La oleada de alertas de bomba, que desde principios de semana han obligado a desviar al menos medio centenar de vuelos por toda la Unión Europea, muestra la vulnerabilidad de servicios esenciales en una era de amenazas difusas. No se trata en este caso de un complejo ataque informático, sino de algo tan sencillo como mandar un correo electrónico advirtiendo de la presencia de explosivos en un determinado avión. Suficiente para errar por el lado de la prudencia, hacer aterrizar los aviones y, por tanto, alterar el tráfico aéreo y los planes de cientos de personas por cada avión. Hasta ahora, ninguna autoridad se ha atrevido a lanzar una hipótesis sobre quién puede estar detrás de estos incidentes. Las posibilidades que sugiere algo así van desde gamberros o imitadores hasta opciones mucho más dramáticas. El nivel de coordinación entre los que lanzan las falsas alertas hace pensar en que algún tipo de agente estatal pueda estar detrás.
El hecho de que dos acciones sean consecutivas en el tiempo no significa que haya una relación entre ellas. Pero resulta bastante inquietante que este ataque coordinado, destinado a entorpecer el tráfico aéreo en Europa, se produzca a la vez que otros incidentes más graves y sofisticados: el ataque informático contra las neveras de supermercados, como el que ha obligado a tirar toneladas de productos en Francia. O las amenazas de bomba, también falsas, contra canales de televisión europeos de este viernes. Y otro ataque aún más inquietante y que augura otro tipo de vulnerabilidades, en apariencia pequeñas, pero potencialmente catastróficas: alguien intentó entrar en los frigoríficos de varios bancos de sangre en Francia, con el claro propósito de subir la temperatura y arruinar el plasma. La idea de que una gran ciudad europea pueda quedarse sin sangre para operaciones y transfusiones es una pesadilla.
Una vez puesta sobre la mesa la evidencia de que media docena de amenazas de bomba no pueden ser casualidad y el alto nivel de coordinación, las primeras sospechas se dirigen a Rusia, país que en el último año ha acelerado una estrategia de guerra híbrida contra Europa, que va desde la amenaza hasta la agresión casual con drones que aparentemente escapan de su rango en la guerra de Ucrania. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, descartó este viernes la casualidad: “Lo más normal es pensar que estamos ante un intento de agresión híbrida y de guerra de alguna forma psicológica”. No mencionó quién está detrás, pero afirmó que se sabrá. Puede tratarse de una sofistica gamberrada sin ninguna gracia. Pero tanto las administraciones como las empresas de los países europeos, y no solo en los afectados, deberían empezar a protegerse contra escenarios de agresión imaginativos.
En el caso de los aviones, poco se puede hacer. Aunque las fuerzas de seguridad sospechen que se trata de una broma pesada —y delictiva— las autoridades tienen que desviar el avión y registrarlo antes de proseguir el vuelo. Precisamente, uno de los grandes peligros de este tipo de alertas falsas es que la policía baje la guardia y se les escape una verdadera. No hay otra solución que seguir estrictamente el protocolo y primar la seguridad de los pasajeros. Por eso es necesaria una coordinación al más alto nivel europeo para encontrar a los responsables, confrontarlos con todas las herramientas de la ley y dar tranquilidad a la ciudadanía.
Source: El País
At a glance
- Topic
- World
- Country
- 🇪🇸 ES
- Publisher language
- ES
- Added to Allnira