Decenas de miles de israelíes se han reunido este sábado por la tarde en Tel Aviv, a tres días de las elecciones legislativas, para pedir un cambio de rumbo político y exigir la creación de una comisión de investigación pública e independiente sobre lo ocurrido en los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023.

“Israel necesita que Netanyahu se vaya. Si logra formar un nuevo gobierno ultraderechista es el fin de la democracia en Israel. Solo nos quedará muerte y odio”, decía Yair, empleado de una empresa de tecnología en la plaza de los Rehenes de Tel Aviv, donde durante meses miles de israelíes se reunieron a pedir la liberación de las personas secuestradas por Hamás y retenidas en Gaza.

La manifestación ha reunido a exrehenes, supervivientes de los ataques del movimiento islamista palestino y familiares de las víctimas, acompañadas de líderes políticos que encarnan la oposición a Netanyahu como Gadi Eizenkot, el principal adversario del primer ministro Benjamin Netanyahu, o Yair Golan, líder de la coalición de izquierda Los demócratas. A todos ellos se han sumado miles de ciudadanos anónimos venidos de diversos puntos de Israel.

“Somos muy diferentes, vamos a votar a partidos distintos, pero nos une algo muy importante: queremos que Netanyahu se vaya y pague por sus mentiras sobre el 7 de octubre y por no haber asumido su responsabilidad”, asegura Masha Dayan, que ha venido acompañada de sus dos hijos, de cinco y dos años.

La manifestación se ha celebrado en medio de una gran presencia policial, debido al miedo de los organizadores de que grupos de extrema derecha acudieran al lugar a provocar a los asistentes. “Queremos que la gente vaya en masa a votar. Si no lo hacen por ellos, que lo hagan por los que ya no están, por los rehenes que el Gobierno no supo traer de vuelta”, pidió Assaf Shati, de la organización Consejo de Octubre, que preparó esta concentración, bajo el lema “Por su bien y el nuestro”.

“El fin de Netanyahu está cerca”, “La paz es la solución” “Árabes e israelíes solo ganarán si están juntos”, “No habrá seguridad sin una comisión de investigación” se leía en algunas pancartas y camisetas. Un gran muñeco representando a Netanyahu con una enorme nariz de Pinocho flotaba entre la multitud con el letrero “No soy culpable”.

“El 7 de octubre perdí a mi hija pero pese al dolor asumí mi responsabilidad” dijo Mali Zander, que es enfermera. “Pero el Gobierno no asumió la suya y nos quedamos sin respuestas. Ahora no pueden pedirnos que confiemos en ellos de nuevo”, agregó.

Netanyahu es el único alto mando político o militar israelí que no ha dimitido ni ha asumido sus errores después de los ataques de Hamás, que dejaron más de 1.250 muertos en Israel y 251 personas convertidas en rehenes, de los que 168 regresaron con vida. El jefe de Gobierno lleva tres años impidiendo que una comisión independiente investigue los fallos de seguridad que se cometieron aquel día.

“El usa el miedo para conseguir votos: si no me eligen habrá miles de muertos, se creará un Estado palestino sobre Israel. Todo eso es mentira. Estábamos muy bien sin él y vamos a estar de maravilla cuando se vaya”, ha dicho a EL PAÍS Tomer Avital, candidato a diputado por la coalición de izquierda Los demócratas.

Los últimos sondeos indican que Netanyahu y sus aliados ultranacionalistas y religiosos tendran serios problemas para reunir los 61 escaños sobre un total de 120, necesarios para seguir en el poder. Pero el bloque que se opone al primer ministro también penará para reunir esa mayoría. Las listas árabes, que pueden sumar unos 14 o 15 escaños pueden ser claves para inclinar la balanza a un lado u otro.

Source: El País · Beatriz Lecumberri

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