El concepto de travestismo suele ir ligado a lo femenino. Las drag queens más famosas han ofrecido una visión de la feminidad, muchas veces exagerada, a través del vestuario, el maquillaje y la gestualidad. Y esa ha sido la premisa del programa que la drag queen estadounidense RuPaul (California, 65 años) lanzó en 2009 bajo su propio nombre: RuPaul’s Drag Race, y que desde 2020 cuenta con su versión española. Un concurso de telerrealidad en el que varios artistas drag se enfrentan a pruebas para alzarse con el título de superestrella drag. Pero esa concepción cerrada se ha ido quedando pequeña con el paso de los años. A medida que el programa ganaba popularidad y se estrenaban ediciones en 14 países, ha ido dando espacio a nuevas realidades de eso que se llama travestismo. La sexta temporada de la edición española, emitida por Atresmedia, ha abierto nuevos horizontes con la inclusión de Marcus Massalami, el primer concursante exclusivamente drag king de toda la franquicia.
Detrás de Marcus Massalami se encuentra Melisa Meseguer (Xátiva, 35 años), una enfermera con formación en arte dramático que se ha convertido en uno de los drag kings más populares y uno de los primeros en subirse, junto a las drags queens, a los escenarios de pequeñas salas y bares. Massalami llegó al travestismo a través del cabaret. En la conversación se refiere a sí misma en femenino y masculino, porque en ella, el artista y la persona son inseparables.
Pregunta. Muchos drag kings tienen a Massalami como referente, como razón por la que se animaron a iniciarse en este arte.
Respuesta. Cuando empecé, antes de la pandemia, en Madrid no había casi ninguno en activo en la escena drag, solo encontré algunos referentes en el norte de España. La mayoría se travestían en la intimidad. Sacarlo a los escenarios me hizo más visible.
P. ¿Y usted encontró referentes en sus inicios?
R. Pocos, pero alguno había, como el gallego Nico Elsker. También observaba a las drag queens e intentaba adaptar lo que hacían al universo masculino.
P. Ha contado muchas veces que no fue fácil, que volvía a casa llorando.
R. En las primeras actuaciones me hacían comentarios como “¿qué hace aquí una mujer?”, me daban la espalda literalmente cuando salía al escenario... Era un momento especialmente vulnerable en el que empezaba a dar forma a mi propuesta cargada de muchas inseguridades. No pretendo gustar a todo el mundo. Soy un travesti de campo de minas y me he acostumbrado a moverme entre la crispación.
P. ¿Cómo se ha sentido en el programa?
R. Muy cómodo, he percibido que por parte del programa ha habido un trabajo de inclusión. Supremme Deluxe [la presentadora] añadió a la célebre frase “que gane la mejor drag queen” el “o king”. Al volver a verlo en la televisión me he emocionado mucho.
P. ¿Y está cambiando también la percepción en la escena drag?
R. Mucho, somos más visibles. Desde que se ha emitido el programa solo me he encontrado con detractores por internet, así que en cuanto apago el móvil, desaparecen. En la calle todo han sido felicitaciones. Además, he visto cómo muchos detractores han cambiado de opinión al verme.
P. Entre las drag queens abundan los hombres homosexuales y las mujeres trans, ¿qué tipo de personas se interesan por ser drag kings?
R. Yo soy lesbiana, súper lesbiana. El travestismo me ha ayudado a hacerme preguntas y hoy me defino como mujer queer. Somos muy diversos, además de mujeres cis, lesbianas y heterosexuales, hay hombres trans, cis gays, hombres y mujeres bisexuales, personas no binarias... Somos el margen del margen, aquí todo el mundo es bienvenido y es algo precioso que nos da mucha fuerza.
Como mujer lesbiana he sufrido mucha misoginia toda mi vida y acercarme al universo del hombre desde una mirada queer me ha ayudado a reconciliarme con ello.
P. ¿Cómo elige nombre un drag king?
R. El mío surgió entre prisas. Me hicieron una entrevista y necesitaban un nombre. Pensé en Marcello, pero en aquel entonces me parecía muy marica. Marcus se le ocurrió a una amiga y me pareció más masculino, de gladiador. Ahora, después de aprrender sobre masculinidad, me pegaría Marcello.
P. ¿Cómo ha sido ese proceso de descubrimiento?
R. Empecé reflexionando sobre qué era la masculinidad. Lo asociaba todo a lo sucio, lo basto, a lo marrón. Y pensé “¡Cómo voy a construir eso con maquillaje!”. Pero indagando en las actitudes de la masculinidad hegemónica, he descubierto una gran variedad, por ejemplo, el hombre gay. La pluma brilla mucho y es muy inspiradora. En general, como mujer lesbiana he sufrido mucha misoginia toda mi vida y acercarme al universo del hombre desde una mirada queer me ha ayudado a reconciliarme con ello.
P. ¿Qué le fascina de la masculinidad?
R. Ofrece fortaleza y confianza, es otra manera de habitar el mundo. Ojalá tener en mi vida normal el 10% de la autoestima que tiene cualquier hombre mediocre.
P. Las drag queens tienen a Madonna, Cher, Rocío Jurado o Mónica Naranjo. ¿Qué artistas prefieren los drag kings para sus espectáculos?
R. Un abanico muy amplio, los hay muy metaleros, amantes de las bandas de chicos, como Backstreet Boys; de lo español, como Camela. A mí me gusta actuar con música de David Bisbal, Álex Ubago, Tino Casal... También buscar masculinas de canciones femeninas. Yo uso una versión rockera de Desátame de Mónica Naranjo.
P. Ha comentado alguna vez que siente que debe demostrar su valía todo el tiempo. ¿Ha sido así en el programa?
R. Sí, aunque en el concurso todos estamos para eso, pero es verdad que en mi propuesta he introducido elementos como el violín para ofrecer algo más, para elevar mi personaje.
P. ¿Aprendió por decisión propia o parental?
R. Mis padres me apuntaron porque era una niña muy introvertida. Yo quería tocar la trompeta o la batería, pero por aquel entonces me dijeron que las chicas no hacían esto. En cuanto acabé el grado medio de piano, me apunté a clases de batería.
P. ¿Ser drag king da de comer?
R. No, para dedicarnos a desarrollar este arte hay que tener estabilidad económica y mental, porque tienes que pelearte con el mundo, así que primero necesitas un trabajo fijo. Pero yo ahora me voy a lanzar a la piscina y dedicarme al 100% a esto.
P. ¿Ha actuado en Xàtiva, su pueblo natal?
R. Sí, hace un par de años, fue muy bonito, gracias al drag me he reconciliado con mi ciudad, donde me llamaban marimacho. Y ahora me visto de hombre y todo.
Source: El País · Javier A. Fernández
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