Los buques de la Marina Real de Marruecos que irrumpieron en aguas de Ceuta coincidiendo con los primeros días de la crisis provocada por la entrada de más de 70.000 personas en la ciudad autónoma, los pasados 30 y 31 de julio, apagaron el AIS (Sistema de Identificación Automática), que transmite automáticamente los datos de identificación de un barco, así como su posición, su rumbo y velocidad, para dificultar que fueran localizados. El AIS no es obligatorio en buques de guerra, pero se considera una medida de seguridad para evitar colisiones, especialmente en zonas de intenso tráfico marítimo como es el estrecho de Gibraltar.

La desactivación del AIS no fue la única medida adoptada por los buques de la Marina marroquí que complicó la vigilancia y protección de las aguas ceutíes por parte de la Armada española, según fuentes conocedoras de la crisis que se desarrolló en el mar territorial español en paralelo a la que se vivía en la frontera del Tarajal. Los militares marroquíes tampoco contestaron a los repetidos mensajes que sus homólogos españoles les enviaron a través del canal 16, un canal de radio de comunicación marítima que se emplea exclusivamente para realizar llamadas de socorro, emergencia o seguridad y al que los barcos civiles o de guerra deben estar permanentemente a la escucha mientras navegan para prestar auxilio a una embarcación con problemas.

La falta de respuesta a los mensajes enviados a través del canal 16 obligó a los barcos de la Armada española a aproximarse a los buques de guerra marroquíes que irrumpieron sin solicitar autorización en las aguas territoriales de Ceuta, 12 millas desde la línea de costa, para instarles mediante señales visuales a retirarse de la zona.

Pese a llevar el AIS apagado, los barcos de la Armada española, a través de su radar, tenían localizados a los buques de guerra marroquíes. Estos, a su vez, eran plenamente conscientes de estar vulnerando las aguas de soberanía española, que oficialmente no reconocen ―como no reconocen la soberanía española de las ciudades de Ceuta y Melilla―, pero habitualmente respetan. Al contrario que en otras ocasiones, no se trató de una entrada puntual de carácter accidental, de una persecución en caliente o de un tránsito por el espacio marítimo español, sino de incursiones deliberadas, reiteradas y persistentes a lo largo de varios días, según testigos del incidente.

Fue en una de esas aproximaciones a los buques marroquíes para forzarles a abandonar las aguas españolas, obligadas por la falta de respuesta a los mensajes por radio, en la que el patrullero de la Armada española Isla Pinto, un buque de 40 toneladas y 20 metros de eslora, con una dotación de 10 tripulantes, estuvo a punto de colisionar con una embarcación marroquí en alta mar, lo que podría haber provocado un grave siniestro, dada la velocidad a la que navegaban y la peligrosidad de las maniobras que se veía obligado a realizar el buque español, según las fuentes consultadas. El Isla Pinto tiene su base en Melilla, pero se desplazó a la vecina Ceuta para reforzar el despliegue naval de la ciudad autónoma, ante las repetidas intrusiones de la Marina marroquí en sus aguas territoriales.

No fue el único barco de guerra enviado por la Armada para reforzar la vigilancia de las aguas territoriales. Al Buque de Acción Marítima (BAM) Rayo, con base en Canarias, le siguió la fragata Santa María, a la que sustituyó por avería la Navarra, ambas con base en Rota (Cádiz). Las dos fragatas atracaron en Ceuta el 5 de agosto, para efectuar el relevo, pero desde el Gobierno se dieron instrucciones de que permanecieran en el puerto de la ciudad el menor tiempo posible, para evitar que Marruecos interpretara que por parte española se buscaba una escalada militar de las crisis.

Por parte marroquí, participaron varios buques de guerra en las intrusiones en aguas españolas; entre ellos, una fragata. La Hassan II, de la clase Floreal, zarpó el 31 de julio de la base naval marroquí de Ksar Sghir, distante unos 19 kilómetros de Ceuta en línea recta, según la publicación especializada Infodefensa. Esta fragata fue fotografiada esa misma tarde por EL PAÍS frente a la playa del Tarajal, mientras decenas de miles de inmigrantes cruzaban a nado o a pie la frontera, pero su presencia en esas aguas se debía a la estancia del rey Mohamed VI en su residencia palaciega de Rincón, próxima a Tetuán. Según las fuentes consultadas por EL PAÍS no fue la Hassan II sino una fragata de la clase Sigma, la Tarik Ben Ziyad, de más de 2.000 toneladas y 105 metros de eslora, construida en Países Bajos, la que irrumpió en aguas ceutíes, con sucesivas entradas y salidas.

Además de buques de guerra, también se produjo la entrada ilegal de pesqueros del país vecino. En este caso, lo que sorprendió a los militares españoles no fue que alguno pudiera hacerlo individualmente, sino que varios de ellos declarasen que sus autoridades les habían dicho que podían faenar en esas aguas, de soberanía española. En esos días hubo una intensa actividad electrónica en la zona, pero no se produjeron vuelos de drones marroquíes sobre Ceuta, aunque sí se aproximaron a los peñones e islotes de soberanía española que jalonan la costa del país vecino.

La peligrosidad de la situación que se estaba produciendo en alta mar obligó a intervenir al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien le trasladó a su homólogo marroquí, Naser Burita, su protesta y preocupación, según las fuentes consultadas. Este último alegó ignorancia y recomendó abordar el tema por canales militares. A finales de la primera semana de agosto, tras una conversación entre responsables militares de alto nivel de los dos países, los buques marroquíes se retiraron de las aguas de Ceuta y cesaron en las intrusiones.

El diario Abc informó de una nueva intrusión. Según dicho diario, un día después de la visita de los Reyes a Ceuta, el pasado 13 de octubre, una patrullera marroquí permaneció durante siete horas en aguas de la ciudad autónoma. Fuentes de la Armada aseguran que el incidente se produjo una semana antes de la visita real y que la patrullera, que parecía tener problemas en su sistema de propulsión a causa de una avería, fue monitorizada durante todo el tiempo que permaneció en la zona marítima española y que, al contrario de lo sucedido a principios de agosto, se consideró un acto fortuito y no hostil.

Source: El País · Miguel González, Antonio Sempere

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