Desde la ventana del pequeño Ayuntamiento de Deir Balut son visibles los cubículos prefabricados en los que viven los colonos instalados en las tierras de este pueblo palestino del norte de Cisjordania y también las obras de la nueva carretera que Israel construye para unir varios asentamientos de la zona.
“La situación ha empeorado mucho desde hace dos meses, especialmente con el inicio de la recogida de la aceituna en octubre”, piensa en voz alta el alcalde, Jihad Qasem, con la vista puesta en las tierras. “Prácticamente cada día tenemos vecinos del pueblo amenazados, heridos o detenidos, cosechas robadas y olivos quemados”, agrega.
A su lado, Amer, uno de los concejales del pueblo, asiente. Sus dos hijos terminaron detenidos por enfrentarse a los colonos que les impedían el paso a sus campos y fueron liberados el martes por la noche. En la casa de al lado, Mahram Abdalá cuenta, con un ojo morado, marcas de golpes en la cara y dos dedos rotos, que intentó resistirse cuando varios israelíes de los asentamientos quisieron robarle sus aceitunas.
Las historias que no terminan bien se repiten prácticamente en cada casa de esta localidad de 5.000 habitantes y reflejan la creciente violencia ejercida por los colonos en toda Cisjordania. Los vecinos viven esencialmente de la agricultura, sobre todo desde el 7 de octubre de 2023, fecha de los ataques de Hamás en Israel, cuando muchos perdieron el permiso para trabajar al otro lado. “Desde entonces, el Gobierno israelí ha demostrado que no hay líneas rojas para los colonos”, considera Alon-Lee Green, cofundador del movimiento Standing Together, que reúne a israelíes y palestinos que apuestan por la paz y la justicia. “Pueden hacer lo que quieran y no habrá consecuencias. Hablamos de miles de personas que queman una casa, roban aceitunas e incluso matan y al día siguiente se levantan y caminan libremente”, agrega este activista israelí, tras reunirse con los vecinos de Deir Balut.
Según la ONG israelí Yesh Din, entre el 27 de septiembre y el 17 de octubre, se han registrado 561 altercados de colonos y soldados contra palestinos, es decir, una media de más de 26 incidentes por día. En un 27% de estos casos, había soldados israelíes presentes. Por su parte, la ONU ha documentado 160 incidentes en las dos primeras semanas de octubre y ha exigido “medidas urgentes para proteger a las comunidades”.
En algunos de estos ataques también han resultado heridos o detenidos periodistas, diplomáticos y políticos extranjeros, lo que ha servido para arrojar luz sobre una violencia que ocurre a menudo lejos de las cámaras y en áreas rurales remotas. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que gobierna desde 2022 con una extrema derecha radical que impulsa y protege la colonización, no ha condenado claramente estos ataques e incluso los ha puesto en duda.
“Menos libres que nunca”
En Deir Balut, los agricultores han perdido el acceso al 50% de las tierras agrícolas porque en ellas hay colonos, porque han sido destrozadas o porque el ejército israelí las ha declarado zona militar, según su alcalde. “Yo, por ejemplo, hace dos años que no puedo acceder a mis olivos. He pasado de producir aceite a comprarlo”, dice Qasem. “Somos menos libres que nunca”, lamenta.
La recogida de las aceitunas es un periodo muy importante en la vida económica y social de los palestinos. Es también el momento propicio para asfixiarlos. “Hay un plan organizado para llevar a cabo una limpieza étnica y forzar a las familias a dejar sus casas porque ya no pueden más”, denuncia Green. “Como ocurre en Gaza, este Gobierno pretende confinarlos en áreas cada vez más pequeñas mientras los asentamientos se expanden, tornando imposible la existencia de un Estado palestino en el futuro”.
Para Sarit Michaeli, veterana activista israelí, la situación es fruto “de casi cuatro años del Gobierno de extrema derecha de Netanyahu, del retorno de Donald Trump” a la Casa Blanca y de la “rabia” que generaron en Israel los ataques de Hamás de 2023.
“Los colonos ganan mucho y no pierden nada. Tienen motivación, medios materiales facilitados por las autoridades y el paraguas de un Gobierno que les garantiza que no pagarán por lo que hagan”, resume. “Todo esto continuará aunque cambiemos de dirigentes, a menos que las políticas se transformen de verdad”, advierte.
