Se crearon para decorar el hotel más exclusivo de Nueva York y han terminado protegidas por Madrid en la ciudad financiera del Banco Santander en Boadilla del Monte. Para cubrir ese viaje transoceánico de casi un siglo, las quince pinturas murales de Josep María Sert, pintor de vida novelesca, y testigo de las convulsiones de un tiempo marcado por la Guerra Civil y las dos guerras mundiales, han protagonizado un recorrido excepcional. Primero, por su coste: 150.000 dólares de 1929, una cifra nunca vista, “desorbitada”, en descripción de los técnicos de la Comunidad de Madrid que las han estudiado. Luego, por su emplazamiento original: el hotel Waldorf Astoria, por entonces la medida del lujo, que honró al artista bautizando una sala con su nombre (la Sert Room) sin esperar a que muriera, como destacó él mismo. Y finalmente, por haber estado en un limbo administrativo inusitado: aunque la Generalitat de Cataluña fue quien inició los trámites para declarar Bien de Interés Cultural los lienzos cuando volvieron a España (lo que impide venderlos en el extranjero y obliga a conservarlos) ha sido Madrid quien ha logrado darles esa protección casi 40 años después.

“Por resolución del 21 de mayo de 1987, se incoó expediente de declaración de Bien de Interés Cultural”, se lee en una comunicación enviada por la Comunidad de Madrid a la Generalitat. “La finalización del citado expediente nunca se llevó a cabo”, se recuerda invocando el Boletín Oficial del Estado. “El expediente se trasladó a Madrid en 1988 y los bienes se encuentran en la actualidad en la Comunidad de Madrid”, se añade. Y se añade: “Es intención de esta Dirección General [de Madrid] dar trámite a un nuevo expediente de protección (...) pero para ello es necesario que el expediente incoado por la comunidad autónoma competente en su día quede cerrado”.

Cataluña acepta en octubre de 2025. “Resuelvo declarar la caducidad del expediente de declaración de Bien de Interés Cultural nacional a favor de un conjunto formado por quince piezas de Josep Maria Sert”, contesta en una comunicación recogida en el profuso expediente para declarar BIC las obras, al que accedió este diario en aplicación de la ley de transparencia.

Han pasado casi 100 años desde que Sert recibió el encargo de pintar los murales del Waldorf, en 1929. Un siglo en el que las pinturas viajan por todo el mundo. Son creadas en el taller del artista en Villa Segur de París, con España durante el Siglo de Oro y Goya como inspiración.

Permanecen en la Sert Room del hotel, donde se ofrecen banquetes entre brindis de champán, se programan conciertos, se ruedan películas (Weekend at the Waldorf) y se realizan programas de radio, hasta 1972. Entonces, dos anticuarios españoles se llevan los lienzos a Barcelona, con la intención de venderlos. Y sigue el periplo: primero los compra el Banco Exterior de España (1973), luego el Banco de Urquijo (1976) mediante una compra de activos, más tarde pasan a manos del Grupo Banco Hispano Americano en los años 80, y finalmente a las del Santander, que desde 2005 los expone en Boadilla.

“Las obras presentaban un estado de conservación regular”, se lee en un informe de la Comunidad de Madrid sobre la restauración a la que deben ser sometidas las obras en 2024 y 2025. “Si bien estructuralmente estaban estables, la película pictórica y los barnices mostraban importantes deterioros”, se añade antes de que se realicen unos trabajos que han revertido la situación. “La intervención realizada permite apreciar los murales con la imagen con la que fueron creados para la decoración del salón de gala del Hotel Waldorf Astoria de Nueva York”.

Sert (Barcelona, 1874-1945) atrajo a un profuso grupo de clientes a ambas orillas del Atlántico. Contar con una de sus obras diseñadas a medida del lugar en el que serían expuestas fue, durante la primera mitad del siglo XX, un símbolo de estatus internacional solo al alcance de las élites. Sobran los ejemplos.

En España, Sert pintó para el banquero Juan March o los duques de Alba, además de para los dominicos que le encargaron los 17 lienzos sobre las hazañas del pueblo vasco en las bóvedas de San Telmo. En el mundo, decoró infinidad de palacios, hoteles, catedrales y edificios públicos. Así, las obras de Sert adornaron el hall del Rockefeller Center, la Liga de las Naciones Unidas en Ginebra, o el salón de baile de la residencia londinense de sir Philip Sassoon. Sert era amigo de muchos de los miembros de la élite cultural del París de principios del siglo pasado (Stravinski, Coco Chanel, Cocteau...) y tenía contactos entre la aristocracia europea y las grandes fortunas estadounidenses. Se casó primero con la pianista Misia Godebska (musa de Toulouse-Lautrec o Renoir), y luego con la princesa georgiana Roussadana Mdivani. Fue compañero de vacaciones de Salvador Dalí. Acabó también estrechando lazos con la dictadura franquista.

Una biografía marcada por la cercanía al poder y el dinero que ahora culmina en Boadilla: cuarenta años después, los lienzos de Sert que quiso proteger Cataluña por fin son BIC en Madrid.

Source: El País · Juan José Mateo

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