El coche parece casi de juguete: se acerca a otros vehículos aparcados, activa unos propulsores para saltar por encima, aprovecha para dar una espiral en el aire y cae sobre el suelo como quien se tira al sofá para echar una siesta. Es el nuevo Tesla Roadster, que Elon Musk vende en X (antes Twitter) con el mensaje: “Resulta que en el futuro sí hay coches voladores”. Se trata de una afirmación como mínimo exagerada: no se sabe si esos propulsores sirven para algún tipo de vuelo sostenido ni si estarán disponibles en el modelo que se ponga a la venta.
Como era previsible, el vídeo ha inspirado bastantes chistes de Carrero Blanco en España, mientras los fans de Musk del resto del mundo, ajenos a nuestra historia, han intentado imaginar escenarios en los que esos propulsores podrían ser útiles, como puentes cayendo por sorpresa, atascos o persecuciones policiales. Pero aparte de que son situaciones improbables y propias de un videojuego de 1998, lo cierto es que los coches voladores son un invento peligrosísimo. Elon Musk ya lo señaló en 2014, cuando dijo que pueden traer más problemas que soluciones. Imaginemos un pequeño accidente a ras de suelo: nada que no se arregle con una visita al mecánico y el envío de un parte al seguro. Pero en el aire podría suponer que dos coches que apenas se han rozado caigan sobre nuestras cabezas.
Además, los coches voladores ya existen, como decía el astrónomo Neil DeGrasse Tyson en una entrevista en el canal de YouTube Hot Ones, publicada apenas un día antes del anuncio de Musk. No se refería a los helicópteros ni a los más de 300 prototipos diseñados en el último siglo, sino al hecho de que estos vehículos podrían servir para evitar atascos y ese problema ya está solucionado. El verdadero coche volador es el metro, solo que en lugar de ir por encima de las carreteras va por debajo. Quizás Tyson haga trampa, pero no se puede negar que el transporte público soluciona muchos de los peores problemas del coche.
Todo esto da un poco igual, porque el vídeo del Roadster solo es publicidad y no parece probable que ningún país dé permiso para circular con cañones de aire comprimido. No solo eso: el ingeniero y ex responsable de inteligencia artificial en Meta, Yann LeCun, señalaba en X que esos propulsores dan un impulso de apenas unos segundos y que “el coche debe de estar vacío, una cáscara ligera con tanques grandes de aire”. Musk no le llevó la contraria y se limitó a tuitear una referencia a Los caballeros de la mesa cuadrada: “Me tiro un pedo en tu dirección general”. A lo que LeCun observó que así era más o menos como funcionaba su invento, a pedos.
From a high-pressure belly, your fart might propel you upward and forward.
— Yann LeCun (@ylecun) October 18, 2026
Come to think of it, that's exactly how your car is powered:
A 700 bar, 600 liter, 3 second, noisy fart 😆
[Hopefully without the methane and the smelly compounds]
La mayoría de los anuncios, polémicas y disputas que vemos en redes también son una carcasa llena de aire: algo en apariencia vistoso, pero sin nada detrás. Es una metáfora casi perfecta de lo que es un pseudoacontecimiento. El historiador Daniel J. Boorstin escribía en 1962, en su libro The Image: or What Happened to the American Dream (la imagen o qué le pasó al sueño americano, sin edición en español), que un pseudoacontecimiento es un momento creado únicamente para que los medios le hagamos caso, como la rueda de prensa de un político o la inauguración de unas obras. En redes los pseudoacontecimentos se multiplican porque no hace falta convocar a los medios, basta con captar la atención del número suficiente de usuarios. Los periodistas ya apareceremos para intentar explicar qué está pasando, suponiendo que seamos capaces, y de paso terminar de amplificar lo que no es nada más que aire. El anuncio de Musk es más sofisticado que una rueda de prensa (aunque ese coche ni vuela ni volará), pero cuando intentamos desentrañar muchas de las polémicas de redes vemos que al final son poco más que una ventosidad lanzada en nuestra dirección general. El peligro es que para cuando nos damos cuenta, algunos de esos mensajes han calado o simplemente han captado nuestra atención durante muchísimo más tiempo del que merecían. El éxito del anuncio del Roadster, o de cualquier pseudoescándalo tuitero, no es que el coche vuele, sino que haya provocado miles de comentarios sobre si es capaz de hacerlo.
Qué oportunidad perdida la de Tesla: lanzar un coche volador y a ese modelo no llamarlo Carrero Blanco.
— Ivanjode (@Ivanjode) October 17, 2026
Source: El País · Jaime Rubio Hancock
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