A principios de mes, Zaragoza fue designada Capital Verde Europea por la Comisión Europea. Es un reconocimiento a varias décadas de apuesta por políticas locales medioambientales, según explica su alcaldesa Natalia Chueca (50 años, Zaragoza). Pero también supone que la cuarta ciudad más poblada de España deberá poner en marcha un programa para 2028 que afiance un proyecto centrado en la lucha contra el cambio climático y la adaptación a los impactos del calentamiento. La regidora del PP recibió hace una semana a EL PAÍS en su despacho del Ayuntamiento, en la Plaza del Pilar.

Pregunta. ¿Por qué Zaragoza ha sido elegida Capital Verde Europea 2028?

Respuesta. Pues sobre todo por la gobernanza que hemos tenido a largo plazo, porque Zaragoza ya empezó en los años noventa con una alta concienciación. Vivimos en una ciudad en medio de un desierto y eso es algo que ha puesto en valor el jurado. Ante los efectos del cambio climático, que cada vez son más visibles, Europa ha abierto mucho los ojos en estos últimos veranos, enfrentándose a olas de calor importantes. Nosotros llevamos ya muchos años adaptando la ciudad a esas condiciones vinculadas a vivir en un desierto. Este año hemos tenido seis olas de calor. Prácticamente todo el verano ha sido una ola de calor con temperaturas superiores a los 41 grados, y con noches tropicales durante casi todo junio y julio.

P. Es decir, no es algo puntual, se premia una trayectoria de muchos años.

R. Al final, lo que se está haciendo es trabajar con continuidad, aunque se ha acelerado en los últimos años con más inversiones. Por ejemplo, en 2022 adquirimos el compromiso ante la Comisión Europea de ser una ciudad climáticamente neutra en 2030 y hemos invertido muchos millones de euros, aprovechando muy bien los fondos europeos. Por ejemplo, hemos hecho una transición casi completa de la flota de autobuses urbanos: el 60% son eléctricos, a lo que se añade el tranvía. El compromiso es que en 2036 sean todos eléctricos, pero si podemos hacerlo en 2030, mucho mejor.

P. ¿Cómo se lleva la adaptación al cambio climático a la gestión municipal?

R. Pues hay una máxima concienciación en la parte política y la técnica, en todo el Ayuntamiento. Esto se traduce en que, por ejemplo, uno de los proyectos que puse en marcha en la pasada legislatura, cuando era consejera de Medio Ambiente, fue el Bosque de los Zaragozanos: nos planteamos que hay que impulsar más infraestructuras verdes y debíamos plantar en diez años 700.000 árboles, uno por cada zaragozano. Llevamos ya 250.000.

P. Sin embargo, se ha criticado cómo se han acometido algunas reformas urbanas en Zaragoza, con mucho cemento y poco verde. ¿Tiene sentido hacer un urbanismo tan duro en este contexto climático?

R. Creo que las reformas duras se hicieron en los años ochenta y noventa. Por ejemplo, estamos en la Plaza del Pilar y entonces había árboles, antes de que se hiciese esta reforma. Ahora no quedan. Esos son modelos que vienen del pasado. Y creo que precisamente en las reformas que estamos haciendo actualmente se maximizan los árboles que se están plantando. Siempre tenemos un objetivo, una instrucción: debe haber más árboles de los que había inicialmente antes de iniciar la reforma. Hay veces que algún árbol se debe sacrificar, pero siempre son sustituidos. Es verdad que hay algún sector que se ha hecho esa crítica, pero creo que tiene mucho más que ver con la política que con hechos objetivos.

P. Este Ayuntamiento no duda del cambio climático y de sus causas, ¿no?

R. No, no. Está claro. Por eso nos comprometimos en 2022 a que Zaragoza sea una ciudad climáticamente neutra y por eso desde entonces hemos conseguido una reducción muy importante de emisiones de dióxido de carbono desplegando la flota de autobuses eléctricos. Creo que somos una de las ciudades más comprometidas que existen ahora mismo en el panorama español.

P. Unos días antes de que Zaragoza fuera elegida, durante el debate de una moción de apoyo a la candidatura respaldada por PP y PSOE, Vox alertó del riesgo de convertir el cambio climático en “una religión administrativa”.

R. Somos partidos distintos y no coincidimos en todo. Una cosa es que nos apoyemos en ellos, obviamente, porque ambos partidos tenemos una visión más liberal que los de izquierdas, pero es verdad que ahí hay una diferencia muy relevante. Pero también la realidad es que cuando Vox tiene que tomar políticas de gestión, como en las comunidades donde gobierna, cumple con la legalidad y las directrices europeas. En una moción se pueden decir muchas cosas, pero luego es distinto cuando se está en el gobierno. Todos vivimos las consecuencias del cambio climático, vivimos las olas de calor, vivimos las danas que cada vez tienen efectos más adversos y, por lo tanto, negar la obviedad tiene muy poco recorrido.

P. ¿No le preocupan las cesiones a esos postulados negacionistas?

R. Bueno, eso hay que ir gestionándolo y a veces la política tiene complejidades. Mira dónde estamos, cómo estamos como país. Nunca hubiésemos pensado que íbamos a estar con una ley de amnistía aprobada. O que iba a ser Bildu quien nos marcara la política nacional. Intentaremos evitar que haya esas cesiones, que no tengan un impacto en lo que nosotros consideramos que es importante. Debemos centrarnos en los puntos de encuentro e intentar evitar los postulados que puedan ser un poco ideológicos.

P. El proyecto de Zaragoza ciertamente lo habría podido suscribir cualquier alcalde socialista o de las formaciones más a la izquierda. Pero nunca uno de Vox...

R. Claro, es que al final somos partidos distintos. Posiblemente estemos más de acuerdo con el PSOE en este tipo de políticas o en la candidatura. Pero luego, fuera de lo que son las políticas climáticas, tenemos muchas más diferencias en la forma de entender la gestión de los recursos públicos o la gestión social o, sobre todo, la económica. Nos hemos puesto de acuerdo muchas veces con el PSOE en Europa, pero ahora cada vez es más difícil. En cambio, con Vox, pues muchas veces también nos hemos tenido que poner de acuerdo si no tenemos las mayorías suficientes, pero ahí están los límites de la negociación. Cada partido intenta mantener el máximo respeto a sus planteamientos, siendo conscientes de que si no tienes una mayoría absoluta, pues tienes que llegar a acuerdos.

P. ¿Suavizar la aplicación de la zona de bajas emisiones de Zaragoza para sacar adelante el presupuesto del Ayuntamiento con Vox fue una concesión?

R. Sí, claro. En el tema de la zona de bajas emisiones, hay que recordar que el gobierno de España ha impuesto una ley, cuando en realidad está interviniendo en la autonomía local. Para cumplir con las directivas europeas tenía muchas herramientas entre las que elegir. Por ejemplo, podría haber apostado por que todas las flotas de autobuses sean eléctricas, que es otra forma de reducir las emisiones. Pero en vez de plantear un objetivo para que las ciudades vayan reduciendo sus emisiones con las medidas que quiera aplicar cada alcalde, conociendo la situación y la realidad de su ciudad, se marcó la directriz para que todas las ciudades de más de 50.000 habitantes tengan que hacer la implantación de una zona de bajas emisiones. Yo no estoy de acuerdo.

Source: El País · Manuel Planelles

At a glance

Topic
World
Country
🇪🇸 ES
Publisher language
ES
Added to Allnira