europea.

“Hemos traído varios documentos con diferentes enfoques para lograr una solución pacífica al conflicto ucranio-ruso. Le pido, señor presidente, que revise y examine estos documentos más adelante”, manifestó Witkoff a Putin durante la parte pública de su encuentro.

Por la parte rusa participaba en la reunión de este miércoles el enviado especial de Putin, el director del Fondo Ruso de Inversión Directa, Kirill Dmítriev. Su objetivo era mantener a la Casa Blanca de su lado con el dinero de la posguerra como cebo. “Señor Dmítriev, usted es una persona excepcional y nuestra colaboración es muy buena. Nuestro Departamento de Finanzas está trabajando de forma independiente con usted en estos acuerdos, y hemos informado a Ucrania para que comprendan las oportunidades que se les presentan una vez finalizado este conflicto”, ha declarado Witkoff en un momento de la reunión.

A apenas un par de semanas de que Estados Unidos celebre sus elecciones de medio mandato, Trump no solo ha incumplido su promesa de lograr la paz en Ucrania, sino que además ha provocado otra guerra sin horizonte claro con Irán. Presionado por el encarecimiento del combustible por su propia política exterior, el mandatario norteamericano anunció unilateralmente una supuesta tregua al sector energético entre Moscú y Kiev a mediados de octubre. Sin embargo, Washington ha mirado a otro lado cuando Rusia proseguía sus bombardeos mientras el Pentágono silenciaba sus alertas de misiles a Kiev.

No obstante, la disposición de Trump hacia Putin no se ha visto correspondida con un gesto que podría ser más potente para la Casa Blanca: la renuncia de Moscú a ayudar a su aliada Irán, con la que intercambia inteligencia militar, drones, misiles y sistemas antiaéreos. “Como sabe, mantenemos relaciones especiales y de confianza con Irán, con nuestros socios de Irán, porque se han forjado a lo largo de décadas”, ha espetado Putin al enviado especial de Trump.

Source: El País · Javier G. Cuesta

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