“Amigo, ¿cómo estás? Che, dicen que no me querés más”, comenzó diciendo Javier Milei por si quedara algún charco más por pisar. “Por eso estás en mi despacho”, respondió irónicamente Santiago Abascal, antes de empezar a reír. El primero estaba en la fundación Disenso y el segundo, metido en una furgoneta en Avilés a punto de comenzar un mitin electoral.
Finalmente, el español y el argentino, distanciados por 544 kilómetros, no se vieron físicamente pero recurrieron a la videollamada, auténtico cordón umbilical del emigrante con su casa.
Milei estuvo acompañado de Ignacio Garriga, el eurodiputado Jorge Martín Frías, director del think tank, y de José María Figaredo, encargado del área de desregulación del partido y de abrir algunos de los melones sobre pensiones más polémicos de la campaña. La llamada no aportó nada nuevo a un día generoso en insultos desde primera hora. Más bien parecía la llamada entre dos viejos amigos que parecían volver de copas compartiendo risotadas para ver quién la dijo más gorda.
“La prensa me ha preguntado por los insultos que ha lanzado Milei al presidente del Gobierno”, dijo Abascal. Pero “¿Qué insultos?“, se contestó a sí mismo. “Le has llamado dictador igual que yo que le llamo tirano y autócrata. Se acerca demasiado a la realidad no es ningún insulto”, dijo Abascal entre risas. “Dije algunas cosas más, también le dije ladrón”, añadió Milei, “No hay nada más divertido que patear culos zurdos”, insistió con aire de pupilo en busca de la aprobación del jefe.
A esa hora los incendios acompañaban a ambos allí por donde iban. A Milei en Madrid y a Abascal en A Coruña y en Avilés, donde la policía acordonó la zona antes de los mítines y cargó contra los manifestantes. Ajenos a todo ello, los dos amigos “Santiago” y “Javier” insistían en que no hay ruptura y que su amistad está a prueba de bomba. “Me hubiera encantado verte, pero vivo en una furgoneta”, dijo Abascal, quien decidió no alterar su precampaña electoral a pesar de que el argentino había anunciado hace 15 días su viaje a España solo unas horas después de conocerse la convocatoria electoral y cuando aún los partidos no habían tenido tiempo de diseñar sus giras.
El líder de Vox fue el primero en adoptar a Milei cuando solo era un excéntrico candidato que soltaba improperios y paseaba la motosierra entre los argentinos. “Esa fundación, Disenso, es la que nos puso sobre tu pista”, dijo Abascal como si se refiriera a algo ajeno, ”y también la odian mucho porque nos ha dado dimensión internacional”, añadió.
“Ya nos vemos en el próximo viaje o cuando puedas ir a Argentina”, terminó diciendo el presidente argentino. “Será un placer, un fuerte abrazo Javier”, se despidió Abascal. Acto seguido los gabinetes de prensa de ambos dirigentes editaron y prepararon para redes un vídeo de la conversación de ambos con una pantalla partida y voces corregidas para que no se perdiera ningún detalles.
Fue el epílogo a una extraña visita de 24 horas a Madrid en la que nadie lo recibió como él hubiera querido. Primero, el presidente Pedro Sánchez lo hizo con una pancarta colgada en Ferraz en la que decía: “Hola Milei, los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España”.
Después, los empresarios de Nueva Economía Fórum decidieron quitar los logotipos que acompañaban su intervención durante un discurso cargado de insultos a la izquierda en un hotel de Madrid.
Y más tarde, Ayuso lo hizo en su nueva oficina en el Canal de Isabel II, un lugar sin fuste ni solera para un jefe de Estado pero que ahora hace de nuevo despacho oficial. Acercarse a Sol hubiera sido el remate a un intenso día donde los incendios, con zurdos o sin ellos, surgían a cada paso.
Source: El País · Jacobo García
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