Han trabajado durante dos años para crear unas galletas, bautizadas como Leonoras en honor de la Princesa de Asturias. No son pasteleros ni cocineros, sino ingenieros. José Manuel Monje, de 62 años, nacido en Madrid pero criado en Oviedo y titulado en Ingeniería de Minas, y Enrique Ortea (Oviedo, 49 años), ingeniero mecánico, ambos profesores de la Fundación Masaveu de Formación Profesional, el mismo centro en el que se formaron, han querido rendir homenaje a Leonor de Borbón. “Empezamos a darle vueltas a cómo podíamos rendirle homenaje. Como formadores, vemos en los jóvenes con los que tratamos a diario una falta de valores y pensamos que la Princesa de Asturias podía ser un referente. Nos llama la atención su esfuerzo, responsabilidad, constancia e ilusión, valores que apreciamos cada vez menos entre los jóvenes y que creemos que conviene reivindicar”, explica al otro lado del teléfono Ortea, después de presentar públicamente este dulce en un acto celebrado este martes en la Cámara de Comercio de Oviedo. A su lado está Monje, su compañero en esta aventura, que comenzó durante una conversación de pasillo coincidiendo con la celebración de los Premios Princesa de Asturias. “A los dos nos gusta la repostería y, como decimos en Asturias, somos llambiones (golosos), así que nos decidimos por una pasta florentina crocante, en la que sustituimos la almendra por la avellana para mantener la tradición de nuestra tierra”, prosigue Ortea.

De lo suyo, de electromecánica, de procesos de fabricación o de soldadura, saben mucho. Pero sobre cómo elaborar una galleta, “no teníamos mucha idea”. Pidieron consejo a Vicente Cabal, cocinero y propietario de Cocina Cabal, un restaurante donde mezcla tradición y vanguardia, que les cedió su laboratorio, donde hicieron pruebas hasta encontrar la fórmula adecuada para que la pasta tuviera un sabor delicado y, al mismo tiempo, fuera sin gluten para que pudiera disfrutarla todo el mundo, detalla Monje.

La galleta no sigue la forma redondeada de la clásica florentina, sino que presenta un diseño diferente, algo que Ortea explica con orgullo: “Fue mi hija, Paula, quien sugirió que tuviera forma triangular, de manera que, al mirarlas de frente, se vea, de tres en tres, el perfil de una corona. Por eso, el diseño de la caja fue determinante para conseguir el efecto deseado”. Los dos ingenieros se ocuparon, dada su formación, de diseñar los moldes triangulares de unas galletas que pesan 10 gramos cada una. Para ello utilizaron, tras varios ensayos de prueba y error, la impresión 3D. “Todo ha sido muy laborioso, dado nuestro desconocimiento en este tipo de emprendimiento, pero al final lo hemos conseguido”.

Del proceso de elaboración de las galletas, que tienen una caducidad de cuatro meses y un precio de 16,90 euros la docena, se ha ocupado el obrador Migaya, en Gijón, dirigido por Rubén García y Lucía García. Ellos han dado forma definitiva a la receta, elaborada con mantequilla, azúcar, avellana y chocolate con leche.

El diseño del estuche verde y dorado que envuelve las Leonoras también requirió un amplio trabajo de desarrollo y confección a medida. Se encomendó a Cartonajes Vir para conseguir que las galletas quedaran perfectamente encajadas y que pudiera apreciarse el efecto de la corona imaginaria. “El trabajo ha sido totalmente artesanal y ahora ya están a la venta en nuestra página web y en algunos establecimientos de Oviedo”, explica Monje. Ahora solo tienen un deseo: conocer a la princesa Leonor durante su visita a Asturias esta semana con motivo de los Premios que llevan su nombre. Las galletas ya fueron enviadas hace unos 20 días al Palacio de la Zarzuela. “Si es llambiona, le gustarán”.

La reina también tiene sus Letizias

Las Leonoras se suman a una larga tradición de productos gastronómicos bautizados con nombres regios. La reina Letizia tampoco es ajena al mundo de la repostería, y menos aún en su tierra. Tiene sus propias pastas, conocidas como Letizias o Corazones de Letizia, creadas en 2004 por el confitero Ángel Ampudia, de la pastelería La Veguina, en Ribadesella, con motivo de la boda de los entonces príncipes de Asturias. Están elaboradas con mantequilla y almendra.

Antes llegaron otros dulces inspirados en reinas. Es el caso de las Cristinas, vinculadas a la figura de María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII y regente durante la minoría de edad de Isabel II. La coca Cristina, típica de la Comunidad Valenciana y elaborada con almendra, alcanzó gran popularidad en el siglo XIX. También están las Cristinas de San Blas, propias de Cataluña y Aragón, similares a los bollos suizos, o las de Jaén, una versión distinta elaborada con manteca de cerdo, aceite de oliva, harina, huevos, ralladura de limón y canela, entre otros ingredientes.

Y están las Fabiolas, creadas en homenaje a Fabiola de Mora y Aragón con motivo de su boda con el rey Balduino de Bélgica en 1960. En su honor se bautizó la barra de pan Fabiola, muy popular en Castilla y León, especialmente en Palencia, donde los panaderos adaptaron el tradicional pan candeal a un formato de barra. También lleva su nombre el bizcocho Fabiola, típico de la Comunidad Valenciana, especialmente de Altea, y presente asimismo en Cataluña. Se trata de un bizcocho jugoso, bañado en almíbar y elaborado con coco rallado y almendra.

Source: El País · Paz Álvarez

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