Antes de disfrutar de la juerga electoral recuerde que detrás de cada adversario hay un ser humano que ha sufrido lo mismo que usted. Y por lo mismo que usted. Y sepa que si aún no lo ha hecho, lo hará. Es importante por eso que se abstenga de llamar a sus rivales políticos como si fueran tribus en vez de personas. No diga zurdo, no diga facha, no diga fascista en estos días. Su lenguaje no modificará los votos y empobrecerá el diálogo. Un adversario agresivo no es más que un adversario que tiene miedo. Si usted es agresivo con él, tendrá aún más miedo.
En democracia no hace falta amar al prójimo, pero sí escuchar a los que piensan distinto. Hable de política siempre que pueda y esfuércese en hacerlo sin usar consignas. Las conversaciones en la sobremesa con quienes no estamos de acuerdo puntúan doble en este periodo. Sus ideas no van a cambiar, pero los bandos nos separan mientras que el diálogo nos acerca y el hecho es que vamos a vivir juntos. Distinga entre opinión y conocimiento cuando su pensamiento eche a volar. Conozca a los demás. Fíjese en quienes tienen más problemas que usted, quienes lo están pasando peor, fíjese en esos con menos suerte (o vínculos o estudios o dinero o casas o trabajo) y no piense que se lo merecen o que a usted no le va a pasar. Porque a todos nos pasa lo de todos. Piense a quién votaría si fuera una de esas personas que no es y cuáles serían sus intereses. Infórmese con cuidado. Las redes sociales están más sucias estos días, esté atento para no mancharse. Y cuide el lenguaje, el analógico y el virtual, porque la gramática puede ser más violenta que cualquier idea. Si, por ejemplo, fuera usted a entrevistar al presidente del Gobierno, no lo tutee. No lo trate como a un colega, y si es su amigo, entonces entrevístelo como a un amigo, no como a un presidente del Gobierno. Un simple “tú” puede ser un golpe bajo innecesario. En lo que respecta a la gramática, deje de hablar en singular para referirse a cientos de miles. La juventud, la madurez y la vejez son etapas de la vida, no partidos políticos ni tipologías de votantes. Ni los jóvenes son emocionales, ni los viejos están seniles, ni los boomers son egoístas. Recuerde que cada votante (sea cual sea su edad) tiene un nombre y un apellido. Repase a todos los que piensan distinto y que le ayudaron alguna vez. Observe que es una lista más larga de lo que creía y compruebe que todos tienen un nombre que recuerda. No maltrate (por nada del mundo) a los niños en estas jornadas. Existe una violencia psíquica, igual que existe una violencia política y ambas se enseñan de la misma manera. La violencia iguala todas las cosas porque todas las destruye, también la infancia, también la conciencia, también la democracia. Ya hay bastantes abusones en el patio de cualquier colegio, que no vean más en casa. Si te toca ser niño en un mundo como este, lo último que debieran quitarte tus padres es la capacidad de ponerte en el lugar del otro. Aunque sepa a quién va a votar, no actúe como si lo tuviera decidido. Piénselo en serio, piénselo de verdad, piénselo todos los días. No da igual, no existe el voto útil ni el inútil, solo un voto que es suyo. Y que es un tesoro de todos.
Source: El País · Nuria Labari
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