Tres semanas antes de conducir a España a ganar su segundo Mundial y transformarse en uno de los personajes más populares del país, Luis de la Fuente recordó lo lejos que había estado de todo esto, este lunes mejor entrenador en la gala del Balón de Oro. El Alavés lo despidió en el otoño de 2012, al poco de comenzar la temporada y comenzaron semanas y semanas de preocupación creciente de parado. “El mes que viene me llamará alguien”, pensaba. “Y llegaba el mes siguiente y no me llamaban”. Pese a las circunstancias, él seguía empeñado en su camino y pasaba los ratos muertos en Lezama, mirando trabajar a Bielsa al mando del Athletic. “Estuve cinco o seis meses viendo los entrenamientos de Marcelo. Tengo todos grabados”, contó la víspera de enfrentarse al argentino, que dirigía a Uruguay.

De la Fuente dejó en la cuneta a aquel viejo maestro que le inspiró en la época más dura de su carrera. Aquel partido sentenció a Bielsa, que perdió el puesto unas semanas más tarde, y supuso un impulso determinante para España rumbo a su segunda estrella. La Roja ya había estado allí, pero el seleccionador, que cumplió 65 años durante la Copa del Mundo, se internaba en un terreno absolutamente desconocido. Nada que ver siquiera con la popularidad que ganó después de la Eurocopa de 2024. “El salto ha sido abismal”, dice una fuente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). “Nos llegan entre 10 y 12 peticiones al día para que participe en actos. Podría ir a dos o tres diarios durante el próximo año”.

O quizá no podría llegar nunca a tiempo a los lugares donde se celebraran. “Si antes del Mundial era difícil ir con él por la calle, ahora es imposible”, dice una fuente de Gersh, su agencia de representación. “Cuando la gente se da cuenta de que es él, flipa. El impacto es como el de ver a una estrella del rock”.

Hace un par de meses, tenía una cita con el dentista en el centro de Madrid. Aparcó cerca de la consulta y se dispuso a caminar los pocos metros que le separaban de la entrada. Entonces alguien lo reconoció y De la Fuente se detuvo para atenderlo. Enseguida se formó una pequeña reunión que le impedía avanzar. Firmó autógrafos, conversó y accedió a decenas de selfis, algo a lo que se entrega con cierto entusiasmo. “Déjame el móvil, que a mí me salen mejor”, dice a menudo. Cuando terminó de atender a aquel pequeño enjambre y alcanzó por fin la consulta, había perdido la cita.

El magnetismo se dispara en cualquier lugar. El 9 de octubre viajó en AVE a Valencia a visitar un mural dedicado a la selección española y su triunfo del verano. De nuevo, alguien lo detectó y se formó una cola en su vagón en busca de autógrafos y selfis que no consiguió despachar hasta el final del trayecto. Incluso entonces quedaba algún despistado. Un hombre que viajaba unas filas más adelante se asombró al verlo: “No sabe usted lo que se parece a Luis de la Fuente”, le dijo con cierta timidez. “¡Como que soy yo!”. Y todavía se tomó otra foto.

Las personas que trabajan a diario con él ahora y que también lo hacían antes de los triunfos del Mundial y la Eurocopa se asombran de lo bien que se toma este estallido de atención y cariño. “Lo está disfrutando mucho”, aseguran en la federación. Incluso cuando le ha hecho perder algunos espacios de libertad, como la caña de aperitivo de antes de comer que le gusta tomar en una terraza y para la que ahora escoge cada vez más una mesa en el interior. “Luis ha normalizado la cercanía”, dicen en su agencia. Y eso provoca que cualquier persona sienta que la barrera entre ellos y el seleccionador es mucho menor que con otras figuras públicas. “El 90% de la gente que se le acerca lo hace para darle las gracias”.

“La gente le para, le toca… y dices: ‘No llegamos”, cuentan en la federación. Sin embargo, él no se apura. Se detiene con todos, sonríe, posa y hasta termina siempre interesándose por alguien, con quien establece una pequeña charla. “Y piensas: ‘Pero no le des conversación”, dice riendo esta fuente.

Ha seducido tanto al ciudadano de a pie que se lo cruza en cualquier circunstancia vulgar como a responsables de grandes empresas que lo reclaman cada vez más para dar charlas motivacionales y de liderazgo. Aparte del valor de su experiencia gestionando un grupo de élite hasta conseguir los objetivos más altos, desde que lo nombraron seleccionador en 2022, De la Fuente ha mejorado mucho su puesta en escena. Después de sus primeras ruedas de prensa, algunas muy complicadas, dedicó tiempo a repasar y estudiar los vídeos de sus intervenciones. Entre eso y la mejoría de los resultados deportivos, el técnico ha ido ganando aplomo y lo que se ve en público se parece cada vez más a lo que se percibe en privado. “Hasta encuentra el momento para un chiste con el que relajar alguna rueda de prensa”, dicen en la federación. Varias de las ruedas de prensa previas a las últimas rondas del Mundial comenzaron entre carcajadas de la sala.

Source: El País · David Álvarez

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