Después de casi 10 meses fuera del país, María Corina Machado, líder de la oposición antichavista y Premio Nobel de la Paz, ha regresado a Venezuela. “Estoy aquí, con ustedes”, ha escrito en sus redes sociales la dirigente opositora en la mañana del domingo. Su entrada no ha sido sencilla. En los últimos tres meses, hubo al menos siete intentos en barcos, vuelos comerciales y privados y por tierra. Desde Virginia, en Estados Unidos, Panamá y Curazao. Todos fueron bloqueados, cancelados a última hora por averías o sin explicación. Aunque nadie de su entorno ha dicho públicamente quién le ha impedido viajar, no hay muchas dudas de que su salvoconducto dependía de la aprobación de Estados Unidos, con la que no contaba.
Su retorno lleva meses desencadenando un hervidero de rumores y versiones sin confirmar sobre su ingreso, y mantenía en alerta al gobierno chavista. La dirigente venezolana vuelve con la intención manifiesta de entrar de lleno en el juego político.
Su sola presencia en el país representa un desafío directo a Washington, que lleva meses intentando aplazar su regreso e incluso impidiéndolo, según han ido reportando varios medios en los últimos meses. También lo es para los líderes del chavismo, que la consideran el enemigo público número uno. Aunque ahora el chavismo mantiene que no había vetado su vuelta y que incluso les puede suponer una ventaja política, al asumir que Machado se quemará rápidamente, pesan las advertencias de que deberá rendir cuentas a su regreso. El régimen la acusa, entre otras cosas, de haber promovido la invasión de Estados Unidos al país. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, llegó a advertir en su programa de televisión: “No te diré cuál es la sorpresa que le tengo”.
El chavismo había dedicado mucha energía en los últimos meses a minar el liderazgo de la opositora y había logrado cierto respaldo de Washington, que dio señales de que, de momento, no quería a Machado en Venezuela. Pero volver a su país era clave para el futuro político de Machado. Aunque cuenta con la imagen positiva más alta entre los líderes políticos del país (un 57,4% de intención de voto, según la última encuesta de agosto Latam Pulse de AtlasIntel para Bloomberg), su incidencia en las decisiones políticas que se toman en el país que aspira a gobernar era nula.
Machado regresa con la intención de ponerse al frente de la oposición al chavismo ante un eventual, pero incierto, escenario electoral.
Desde que se marchó de Venezuela en diciembre para recoger su Nobel de la Paz, Machado manejaba desde Washington —y después desde Panamá— su estrategia de lobismo para lograr volver al país. Mantenía diariamente reuniones con actores influyentes de todo el arco político para lograr un objetivo que no terminaba de concretarse y que empezaba a dibujarse sin ella. El entorno de Trump —auspiciado por el chavismo— llevaba meses apartándola hasta el punto de abrir una vía hacia la transición de Venezuela sin ella. “No puedo liderar este proceso desde el extranjero”, dijo a mediados de septiembre, días antes de intentar volver desde Panamá.
Desde el 1 de agosto, el Gobierno de Delcy Rodríguez y Dinorah Figuera —presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, cuyo regreso al país fue respaldado por Estados Unidos— negociaron una hoja de ruta centrada en la renovación total del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo Nacional Electoral, banderas que también reivindicaba Machado. Pero la mesa contempla, además, la celebración de elecciones de gobernadores y alcaldes antes de las presidenciales, una fórmula que Machado había rechazado de plano y de forma explícita el pasado mes de mayo en una reunión con varios miembros de la oposición.
No fue la única señal de que los estadounidenses no compartían la urgencia de Machado por volver. El episodio que marcó los últimos meses de Machado fuera de Venezuela fue el que protagonizó tras el doble terremoto de junio, que dejó más de 6.500 muertos. Entonces intentó volver en dos ocasiones desde Centroamérica, y en ambas la maniobra fue frenada por altos funcionarios estadounidenses. Preguntado entonces por el episodio, Donald Trump lo negó: “No… no, para nada… ¿Cómo le voy a decir eso? Ella es increíble. Es una persona maravillosa”.
Washington, hasta entonces, alegaba preocupaciones por la seguridad de la política a su llegada al país. Luego, el propio secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo que podía volver cuando quisiera, “como cualquier ciudadana venezolana”. Mientras Delcy Rodríguez estaba en Nueva York en la Asamblea de las Naciones Unidas, la dirigente volvió a intentarlo sin éxito una quinta, sexta y séptima vez.
Fundadora de Vente Venezuela, Machado había salido del país a comienzos de diciembre de 2025, tras más de un año y medio en la clandestinidad, en un arriesgado periplo que la llevó disfrazada por las autovías del occidente venezolano y luego, en una embarcación precaria y con lesiones incluidas, en alta mar hacia Curazao, rumbo a Oslo, donde recibiría el Nobel de la Paz.
Inhabilitada para las presidenciales de 2024 —en las que el chavismo se proclamó vencedor pese a las actas que demostraban lo contrario— Machado se había convertido en el principal soporte de la candidatura de consenso de Edmundo González Urrutia, considerado el ganador real de aquellos comicios con el 70% de los votos.
Source: El País
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