El rector de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), Abraham Duarte, anunció el pasado viernes a sus trabajadores y estudiantes durante el Consejo de Gobierno que “valora” pedir un préstamo de en torno a 40 millones de euros al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso para evitar su colapso económico, una notificación que el rectorado ha reconocido a EL PAÍS.

Es una cuantía 4,5 millones mayor que la que pidió a la Comunidad de Madrid la Complutense (UCM) hace un año para poder pagar las nóminas. A 30 de septiembre, la URJC tenía unos ingresos reconocidos por subvenciones y matrículas de 145,8 millones y unos gastos de 191,3 millones pese a su economía de subsistencia, según el informe de ejecución presupuestaria al que ha accedido este periódico.

La segunda universidad más grande de Madrid, con 46.000 inscritos, nunca ha estado bien financiada. Cuando estaba creciendo en estudiantes e infraestructuras ―es una universidad “nueva”, de 1996― estalló la gran recesión (2008-2014) y los planes de inversiones se pararon, aunque siguió aumentando el número de universitarios, en su mayoría del cinturón industrial del sur de Madrid, donde se emplaza. En 2027 recibirá 152,8 millones, mucho más que en 2026 (120,4 presupuestados) por el acuerdo de Ayuso con los rectores, pero insuficientes para funcionar correctamente. El Gobierno vasco, por ejemplo, financiará con 459,19 millones a la Universidad del País Vasco. Tres veces más para un campus de tamaño parecido.

“Los números [de financiación] son escandalosos. Tenemos que recibir necesariamente, mínimo, el doble de financiación”, calculó Javier Ramos, el anterior rector, en una entrevista en este diario en 2025, pocas semanas antes de dejar el cargo. “La Complutense, la Autónoma... tienen problemas financieros, pero un traje adecuado. A nosotros no nos cabe el traje [el modelo de financiación que cambió a las pocas semanas], porque nos lo hicieron cuando teníamos ocho años y tenemos 27. ¿Y cómo aguantamos esto? Pues porque le estamos pidiendo a nuestros profesores que den el doble de clases, que investiguen el doble, que cobren la mitad...“, afirmó.

Lastran el presupuesto de la URJC el aumento del coste de los suministros, obras en marcha (se han parado parte) y, sobre todo, la dignificación, como obliga la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU, 2023), de las condiciones laborales de una plantilla que estaba muy precarizada. En 2024 las universidades madrileñas agotaron el colchón de los 574 millones ganados en el Tribunal Supremo al Gobierno de Esperanza Aguirre por unos planes de inversiones que nunca se cumplieron. Ese remanente tapó durante años la preocupante realidad.

Según la la Fundación Conocimiento y Desarrollo, en el curso 2022/2023 (últimos datos) Madrid invirtió 2,7 veces menos por alumno de la URJC (2.481 euros) que la media nacional (6.671). Y eso que durante mucho tiempo era habitual que la prensa la describiese como “la agencia de colocación del PP”.

Préstamo con consecuencias

A cambio del crédito ―con 4,4 millones de intereses― la UCM ha tenido que presentar un “plan de ajuste” que le impide levantar cabeza. Desde mediados del 2024 sus decanatos y departamentos sufren un tijeretazo del 35% en su partida de gastos. Eso les ha llevado a recortar en asignaturas optativas, grupos sin muchos alumnos, menos prácticas, retrasos en los pagos por servicios prestados o precarización de la plantilla. El rectorado aspira a ver la luz en 2028, cuando se equilibren los presupuestos.

La noticia de la URJC dinamita el acuerdo de Ayuso con los rectores del pasado marzo. El pacto se vendió como un “hito histórico”, pero el tiempo ha demostrado que la precariedad no ha desaparecido. En medio de este escenario, los principales sindicatos han convocado una huelga, que empezó a fraguarse en junio, para mañana miércoles y el jueves en los seis campus.

Duarte no ha presentado formalmente el crédito a la Comunidad, aunque entre enero y septiembre los gastos se han comido 35 millones de su saldo bancario (de 95 a 60). El rector considera que 2027 es el año crítico y que luego la situación mejorará porque se equilibrarán las cuentas al incrementarse la partida de la Comunidad. En cualquier caso, cubrir gastos no pondría a estos campus, que hacen malabares para pagar cualquier cosa, a la cabeza de inversión en España (0,4% del PIB frente al 0,7% de media nacional).

El equipo económico está aún estudiando sus números, explican fuentes del rectorado, pero Duarte sí que expuso en el Consejo de Gobierno el informe presupuestario. En 2025 y este año han mantenido prorrogados los presupuestos de 2024. Ese año cerraron con un déficit de -35 millones, 2025 con -42,5 y este por ahora con -45,5 (será mayor en diciembre), aunque los números son negativos desde 2022.

En los Presupuestos de la Comunidad de Madrid de 2027, hechos públicos el pasado viernes, se contempla un fondo de convergencia especial de 20 millones para la UCM y otros 20 para la URJC. Se pretende así facilitar que los campus arruinados se adapten al nuevo modelo pactado. A cambio, tienen que presentar un plan de actuación para los próximos cinco años. La Comunidad, según la URJC, aún le debe 12 millones de pagos pendientes de cursos anteriores. Y tiene un as en la manga que podría vender: un palacete del militar franquista José Millán-Astray sin rehabilitar que, según eldiario.es, compró por siete millones en 2017.

Además de este fondo, la URJC contará para su financiación básica con 125,4 millones, 3,6 millones para compensar las subidas salariales y otros 3,8 millones para cofinanciar con el Estado plazas de profesores ayudante doctor del programa María Goyri. En total: 152,8 millones.

La situación actual de la URJC no es tan dramática como la de la UCM, tiene para pagar las nóminas. Aún le queda algo del remanente de tesorería que le ha permitido no quebrar en los últimos cinco años, en los que ha cerrado el año siempre en déficit. Pero, a medio plazo, sin un préstamo es imposible que sobreviva. Aunque tampoco puede podar mucho el presupuesto porque siempre han vivido en la miseria, aunque sorprendentemente ahorraron una sorprendente cantidad a costa a tener una plantilla en una situación muy precaria, demasiados alumnos por clase y obras sin construir.

El rector Ramos fue demasiado optimista en la entrevista con EL PAÍS hace 16 meses: “Tenemos margen para ajustar. En 2018 hicimos un plan de inversiones de, creo recordar, 180 millones y lo estamos ejecutando, algunas inversiones llevan más de cinco años. Diría que el 80% del remanente lo tenemos comprometido en inversiones que garanticen que el servicio que vamos a dar es mejor. Por lo tanto, solo nos queda un 20% para aguantar. Estimo que en tres años no vamos a tener ningún problema financiero de flujo de caja; pero luego hay que hacer algo. Hay que tener un modelo de financiación”.

Duarte se encontró con una situación más alarmante de lo previsto. Por eso el presupuesto prorrogado de 2026 esta siendo un 4% menor que el anterior: las inversiones se han recortado en un 35% y se reajustaron los ingresos previstos por las matrículas que estaban hinchados en un 30%. En los últimos años se recortó la oferta de plazas para mejorar la calidad y aun así reciben un tercio de la financiación nacional por estudiante.

Source: El País · Elisa Silió

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