Unas enormes estructuras pétreas en superficie, con forma de crucero y en mitad de un bosque, llevaban mucho tiempo llamando la atención de los arqueólogos, pero ignoraban su función. Un equipo dirigido por investigadores de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC ha iniciado ahora la excavación de un excepcional jardín de crucero andalusí en el yacimiento de Los Castillicos, situado en la pedanía de El Cañarico, en Alhama de Murcia.

El enclave se localiza en una zona boscosa del parque regional de la Sierra de Carrascoy. Ubicado a solo 17 kilómetros de la ciudad de Murcia, la Medina Mursiya musulmana, “parecía un gran jardín palatino, pero era todo muy extraño porque estaba en pendiente”, afirma Julio Navarro, director del proyecto arqueológico y científico titular de Arqueología Islámica del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Ahora, el proyecto Arqmunia, Arquitecturas de prestigio en las almunias medievales: transmisión de modelos desde la Antigüedad al Renacimiento, desvela que el jardín formaba parte de una finca de recreo musulmana, aunque, de momento, se desconoce quién era su propietario. La consulta de documentación cristiana del siglo XIII, tras la conquista de Murcia, puede ser la clave para conocerlo.

En Los Castillicos se han identificado hasta el momento dos conjuntos de construcciones andalusíes de los siglos XII y XIII, separados por unos 150 metros. El situado más al oeste parece corresponder a una construcción residencial de dimensiones relativamente modestas, expoliada desde antiguo. Mucho más monumental es el conjunto oriental, donde se encuentra el gran jardín de crucero que debió de formar parte de un área palatina cuya extensión total todavía se desconoce.

El jardín conserva casi íntegramente su mitad meridional, lo que permite establecer con precisión una anchura de 54 metros. Su sector septentrional sufrió importantes alteraciones por movimientos de tierras realizados durante la década de 1970, por lo que su longitud original no puede determinarse con absoluta certeza. Sin embargo, las fotografías aéreas históricas y la simetría característica de este tipo de construcciones permiten plantear que pudo alcanzar aproximadamente 130 metros de longitud.

Los primeros trabajos se han centrado en la limpieza del terreno para hacer visible toda la estructura, que estaba formada por una gran columna vegetal situada entre dos ramblas. La parte central del jardín iba jalonada por dos andenes paseadores a cada lado y que caían de forma escalonada por la pendiente de la montaña. La parte central era, además, cruzada por estructuras perpendiculares en las que ubicaban más ajardinamientos. “De ahí el nombre de jardín en crucero”, indica Navarro.

Esta forma de organizar los jardines cuenta con una larga tradición oriental que, durante la Edad Media, fue adoptada y reinterpretada en diferentes ámbitos del mundo islámico. Existen ejemplos en la Siria omeya, en los palacios abasíes de Sāmarrāʾ y en conjuntos palatinos de Sicilia. En al-Andalus aparece ya documentada en Madīnat al-Zahrāʾ y alcanzó un importante desarrollo posterior en conjuntos como los palacios de Ibn Mardanīš en Murcia, los Reales Alcázares de Sevilla y, ya en época nazarí, la Alhambra de Granada.

La falta de datos sobre la propiedad de esta estructura se debe a que ninguna fuente árabe conocida la menciona. “El jardín estaba en el interior de una finca delimitada por el río Guadalentín y el cambio de vertiente de la sierra. Una distancia aproximada de unos cuatro kilómetros”, señala Navarro, “lo que generaba una zonificación para bosque, cultivos y huerta, en la parte baja alimentada por derivación mediante acequias del Guadalentín”.

“Vamos a intentar reconstruir el paisaje de aquellos momentos, cómo era el bosque, qué cultivos había, el sistema de irrigación, cómo se recogía el agua de las ramblas para evitar la virulencia de avenidas, el lugar donde se hallaba el pabellón de recreo del propietario...”, asevera el arqueólogo.

Los expertos, por tanto, van a llevar a cabo lo que denominan “arqueología intensiva”, que incluye, además, un proceso de investigación en archivos. “No tenemos nada de información de la etapa musulmana, pero lo que está claro es que estas grandes fincas pasaron a los aristócratas castellanos o, incluso, al rey tras la conquista de Murcia. Ahí es donde, quizás, podamos encontrar algo de los siglos XIII y XIV y descubrir de quién era tan espectacular finca”, avanza Navarro.

Los trabajos de excavación están codirigidos por Julio Navarro y Javier Valera, de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC; José Baños, técnico municipal de Cultura y director del Museo Arqueológico Los Baños de Alhama de Murcia, y Juan Antonio Ramírez. Cuentan además con la participación del arquitecto y arqueólogo Felix Arnold, del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, institución esta última que también colabora en la financiación de los gastos del proyecto de excavación.

Source: El País · Vicente G. Olaya

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