Viajera por tradición familiar, Natalia Lartitegui (Bilbao, 26 años) lleva un año pedaleando por el continente africano en solitario, como documenta en su canal de YouTube, con más de 29.000 suscriptores, y en su perfil de Instagram, con 181.000 seguidores. En ellos sube sus vídeos por los 13 países de África que ha recorrido hasta esta entrevista, desde que salió de un hostal en Tarifa el 26 de octubre de 2025, dirección a Marruecos y luego siempre hacia el sur (a excepción de un parón de unas semanas este mes de octubre, cuando volvió a casa por cuestiones administrativas). “Mis padres siempre apostaron por que yo viera más mundo”, cuenta por teléfono desde Benin City, en Nigeria, donde se encontraba a finales de agosto. Menciona en concreto a su padre, que con la edad que ella tiene ya viajaba, aunque con las particularidades de hace 30 años, cuando “no era tan accesible como ahora, que con internet es más fácil y los precios son más asequibles”. A los 13 empezó a viajar con ellos por el sur de África, China, la India... Para entonces, el virus del viajero ya estaba más que inoculado.

Pregunta. ¿Este ha sido su primer gran viaje en solitario?

Respuesta. No. Desde agosto de 2023 estuve viajando durante 21 meses (no seguidos, volví a casa un par de veces). Fue tras trabajar ocho meses en un hostal de recepcionista: me abrí una cuenta de banco, la bloqueé y ahorré todo el dinero que ganaba. Empecé en Oriente Medio —Jordania e Irán— y luego fui a Asia Central —Uzbekistán, Kazajistán, Azerbaiyán—; después fui desde Rusia hasta Hong Kong en tren, lo que me llevó unos cuatro meses; más tarde, estuve tres meses en Indonesia, tres meses en Corea, un mes en Malasia... Creo que fueron como 15 meses en Oriente Medio y en Asia y, luego, cinco más o menos en Latinoamérica. Los últimos dos meses (desde enero de 2025) viajé en bicicleta por Chile y acabé en Ecuador porque estaba lesionada de la rodilla.

P. ¿Cómo empezó a viajar sola?

R. Entre 2020 y 2021, tras vivir varios meses en Italia y luego en Francia, empecé la carrera de Psicología online y a impartir clases de inglés y español, también por internet. De vuelta en España, comencé a viajar muy barato, en viajes cortitos por Europa. Buscaba vuelos desde Bilbao o desde Santander con Ryanair; me hice todos los destinos, porque al estudiar online tenía mucha flexibilidad de fechas. Iba sola porque para los demás no solía ser tan fácil cuadrar un viaje un lunes a Montenegro y, la semana siguiente, a otro sitio.

P. ¿Cómo surgió este viaje a África en bicicleta?

R. Era un viaje que tenía en mente desde hacía años. Creo que entre los viajeros es común tener sueños viajeros. Recorrer África en bici era uno de ellos, pero lo veía muy lejano; al final sucedió antes porque me lesioné la rodilla y volví de Latinoamérica. Decidir hacerlo en bici fue un proceso largo: desde que me vino la idea a la cabeza hasta que se hizo realidad pasaron como tres o cuatro años; en ese tiempo leí libros de grandes cicloviajeros españoles, como Álvaro Neil. En mis viajes anteriores, además, conocí a otros cicloviajeros, como un español que había ido desde España a Malasia. Así fui viendo que era posible.

P. ¿El sueño era como lo había imaginado?

R. Según mi experiencia, África es el sitio más intenso para viajar, pero también el más complicado y el más interesante. Todos mis viajes anteriores me han ayudado para, a día de hoy, estar tranquila en muchas situaciones que, de otra forma, me hubieran chocado más.

P. ¿Qué echó en la maleta antes de emprender el viaje?

R. Sobre todo hay que prever la falta de espacio y que todo lo que lleves de peso cuenta. Es verdad que en este viaje pasas por sitios en general cálidos, pero en el desierto del Sáhara o en el de Namib, en Angola y en Namibia, hace frío. Yo llevo de todo, pero básicos: dos pantalones, tres camisetas... tengo cosas para cocinar, para dormir, llevo ventilador, cosas de baño... Y todo en mi bici.

P. ¿Qué países de África ha recorrido hasta ahora?

R. He ido por los países de la costa, porque los del interior son complicados: Marruecos, Mauritania, Senegal, Gambia, Guinea-Bissau, Guinea, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín y Nigeria. 13 hasta ahora. [Desde este 2 de noviembre está en Camerún.]

