Las fuertes lluvias están causando estragos por cuarto año consecutivo en una Gaza donde cientos de miles de personas siguen viviendo en tiendas de campaña, porque Israel impide la reconstrucción que prometía el alto el fuego firmado en octubre de 2025. Desde la madrugada del viernes al sábado viene cayendo agua con intensidad en la zona, provocando inundaciones que han anegado hasta 70.000 tiendas de campaña y derribado edificios fragilizados por los bombardeos israelíes, según los datos proporcionados por el Gobierno de Hamás. La Defensa Civil —encargada de la atención y los rescates— asegura haber recibido al menos 1.500 llamadas de emergencia. No ha podido atender todas.
En las imágenes de los periodistas palestinos (Israel impide a la prensa desde 2023 la entrada libre a Gaza), pueden verse tiendas con el suelo cubierto de agua y barro, así como familias tratando desesperadamente de vaciarlas con lo que sea. También colchones, prendas de ropa completamente mojadas y grandes charcos entre las tiendas.
Una anciana sin identificar contaba a la cadena Al Jazeera con el agua hasta los tobillos cómo el agua se ha llevado todo lo que tenían y humedecido la harina que guardaban en un gran saco para hacer pan. “Ropa, productos médicos... Es nuestra casa y no queda nada”, lamentaba.
La inundación ha sido cuestión de horas, en particular desde el sábado, en una muestra de la precariedad de la situación de los gazatíes. Unos 400.000 desplazados por la invasión israelí malviven en lugares considerados “altamente vulnerables” a las inundaciones. La Defensa Civil cifra en más de 2.000 los edificios en riesgo de derrumbe y en al menos 300.000 las tiendas de campaña necesarias para que los desplazados puedan afrontar estas condiciones meteorológicas.
Las familias cuyos refugios han quedado inundados llevan además 48 horas sin recibir ayuda alimentaria, según Al Jazeera. La Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, en sus siglas en inglés) ha emitido un mensaje en el que asegura estar “distribuyendo suministros de emergencia y brindando otro tipo de apoyo a las familias afectadas”, pero aclarando que “las existencias disponibles son insuficientes”. “Meses de déficit de financiación y restricciones han limitado gravemente los preparativos”, añade.
Jonathan Veitch, el representante en Gaza de Unicef, la agencia de la ONU dedicada a la infancia, ha difundido un vídeo desde el interior de la Franja en el que explica que los ríos de agua de la lluvia se mezclan al caer con aguas residuales, con el consiguiente peligro para la salud en un territorio donde proliferan las infecciones, los insectos y hasta los roedores por las condiciones de vida a las que se encuentra sometido. El Gobierno de Hamás en Gaza estima que la tormenta ha causado daños por valor de tres millones de dólares (casi 2,7 millones de euros).
Si el término catástrofe natural ya es blanco de críticas de los expertos, aplica aún menos en este caso. Hace más de un año que Israel y Hamás firmaron un alto el fuego, impulsado por el presidente Donald Trump, por el que el movimiento islamista entregó a sus últimos rehenes (vivos y muertos) y marcaba como “inmediato” el fin de la guerra y el inicio de la reconstrucción.
Israel, sin embargo, ha matado en esos trece meses a más de 1.600 palestinos y viene impidiendo la reconstrucción, con la connivencia de la Junta de Trump, que supervisa el alto el fuego. Está prohíbiendo la entrada de refugios móviles, viviendas prefabricadas y contenedores. También restringe el acceso de tiendas de campaña.
El motivo es que el Gobierno de Benjamín Netanyahu y la Junta condicionan los avances y retiradas de tropas al previo desarme completo y verificado de Hamás. La reconstrucción en la parte que controla (donde vive virtualmente toda la población, más de dos millones de personas) está así paralizada. Y cientos de miles siguen en tiendas de campaña.
Hamás ha emitido este sábado un comunicado en el que responsabiliza de la situación tanto a Israel como a la Junta de Paz y a su director, Nickolay Mladenov, por permitir “la obstrucción de la implementación” del protocolo humanitario del alto el fuego”. “La Junta debe asumir sus responsabilidades humanitarias y morales y trabajar para detener el deterioro de las condiciones en Gaza”, ha agregado.
Source: El País · Antonio Pita
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