Los israelíes acudirán a las urnas el día 27 y Green quiere pensar que cada vez más ciudadanos son conscientes de la “escalada del terrorismo ejercido por los colonos y quieren un cambio”. “Nuestros líderes políticos han llamado a esta violencia por su nombre y quiero creer que algo se está despertando en Israel”, asegura. Gadi Eizenkot, el candidato que obtendría el mayor número de votos según los últimos sondeos, calificó recientemente la violencia de los colonos de “terrorismo judío patrocinado por el Gobierno”.
El ejército israelí ha asegurado en un mensaje en redes sociales que trabaja para “facilitar una temporada de cosecha de olivos segura y ordenada, con un compromiso firme de permitir la cosecha sin incidentes”.
Pero las ONG critican un doble discurso y recuerdan que los militares han impedido el libre acceso a 9.000 hectáreas cultivadas, es decir, a un 20% de la superficie total de olivares de Cisjordania. Para entrar en ellas se necesita una “coordinación” con el ejército que a menudo llega tarde o no llega, denuncian.
Que los israelíes sepan
Deir Balut está justo al lado de la llamada Línea Verde, la demarcación que en 1949, tras la guerra árabe-israelí, separó a Israel de Cisjordania y la franja de Gaza. La primera colonia israelí llegó a las tierras del pueblo a mediados de los ochenta. Se llama Pedu’el y en ella viven actualmente unas 2.000 personas. El ex primer ministro Ariel Sharon, fallecido en 2014, la llamaba “el balcón de Israel”, porque en los días claros desde esa colina y otras circundantes se contemplan el mar Mediterráneo y Tel Aviv.
Posteriormente, llegaron los outpost o granjas, como las denomina el Gobierno, asentamientos sin autorización oficial que hace algunos años corrían un serio riesgo de ser desmantelados, pero que bajo este Gobierno israelí son tolerados e incluso beneficiados con servicios básicos como agua, electricidad, vehículos y a menudo armas, asegura Green.
Así llegó Eitan, un nombre en boca de todos en Deir Balut. Un colono que se instaló en la zona hace un par de años y desde entonces aterroriza a los lugareños. Una alambrada sobre la que ondean decenas de banderas israelíes deshilachadas conduce a su casa: dos cubículos prefabricados rodeados de olivos centenarios frente a los que están aparcados al menos tres jeeps del ejército israelí. Un lugar estratégico desde el que se ve el aeropuerto internacional de Ben Gurion y el ir y venir de los aviones. Sin obstáculos de por medio.
“El terror de este Gobierno es que desde lugares como este se pueda atacar el aeropuerto. Por eso impulsan que personas como este colono se instalen aquí”, estima Dotan Vaisman, activista de Standing Together.
Green, Vaisman y Ghadir Hani, una política y activista palestina de Israel, deciden caminar hacia la casa para intentar hablar con el colono. Avanzan unos 100 metros y uno de los jeeps les corta el paso. Segundos después, un dron militar se sitúa sobre sus cabezas. Los militares les dicen que no pueden acercarse más.
“¿Por qué? Yo también soy israelí. Tengo el mismo derecho que él de estar aquí”, les reta Green. “¡Eitan! ¡Ven aquí a hablar con nosotros! ¡Explícanos por qué estás robando aceitunas!”, grita el activista en dirección a la caravana del colono.
Los militares les amenazan con arrestarlos si no se van ya. El zumbido del dron hace que la situación resulte cada vez más amenazante. Un grupo de agricultores palestinos observan la escena, en silencio y desde una distancia prudencial. Al final, los activistas dan media vuelta.
“Me parece muy importante grabar este momento y publicarlo en redes. Porque la mayoría de israelíes no tiene ni idea de la violencia que se vive en lugares como este y de la protección que reciben personas como este colono por parte del ejército”, explica Green.
Según la ONG israelí Paz Ahora, en los últimos cuatro años de Gobierno de Netanyahu, se han autorizado más de un centenar de asentamientos. En este momento, y según esta organización, más de medio millón de israelíes viven en más de 140 colonias salpicadas por toda Cisjordania, a los que se suman más de 200.000 que residen en la parte oriental de Jerusalén.
Source: El País · Beatriz Lecumberri
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