P. ¿Tenía algún objetivo concreto? En cuanto a países visitados y tiempo empleado, por ejemplo.

R. No, no me gusta viajar así. De hecho, cuando hice mi anterior viaje largo, dije que me iba un mes y estuve 21. Hasta ahora apenas había mencionado que iría hasta Sudáfrica, porque no sabía cómo me iba a encontrar. Este viaje es sinónimo de vivir mi vida como quiero, con mis privilegios como europea, pero haciendo lo que yo decido. Lo mismo que he decidido venir aquí, podría haber venido y, a los tres meses, haber dicho: “Oye, mira, esto no me gusta, me voy”. Siempre he ido sobre la marcha; seguramente esté varios años en África.

P. Habla de privilegios, ¿pero ha sacrificado algo por este viaje?

R. En el tema económico, ahora tiro de YouTube [monetiza los vídeos], pero estos años todo mi dinero ha ido solo a viajes o a todo lo relacionado con viajes, como una tienda de campaña o mi bicicleta [que le compró de segunda mano a un chico de Cádiz por unos 400 euros]. Por hacer con mi vida lo que quería, también he sacrificado relaciones amorosas y estar cerca de la familia.

P. ¿Dónde suele alojarse?

R. Depende de la etapa del viaje. Cuando crucé el desierto del Sáhara, fundamentalmente dormía en las gasolineras. En Mauritania casi no tienes opción de quedarte en gasolineras, a no ser que recorras 200 kilómetros, así que acampé. En Nigeria [donde se encuentra durante la entrevista], que tiene conflictos activos, no se puede acampar y sí o sí tienes que dormir en un hotel: a veces te los encuentras en la carretera y, si no, te salen en las aplicaciones o en mapas como el de Google. En las grandes ciudades, en las capitales sobre todo, me he quedado en casa de gente, de españoles que trabajan en embajadas o en ONG.

P. ¿Cómo la reciben en los sitios por los que pasa?

R. Aquí, en todos los países, cuando entras en las ciudades, la gente te grita “blanco” en su idioma. No es para nada despectivo y además es muy gracioso porque, cuando te ven, dejan lo que están haciendo, por ejemplo una discusión, y cuando ya has pasado, la retoman. Cuando paras, otra cosa que me hace mucha gracia y que me ha pasado en algunos países es que la gente te pregunta qué estás vendiendo; para muchos, sobre todo en zonas rurales, es muy difícil comprender que estás simplemente viajando. El otro día una señora se tuvo que sentar cuando le conté que venía desde España en bici; te dan algún consejo, pero en realidad para ellos supone tanto choque que tienen que procesarlo antes.

P. En el momento de esta entrevista, le acompaña otro cicloviajero, Igor Meroni. ¿Cómo cambia su viaje los días que va acompañada?

R. La mayoría de mis preocupaciones se van. Nunca me voy a quedar sin agua porque llevamos el doble. Tampoco sin comida e internet. Para lo que sea que tenga que alejarme de la bici, él la va a estar cuidándola, y viceversa. No quiero que se me haga de noche en la bici, pero si pasa, cuando somos dos, la preocupación ya no es la misma.

P. ¿Ha podido observar diferencias entre una mujer que viaja sola y un hombre que viaja solo?

R. Hasta este viaje siempre había dicho que viajar siendo mujer tenía más ventajas que desventajas. En el sentido de que a las mujeres en general se nos ve más vulnerables y eso a veces genera más empatía. En cambio, si eres un hombre que mide 1,90, haces crossfit y tienes una barba enorme, eso va a generar un poquito más de rechazo. Pero en este viaje he tenido más dificultades, creo que por el hecho de hacerlo en bici, por lo que no puedo compararlo con viajes anteriores. En estos países pasas por zonas muy rurales en las que el último blanco que han visto ha sido hace cinco meses y seguro que no era una mujer viajando sola en bici. Eso genera todo tipo de atención, la agradable, de la que hablábamos antes, pero también que haya quien te quiera tocar, por ejemplo. Llamas mucho la atención en todos los lugares.

P. ¿Qué otros sueños viajeros tiene?

R. Recorrer todo el mundo: recorrer Oceanía en barquitos durante un año o medio año, ir otra vez de Mongolia a Kirguistán a caballo, recorrer el Amazonas en barco de Ecuador a Brasil... Tengo muchos.

En corto

  1. Tres cosas que deben ir en la maleta si todo lo demás falla: "Tienda de campaña, agua y comida".
  2. ¿A qué sitios volvería sin dudarlo? "Mauritania, Sierra Leona y Costa de Marfil".
  3. ¿A cuáles no? "Repetiría todos".
  4. Una idea falsa sobre el continente africano: "Que es pobreza, guerra y leones. La pobreza existe, los leones existen y las guerras existen, pero son 54 países. Es mucho más que eso".
  5. ¿Qué consejo daría a quien quiera hacer este viaje? "Que sepa a lo que se va a enfrentar para que pueda prepararse. No es poca cosa".

Source: El País · Nerea Basterra González

At a glance

Topic
World
Country
🇪🇸 ES
Publisher language
ES
Added to Allnira